
A 800 metros de altitud en los Apeninos ligures, Patricia Persico ha echado raíces en la pequeña ermita de Buto después de haberse instalado hace 25 años para dedicar su vida al silencio y la oración. La mujer nació en 1950 en la ciudad italiana de Bérgamo, “pero siempre he vivido en Milán”, detalla la mujer en la entrevista que le han hecho desde el canal de The Pillow.
Cuando era pequeña, hacía excursiones y actividades con los scouts y en grupos de voluntariado. Pero cuando cumplió los 20 años decidió ingresar en un monasterio y convertirse en monja. Sin embargo, desde sus primeros años en la vida comunitaria ya anticipaba su llamado a la soledad. Ella misma le decía a su padre: “Ahora estoy aquí, pero estoy segura de que tarde o temprano iré a vivir sola a una ermita”, ya que estaba motivada por una vida “algo diferente”.
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El hecho de instalarse sola en medio del monte estaba haciendo “una elección de vida como los demás”, manteniendo un trabajo propio para comprender las dificultades ajenas. “Porque es verdad que estoy aislada, pero la elección también es tener siempre un trabajo con el que mantenerse, con el que comprender la pobreza de los demás; es decir, que hay momentos en los que prácticamente te hundes, en el sentido económico, y entonces logras comprender a los demás, sus dificultades para vivir, para salir adelante...”, explica la mujer.

La competencia con otros artesanos en los mercadillos
Cada día, Sor Patricia se levanta a las 5:30 de la mañana y “luego rezo hasta las 7:30″. Tras ello, desayuna y empieza a trabajar hasta el mediodía para sustentarse. “Hago mermeladas y también licores”, afirma.
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Aunque también “hago mucho sirope de rosas, que es algo típicamente ligur; de hecho, tengo muchos cultivos de rosas”. Cuando llega el sábado, se desplaza hasta diferentes mercadillos de Sestri y Levanto para vender todo lo que ha elaborado en la semana.

Una de las cosas que más le llaman la atención es cómo afecta la competencia entre los vendedores. “Se nota muchísimo”, asegura. Y es que cuando te ven aparecer, “te dicen que eres estupenda, pero en el momento en que quizá llegas con un producto que se parece al suyo, ya no es una sonrisa, sino una mueca”.
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Esto, como señala Sor Patricia, es sin duda alguna “envidia”. Para evitar las miradas, evita sacar los productos parecidos a los de otros artesanos: “Intento, si puedo, facilitar las cosas, pero cuando me enfado, me enfado”, declara.

“Ir a los supermercados y que no haya música, es impensable”
Al vivir aislada del mundo la mayor parte del tiempo, Patricia se pone los informativos “cuando almuerzo”, porque “si no, de verdad, ya ni sabes por qué rezar, ni hacia qué dirección enfadarte”, explica. Aunque asegura que no lo hace por sentir “rabia”, más bien es una acción para “tomar una postura frente a las injusticias”.
Y es que, ella dedica su oración a la “intercesión”. En otras palabras, “una pide realmente paz y que el ser humano sea él mismo, en fin, que encuentre su verdad”, admite.
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Por ello, los momentos de soledad los compagina con otros periodos de tiempo en los que recibe la visita de peregrinos: “Desde la budista que quiere recuperar una dimensión religiosa católica de cuando era joven, hasta el fraile franciscano, las parejas con niños”, enumera. A pesar de que esto interrumpe su silencio, “me alegra que encuentren un lugar donde puedan encontrarse a sí mismos”.
Y es que para Sor Patricia vivir sola le ha permitido enfrentarse a sí misma. “El silencio realmente te manifiesta lo que eres”, confiesa. Al final, cuando no hay ruido mental y estás solo, es cuando llegan todas las dudas: “¿Quién soy? Es la gran pregunta”.
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No obstante, comprende que no todos están hechos para llevar el camino que ella ha decidido tomar. “Hay un ejemplo de un fraile que vino y que, después de diez días, al estar acostumbrado a una vida comunitaria y demás, ya no lograba ni quedarse quieto”, recuerda la mujer para The Pillow. El silencio acaba siendo incómodo porque “suscita dentro de ti unas, unas voces que probablemente nunca habías escuchado. Así que a veces da miedo y otras veces, en cambio, te da serenidad”, sostiene Patricia.
El tiempo que dedicas a este pensamiento interior, según expone la monja, “te hace darte cuenta de las acciones que has hecho. El silencio realmente te manifiesta lo que eres”. Al final, hoy en día es complicado llegar a este estado: “Ir a los supermercados y que no haya música, que no haya ruido, es impensable. Es decir, últimamente incluso en los mercadillos, vaya”.
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