La psicología sugiere que las personas que se enamoran muy rápido puede que no sea por atracción, sino por heridas del pasado

El deseo de conectar a toda prisa suele esconder carencias afectivas y mecanismos de defensa frente al malestar emocional

Una pareja en una cita romántica. (Freepik)
El deseo de conectar a toda prisa suele esconder carencias afectivas. (Freepik)
Guardar

Una primera cita bajo la luz tenue de un bar, una conversación fluida y, de repente... “Es la persona de mi vida”. Apenas han pasado un par de semanas, pero la intensidad es tan desbordante que la palabra “te quiero” se asoma a los labios de forma casi inevitable. Lo que la cultura popular ha bautizado durante décadas como un “flechazo” o “amor a primera vista”, la psicología lo interpreta a menudo como el reflejo de carencias afectivas no resueltas.

El amor no madura en cuestión de días, pero la necesidad de protección sí puede activarse en un segundo. Cuando alguien experimenta un enamoramiento rápido de manera recurrente, los expertos señalan que la atención no está puesta realmente en la persona que tiene enfrente, sino en la urgencia interna de calmar el malestar de la soledad, el miedo al abandono o la falta de validación.

PUBLICIDAD

Del flechazo a la obsesión

Para entender qué ocurre en la mente de quienes se entregan a toda prisa, el estudio Amor, anhelo y obsesión, publicado en la revista Acta Psychologica, exploró a fondo la limerencia: un estado involuntario, obsesivo y absorbente de anhelo romántico en el que se idealiza por completo a alguien desconocido o inalcanzable.

A diferencia del enamoramiento común, la limerencia funciona como un mecanismo de escape. Los investigadores registraron que las personas inmersas en este estado pasan hasta el 50% de su tiempo pensando en la otra persona. Sin embargo, estos pensamientos no se disparan por las virtudes reales de la nueva pareja, sino por el malestar emocional interno y la necesidad de autorregulación, intensificándose cuando se experimenta soledad, tristeza o ansiedad.

PUBLICIDAD

Un hombre en suéter negro y una mujer en vestido rojo se miran y sonríen mientras cenan en un restaurante con copas de vino.
La limerencia funciona como un mecanismo de escape. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las raíces de esta prisa no se encuentran en el presente, sino en la infancia. La misma investigación reveló que las personas propensas a estos “enganches” repentinos reportan un índice significativamente alto de experiencias infantiles adversas —como negligencia emocional, abusos o dinámicas familiares inestables— y un marcado apego ansioso. Decir “te quiero” de forma prematura o forzar un compromiso temprano funciona como un intento desesperado de calmar la angustia ante la incertidumbre y asegurar el vínculo antes de sufrir un rechazo.

¿Química, placer o miedo?

Sin embargo, no todo enamoramiento rápido responde a la misma dinámica. El psicólogo Daniel N. Jones ha investigado la emofilia, definida como la tendencia de personalidad a enamorarse rápido, fácil y frecuentemente. A diferencia de la limerencia, aquí la persona no huye necesariamente del dolor, sino que busca el “subidón” emocional que produce el romance, haciendo que pase por alto señales de alarma (red flags) o termine en manos de perfiles narcisistas que resultan encantadores a corto plazo.

Por otro lado, el estudio Psicobiología del apego y el trauma explica que cuando el motor es el apego ansioso, la persona no busca el disfrute del romance en sí, sino la necesidad urgente de no estar sola, una dinámica que a menudo alimenta la limerencia. Quien actúa impulsado por esta inseguridad utiliza la relación como un escudo protector para validar su propia valía y aplacar un miedo visceral al rechazo.

Quien actúa impulsado por el apego ansioso utiliza la relación como un escudo protector.(Magnific)
Quien actúa impulsado por el apego ansioso utiliza la relación como un escudo protector.(Magnific)

Pese a todo, sentir cierta inquietud, mariposas o una prisa moderada al conocer a alguien no es patológico. La investigación “El sistema de apego en relaciones incipientes” demuestra que una pequeña dosis de ansiedad es una señal biológica totalmente normal mediante la cual nuestro sistema afectivo nos motiva a buscar la proximidad del otro. La diferencia clave estriba en que esta ansiedad normativa se reduce conforme la relación se consolida.

Las diferencias entre el afecto real y la proyección radican en la presencia de la otra persona. Mientras que la limerencia construye un personaje a la medida de nuestras carencias mediante la fantasía, el amor real exige tiempo y la capacidad de ver a la otra persona con sus virtudes y defectos reales. Identificar si te atrae la persona que tienes enfrente o el refugio emocional que has diseñado sobre ella es el primer paso para construir un vínculo sano.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD