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El árbol frutal que debes tener en tu jardín: resiste el calor de verano y no supera los siete metros de altura

Sus flores aparecen en primavera y sus frutos pueden disfrutarse durante los meses más cálidos

Flores blancas que son de un ciruelo
Flores de un ciruelo. (Wikimedia)
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Durante los meses de verano, el jardín se convierte en uno de los espacios más utilizados de muchos hogares. Las altas temperaturas hacen que contar con zonas verdes y árboles que aporten sombra resulte esencial, aunque no todas las especies toleran de la misma manera el calor y las condiciones propias de esta época del año.

A la hora de elegir un árbol es importante tener en cuenta el espacio disponible. Algunas especies pueden alcanzar grandes dimensiones y terminar ocupando más espacio del esperado, mientras que otras presentan un crecimiento más contenido y son más fáciles de integrar en jardines de menor tamaño.

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Entre las opciones que pueden tenerse en cuenta se encuentra el ciruelo, un árbol frutal de hoja caduca que, además de producir ciruelas, puede aportar un importante valor ornamental al jardín.

Cómo es el ciruelo

El ciruelo pertenece al género Prunus, al igual que otros árboles frutales como el melocotonero, el albaricoquero o el cerezo. Se trata de un árbol caducifolio que pierde sus hojas durante el otoño y el invierno y vuelve a brotar en primavera. Además, dependiendo del tipo, el color de las hojas es diferente.

Árbol ornamental
Ciruelo. (El Nou Garden)

Una de sus principales características es su floración. Antes de que aparezcan los frutos, el árbol produce flores que pueden presentar tonalidades blancas o rosadas, dependiendo de la variedad. Posteriormente llegan las ciruelas, cuyo tamaño, forma, color y sabor varían también en función del tipo de ciruelo.

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Aunque existen variedades de diferentes dimensiones, algunos ciruelos pueden mantenerse en torno a los cuatro o cinco metros de altura, especialmente cuando se elige un patrón de crecimiento adecuado y se realizan las podas necesarias.

Cómo cuidar un ciruelo en el jardín

El ciruelo necesita una ubicación con buena exposición solar para desarrollarse correctamente y producir frutos. También conviene plantarlo en un suelo que tenga un buen drenaje, ya que el exceso de agua acumulada alrededor de las raíces puede perjudicar al árbol.

Primer plano de múltiples ciruelas moradas maduras colgando de ramas marrones en un árbol, con hojas verdes y más frutas borrosas al fondo
Ciruelas. (Freepik)

El riego debe adaptarse a las condiciones del terreno, la climatología y la edad del árbol. Durante los meses más calurosos, especialmente en ejemplares jóvenes, es importante evitar que el suelo permanezca seco durante periodos prolongados. Sin embargo, esto no significa que deba estar encharcado durante gran parte del día.

La poda es otro de los aspectos a tener en cuenta. Esta permite mantener una estructura adecuada, eliminar ramas dañadas o mal orientadas y favorecer la entrada de luz y la circulación de aire en el interior de la copa.

En general, el mejor momento para realizarla es a finales del invierno o después de la recolección de los frutos, dependiendo de la variedad y del tipo de poda. Por último, es recomendable vigilar las hojas, ramas y frutos para detectar a tiempo posibles signos de plagas o enfermedades.

Además, el ciruelo es un árbol que puede integrarse tanto en jardines particulares como en huertos domésticos. Su cultivo permite disfrutar de la floración durante la primavera y, posteriormente, de sus frutos. Las ciruelas pueden consumirse frescas o utilizarse en numerosas preparaciones culinarias, por lo que se trata de una especie que combina su función ornamental con su uso gastronómico.

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