Las mujeres sufren más dolores que los hombres en todas las etapas de la vida y en más partes del cuerpo, según un estudio internacional

El dolor de cabeza llega a su máximo alrededor de los 34 años y el abdominal, a los 23

Es difícil encontrar el diagnóstico de esta enfermedad
Una mujer con dolor de estómago (Shutterstock)
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El dolor tiene sexo. En las últimas décadas, son varios los estudios que han apuntado que ser mujer significa tener más probabilidades de sufrirlo prácticamente en cualquier parte del cuerpo, según el mayor estudio realizado hasta ahora sobre su distribución mundial. La diferencia no se limita a un tipo concreto de dolencia: las mujeres presentan una mayor prevalencia de dolor que los hombres en los 11 lugares anatómicos analizados. La brecha es especialmente amplia en el dolor facial, pero también resulta muy marcada en cefaleas y dolor abdominal.

El estudio, publicado en Nature Medicine y liderado por investigadores de la Universidad McGill (Canadá), ha analizado los datos individuales de 6,1 millones de personas de 118 países, recopilados entre 1990 y 2025 a partir de 902 fuentes poblacionales. Así, la investigación permite construir por primera vez curvas mundiales de referencia sobre cómo cambia el dolor a lo largo de la vida y revela, además, una paradoja: las personas mayores de los países con menor desarrollo humano soportan mucha más carga de dolor que las de las naciones más ricas.

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La desigualdad entre hombres y mujeres aparece de forma sistemática. En el caso del dolor facial, las mujeres tienen un 83% más de probabilidades de declararlo que los hombres. La diferencia alcanza el 74% en el dolor de cabeza y el 60% en el abdominal. De hecho, la brecha también se mantiene cuando se analiza el dolor de forma global. Las mujeres presentan un 52 % más de riesgo de sufrir dolor de alta intensidad (una puntuación de siete o más sobre diez) y un 50 % más de probabilidades de experimentar dolor generalizado, definido como aquel que afecta al menos a cuatro de cinco regiones corporales.

La intensidad tampoco es igual. Entre quienes padecen dolor, las mujeres alcanzan una intensidad media máxima de 5 puntos sobre 10 alrededor de los 48 años, frente a 4,6 puntos en los hombres. El estudio no determina las causas de estas diferencias, pero confirma que no se trata de un fenómeno limitado a una enfermedad o región concreta.

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El dolor no aumenta simplemente con la edad

Los resultados también cuestionan otra idea extendida: que el dolor se acumula de manera continua conforme envejecemos. En siete de los 11 lugares anatómicos estudiados, la trayectoria tiene forma de U invertida: aumenta durante una parte de la vida, alcanza un máximo y después disminuye.

El dolor de cabeza llega a su máximo alrededor de los 34 años y el abdominal, a los 23. Los dolores de cuello, hombro y codo alcanzan su mayor prevalencia aproximadamente a los 60 años. En cambio, el dolor de rodilla, cadera y zona lumbar continúa aumentando incluso después de los 75 años.

Y hay un dato especialmente relevante: buena parte de la carga de dolor que una persona acumula a lo largo de su vida aparece antes de los 55 años, durante la etapa laboral y productiva, y no principalmente en la vejez.

Una mujer mayor con dolor de cabeza (Shutterstock)
Una mujer mayor con dolor de cabeza (Shutterstock)

Los países pobres soportan la mayor carga

La investigación descubre además una importante brecha geográfica. En las personas mayores, la prevalencia de cualquier dolor corporal en países con bajo desarrollo humano supera en 30,6 puntos porcentuales a la de los países con IDH alto. Para el dolor lumbar, la diferencia llega prácticamente a duplicar la prevalencia entre ambos grupos.

El resultado contradice las estimaciones del Estudio de la Carga Global de Enfermedades, que se basan principalmente en diagnósticos clínicos. Los autores señalan que el dolor autodeclarado permite detectar a personas que viven en lugares donde el acceso al sistema sanitario es limitado y, por tanto, cuyos problemas pueden quedar fuera de las estadísticas basadas en diagnósticos médicos.

Europa del Este presenta el exceso más acusado en edades avanzadas, con alrededor de 21 puntos porcentuales por encima de la referencia mundial a partir de los 80 años.

Ni la obesidad ni el tabaco explican todo

El estudio también analiza tres factores modificables: obesidad, tabaquismo e ingresos bajos. La obesidad tiene un efecto especialmente claro sobre las articulaciones de carga: las personas con obesidad presentan un 86% más de riesgo de dolor de rodilla y un 91% más de dolor de pie y tobillo.

Sin embargo, estos factores explican una parte relativamente pequeña del exceso de dolor observado en algunas de las regiones más afectadas. En África subsahariana y Asia central y meridional, tanto la obesidad como el tabaquismo explican menos del 5% de la carga.

Los investigadores apuntan a otros posibles factores, como el trabajo físicamente exigente, las dificultades para acceder a tratamientos y rehabilitación, las enfermedades infecciosas o las deficiencias nutricionales. El resultado dibuja un problema de salud mundial mucho más complejo de lo que sugieren las estadísticas basadas únicamente en diagnósticos médicos.

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