Xavier Batalla, doctor: “Congelar el pan y descongelarlo cambia su estructura, y tiene efectos en tu cuerpo”

Modificar la estructura de un alimento como el pan podría cambiar la forma en la que algunos de sus componentes son procesados por el organismo

El doctor Xavier Batalla en un vídeo en sus redes sociales (@dr.xavierbatalla / Montaje Infobae)
El doctor Xavier Batalla en un vídeo en sus redes sociales (@dr.xavierbatalla / Montaje Infobae)
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Congelar el pan suele entenderse como una cuestión de conservación. Guardarlo en el congelador permite alargar su vida útil y disponer de él cuando se necesita. Sin embargo, un gesto cotidiano que normalmente responde a una necesidad práctica puede tener otra consecuencia relacionada con la forma en la que el organismo procesa uno de los principales componentes del pan: el almidón.

La clave estaría precisamente en lo que ocurre cuando el pan pasa por el congelador y posteriormente se descongela. Ese proceso puede modificar la estructura del almidón y convertir una parte en lo que se conoce como almidón resistente. A diferencia del almidón que se digiere normalmente, esta fracción llega al colon, donde puede servir de alimento para las bacterias intestinales.

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Esta explicación la ofrece el doctor Xavier Batalla a través de sus redes sociales (@dr.xavierbatalla), quien asegura que “congelar y descongelar el pan cambia su estructura totalmente y ese cambio tiene efectos reales en tu cuerpo”. Su recomendación es directa: si no congelas el pan antes de comerlo, “deberías de empezar a hacerlo”. El médico vincula esta transformación con la composición del alimento y, concretamente, con el comportamiento del almidón.

El pan es rico en almidón, un carbohidrato que “normalmente se digiere rápido y eleva prematuramente la glucosa en sangre”, explica Batalla. Según su exposición, el proceso de congelación y descongelación provoca que una parte de ese almidón cambie sus características. “Cuando lo congelas y después lo descongelas, parte de ese almidón se transforma en almidón resistente”, afirma.

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Un efecto similar a un prebiótico

La particularidad de este tipo de almidón, según el doctor, es que deja de seguir el mismo proceso digestivo que el almidón convencional. “Ya no se digiere en el intestino delgado”, señala. En su lugar, llega hasta el colon, donde puede desempeñar otra función. “Llega al colon y alimenta a las bacterias buenas, actuando como un prebiótico”, sostiene.

La explicación del doctor también apunta a una posible relación con la respuesta de la glucosa en sangre y con la cantidad de energía que se absorbe. De acuerdo con lo que afirma en la publicación, el cambio producido por la congelación y descongelación “reduce los picos de azúcar en sangre y hace que absorbas menos calorías”.

El pan recién hecho es uno de los olores más identificativos en el mundo de la gastronomía (AdobeStock)
Pan recién hecho (AdobeStock)

Saciedad, control de glucosa y mejor digestión

El doctor resume los efectos que atribuye a este procedimiento en tres aspectos concretos: “Más saciedad, mejor control de la glucosa y una digestión más saludable”. La propuesta, por tanto, no pasa por eliminar el pan de la dieta, sino por introducir un paso adicional antes de consumirlo: congelarlo y después descongelarlo.

Así, según el doctor Batalla, modificar la estructura de un alimento mediante un proceso doméstico podría cambiar la forma en la que algunos de sus componentes son procesados por el organismo, como ocurre con el pan. En el caso de este alimento, básico y fundamental en la dieta, el doctor centra su explicación en el almidón resistente y en su llegada al colon, relacionándolo con la microbiota intestinal, la saciedad y la respuesta de la glucosa.

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