Un estudio desarrollado en Barcelona abre una puerta contra la fibromialgia: reducen el dolor y la depresión al frenar el “estrés oxidativo”

Un ensayo en modelos animales demuestra que activar la protección celular reduce la sensibilidad al dolor y los estados depresivos

Mujer con fibromialgia (Shutterstock)
Mujer con fibromialgia (Shutterstock)
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No poder moverte, sentir un agotamiento extremo que no remite y convivir con un pinchazo constante en todo el cuerpo. Con esta realidad diaria conviven millones de personas con fibromialgia, una patología crónica que afecta a entre un 2% y un 6% de la población mundial y cuyas causas siguen siendo un enigma. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por el Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona (INc-UAB) y el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) acaba de identificar una vía clave para frenar tanto el dolor físico como la depresión asociados a esta enfermedad.

Esta patología se caracteriza por un dolor musculoesquelético generalizado, acompañado de fatiga severa, trastornos del sueño, dificultades cognitivas y síntomas como depresión y ansiedad, afectando más a las mujeres. A pesar de su impacto en la salud, las causas que desencadenan la enfermedad siguen sin comprenderse, lo que limita la eficacia de los tratamientos farmacológicos disponibles en la actualidad.

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El trabajo, publicado en la revista científica Antioxidants, demuestra en modelos animales que potenciar los mecanismos de defensa antioxidante de las células reduce drásticamente la hipersensibilidad al dolor y los trastornos afectivos. Este avance abre la puerta a abordar de forma integral dos de las manifestaciones más devastadoras de un trastorno que limita severamente la calidad de vida de los pacientes y para el cual las opciones actuales ofrecen un alivio muy limitado.

“Nuestros resultados sugieren que reforzar los mecanismos naturales de defensa del organismo ante el estrés oxidativo podría ser una vía de interés para modular tanto el dolor como las alteraciones afectivas asociadas a la fibromialgia”, explica la Dra. Olga Pol, investigadora del INc-UAB y del IR Sant Pau y coordinadora del estudio.

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Además, la experta subraya la relevancia clínica inmediata de uno de los compuestos analizados: “El hecho de que el fumarato de dimetilo sea un fármaco que ya se utiliza en la práctica clínica para el tratamiento de la esclerosis múltiple abre una perspectiva traslacional especialmente interesante para su reposicionamiento”.

El papel del estrés oxidativo

Para indagar en los factores moleculares de la enfermedad, los científicos trabajaron con ratones de ambos sexos a los que se les indujeron síntomas similares a los de la fibromialgia mediante la administración de reserpina, un fármaco que agota las monoaminas en el sistema nervioso. Los animales experimentaron una acusada sensibilidad táctil y térmica (alodinia mecánica, al frío e hiperalgesia al calor), junto a manifestaciones conductuales propias de un estado depresivo.

El equipo evaluó dos compuestos capaces de potenciar los sistemas de protección ante el estrés oxidativo: el mencionado fumarato de dimetilo (un activador de la vía reguladora NRF2) y la protoporfirina IX de cobalto (un inductor de la enzima antioxidante HO-1). Los resultados revelaron que ambos fármacos revirtieron la hipersensibilidad al dolor y mitigaron los síntomas depresivos, aunque el fumarato de dimetilo mostró una respuesta terapéutica más rápida.

El estudio profundizó además en el tipo de dolor característico de la fibromialgia: el dolor nociplástico, que surge cuando el sistema nervioso procesa las señales sensoriales de forma alterada sin que exista un daño tisular aparente. Al examinar las estructuras del sistema nervioso central, los investigadores observaron que el estrés oxidativo no actúa de manera uniforme.

Fibromialgia
Una mujer con dolor de espalda por laf fibromialgia. (Shutterstock)

En la sustancia gris periaqueductual —el área del cerebro encargada de ‘frenar’ las señales de malestar—, ambos fármacos lograron apagar la inflamación y desactivar la sobreexcitación de las neuronas. Sin embargo, en la corteza cingulada (vinculada a las emociones) y en la médula espinal, los medicamentos actuaron de forma distinta. Esto demuestra que el estrés oxidativo de la fibromialgia no se reparte por igual, sino que cada región del sistema nervioso requiere un abordaje molecular específico.

Futuro de la investigación

Un aspecto relevante de la investigación fue el análisis de las diferencias por sexo. Aunque tanto los ratones machos como las hembras respondieron favorablemente a ambos tratamientos en el alivio del dolor y de los síntomas depresivos, en algunos parámetros nociceptivos la recuperación fue sensiblemente más lenta en las hembras, un matiz de gran importancia dada la marcada presencia de la fibromialgia en mujeres.

Aunque los autores recuerdan que estos resultados provienen de ensayos preclínicos en modelos de laboratorio y no pueden trasladarse de forma directa e inmediata a los pacientes humanos, el avance abre una importante puerta hacia el desarrollo de terapias innovadoras centradas en la protección celular para combatir el dolor crónico y los trastornos afectivos que lo acompañan.

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