Los expertos confirman que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, mejora la memoria, el ánimo y la microbiota

Un estudio analiza los efectos hasta ahora menos conocidos que tiene en nuestro cuerpo una de las bebidas más consumidas en todo el mundo

Un barista sirve café. (Shutterstock)
Un barista sirve café. (Shutterstock)
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El café podría influir en algo más que en lo que tomamos en el desayuno y en el estado de alerta. Su consumo habitual se asocia con cambios en la microbiota intestinal, la respuesta inflamatoria y determinados indicadores cognitivos y emocionales, según un estudio prospectivo realizado por investigadores del University College Cork y la Universidad de Parma.

Los resultados, publicados en Nature Communications, sugieren que algunos de estos efectos podrían deberse a sustancias distintas de la cafeína, como los ácidos fenólicos. La investigación siguió a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años: 31 consumidores habituales de café, con una ingesta de entre tres y cinco tazas diarias, y 31 personas que nunca lo bebían. Entre septiembre de 2021 y enero de 2023, los participantes se sometieron a pruebas cognitivas y psicológicas, además de análisis de heces para estudiar sus microorganismos y metabolitos.

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El protocolo incluyó dos semanas de abstinencia de café y, posteriormente, tres semanas de reintroducción de la bebida, con cafeína o descafeinada. Esta comparación permitió observar que determinados cambios intestinales aparecían con ambos tipos de café, lo que apunta a la participación de compuestos distintos de la cafeína.

Impulsividad, emociones y memoria

Al inicio del estudio, los consumidores habituales presentaban puntuaciones más elevadas de impulsividad y reactividad emocional que quienes no bebían café. Tras dos semanas de abstinencia, disminuyeron varios indicadores, entre ellos la tendencia a actuar impulsivamente ante emociones negativas.

La reintroducción del café también se relacionó con cambios en estas medidas. La ansiedad y el malestar psicológico mejoraron con el café con cafeína, mientras que el descafeinado se asoció con mejoras en determinadas pruebas de memoria, calidad del sueño y actividad física.

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Los participantes que nunca consumían café obtuvieron inicialmente mejores resultados en memoria declarativa. Sin embargo, al finalizar el experimento, el grupo que tomó café descafeinado mostró mejoras en algunas pruebas de aprendizaje verbal y una reducción de errores en una tarea de asociación de pares.

Los investigadores plantean que estos resultados podrían estar relacionados, al menos parcialmente, con el sueño y la actividad física. No obstante, el tamaño de la muestra y la duración del experimento impiden concluir que el descafeinado mejore directamente la memoria.

Inflamación y presión arterial

El estudio también detectó diferencias en algunos marcadores inmunitarios. Los consumidores habituales presentaban niveles basales inferiores de proteína C reactiva, relacionada con la inflamación, y superiores de la citocina antiinflamatoria IL-10. Durante la abstinencia aumentaron determinados marcadores inflamatorios, mientras que la reintroducción del café modificó algunas respuestas inmunitarias.

Además, la presión arterial sistólica y diastólica disminuyó tras dos semanas sin café. Estos resultados, sin embargo, no permiten establecer recomendaciones clínicas ni demostrar que el consumo habitual proteja frente a enfermedades.

Daniel López Rosetti - El Café

Cambios en las bacterias intestinales

El consumo de café no modificó la diversidad global de la microbiota, pero sí se relacionó con variaciones en especies concretas. Algunas bacterias fueron más abundantes entre los consumidores habituales, mientras que otras, como determinadas especies de Veillonella, predominaron entre quienes no bebían café.

También se observaron cambios en metabolitos presentes en las heces. Los consumidores habituales mostraban concentraciones inferiores de ácido indol-3-propiónico (IPA), indol-3-carboxialdehído (ICA) y ácido gamma-aminobutírico (GABA), sustancias relacionadas con distintos procesos biológicos, incluida la regulación inmunitaria y la actividad neuronal.

Los resultados refuerzan la idea de que el café interactúa con el eje microbiota-intestino-cerebro mediante múltiples sustancias. Comprender cómo influyen la composición microbiana y las diferencias individuales en el metabolismo de estos compuestos será fundamental para determinar por qué sus efectos pueden variar entre personas.

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