
El agua es esencial para la vida, pues participa en numerosas funciones del organismo: regula la temperatura corporal, facilita el transporte de nutrientes, favorece la eliminación de sustancias de desecho y permite que las células funcionen correctamente. Mantener una hidratación adecuada es, por tanto, fundamental para la salud.
Sin embargo, aunque suele insistirse en la importancia de beber suficiente agua, consumirla en exceso también puede tener consecuencias negativas. En determinadas circunstancias, una ingesta desproporcionada puede alterar el equilibrio de sales minerales del organismo y provocar complicaciones potencialmente graves.
PUBLICIDAD
Qué le ocurre al cuerpo cuando bebemos demasiada agua
El organismo dispone de mecanismos para mantener estable la cantidad de agua y de electrolitos, como el sodio, presentes en la sangre. Cuando se ingiere más líquido del necesario, los riñones suelen eliminar el excedente a través de la orina. El problema aparece cuando la cantidad de agua ingerida supera la capacidad del cuerpo para expulsarla o cuando determinadas enfermedades dificultan este proceso.
En estas situaciones, el agua acumulada puede diluir el sodio sanguíneo y alterar el equilibrio entre el líquido que existe dentro y fuera de las células. Este fenómeno puede desembocar en una hiponatremia, es decir, una concentración de sodio en sangre inferior a la normal.
PUBLICIDAD

Los primeros síntomas pueden incluir dolor de cabeza, náuseas, vómitos, cansancio y debilidad muscular. Si el desequilibrio progresa rápidamente, el agua puede entrar en las células cerebrales y provocar una inflamación que comprometa el funcionamiento del sistema nervioso. En los casos más graves pueden aparecer confusión, convulsiones, pérdida de consciencia e incluso coma.
Cuánta agua se considera demasiada
No existe una cantidad universal a partir de la cual beber agua sea perjudicial. El riesgo depende de la velocidad de ingesta, la capacidad de los riñones para eliminar líquidos, el nivel de actividad física y el estado de salud de cada persona.
Beber grandes cantidades en poco tiempo resulta especialmente arriesgado, porque el organismo necesita tiempo para eliminar el exceso. Esto puede suceder, por ejemplo, cuando alguien intenta hidratarse rápidamente después de hacer ejercicio intenso o se obliga a beber continuamente aunque no tenga sed. Por el contrario, una ingesta elevada repartida durante el día puede ser tolerable para una persona sana con una función renal normal, especialmente si pierde mucho líquido por el calor o el esfuerzo físico.
PUBLICIDAD
Por eso, superar los dos o tres litros diarios no significa necesariamente beber demasiado. Lo importante es valorar las circunstancias y no convertir una recomendación general de hidratación en una obligación de consumir cantidades excesivas.

Enfermedades y condiciones asociadas al exceso de agua
La principal complicación es la hiponatremia, que puede aparecer cuando el exceso de agua diluye el sodio sanguíneo. Su gravedad depende tanto de la concentración alcanzada como de la rapidez con la que desciende.
El riesgo aumenta en personas con enfermedades renales, porque sus riñones pueden tener dificultades para eliminar líquidos. También puede afectar a quienes padecen insuficiencia cardiaca o enfermedades hepáticas, como la cirrosis, condiciones que favorecen la retención de agua. Otra causa es el síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética (SIADH), en el que el organismo retiene más agua de la que necesita.
PUBLICIDAD
Cuánta agua es recomendable beber
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece como ingesta adecuada de agua total unos 2 litros diarios para las mujeres adultas y 2,5 litros para los hombres. Estas cantidades incluyen tanto el agua y otras bebidas como la que aportan los alimentos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que estos no son límites rígidos ni necesidades idénticas para todo el mundo.
El calor, el ejercicio, la fiebre, el embarazo y la lactancia pueden aumentar las necesidades de hidratación. Por ello, conviene adaptar la ingesta a las circunstancias y prestar atención a la sed, en lugar de forzarse a beber una cantidad fija.
PUBLICIDAD
En general, lo recomendable es beber de manera regular a lo largo del día, acompañar las comidas con líquidos y aumentar la ingesta cuando se pierda más agua de lo habitual. Las personas con enfermedades renales, cardiacas o hepáticas deben seguir las indicaciones de su equipo médico, ya que pueden necesitar restricciones específicas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Una mujer da a luz a su hijo en un baño de un bar de Ciudad Lineal (Madrid) con las instrucciones por teléfono del Samur
La pareja de la mujer se ha encargado de recibir las indicaciones y ha ejercido de “matrona”, según han señalado desde Emergencias Madrid

Detienen a Rafael Amargo y a su pareja tras una pelea con una persona que entró en su casa de Carabanchel
El artista permanece en comisaría acusado de un delito de lesiones y de atentado contra un agente

La afición del Rayo Vallecano celebra la suspensión del partido contra el Athletic Club y justifica el estallido en Vallecas: “Es el reflejo inevitable del hartazgo”
El club madrileño volvía a casa 146 días después y la grada ha hecho saber al presidente, Raúl Martín Presa, su malestar

Jesús González, cerrajero: “Cuando entras en una vivienda, sea de alquiler o de compra, lo primero debería ser cambiar el bombín”
Un experto señala que más del 80% de las cerraduras en España están obsoletas y alerta sobre la pérdida del oficio tradicional

La reina Sonia de Noruega reaparece tras el luto por Harald V: la emotiva cita en los Archivos Nacionales que reabre su agenda oficial
La monarca reanuda sus actos oficiales en Oslo para conocer las miles de muestras de afecto dedicadas a su difunto marido



