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Inés, fundadora de un local de manicura: “Que un salón esté lleno no significa que esté ganando dinero”

La propietaria de la cadena de manicura Arpías desglosa los costes reales del sector y advierte sobre los peligros del low cost

La propietaria de la cadena de manicura Arpías desglosa los costes reales del sector y advierte sobre los peligros del low cost. (Montaje)
La propietaria de la cadena de manicura Arpías desglosa los costes reales del sector y advierte sobre los peligros del low cost. (Montaje)
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Frente a la creencia popular de que una agenda completa es sinónimo de rentabilidad, la propietaria de la cadena Arpías advierte de que la viabilidad financiera de un centro depende de una ingeniería de costes rigurosa. Un local repleto de clientas puede estar trabajando con márgenes mínimos o incluso en pérdidas si la estructura operativa de fondo no está bien calibrada. “La gran mentira del negocio es que se gana mucho porque el salón está lleno”, señala Inés.

La fundadora de Arpías ha analizado junto a Adrián G. Martín, en su canal de YouTube, las complejas métricas financieras de esta industria. Inés insiste en que competir recortando precios es un camino abocado al fracaso: “A esos precios es insostenible. El modelo de salón de uñas que la clienta buscaba hace cinco años, quizás un poquito más low cost, es muy poco sostenible por cómo está hoy en día el mercado laboral desde un punto de vista de costes”.

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Nacida en Barcelona, Arpías busca posicionarse como el “café de especialidad” o el “Vicio” del sector de las uñas en España. Se trata de una cadena de salones de belleza con un concepto premium enfocado en la experiencia del cliente y la salud de la uña. Funciona bajo un modelo de franquicia con gestión delegada —donde la central opera el negocio para el inversor— y su objetivo es implantarse en ciudades de más de 70.000 habitantes.

Una mujer realizándose la manicura (Freepik)
Una mujer realizándose la manicura (Freepik)

El desglose real tras una manicura

Para comprender por dónde se escapan los ingresos, aunque el salón parezca lleno a rebosar, Inés explica cómo se reparte el importe de un servicio estándar. “Un cliente paga 40 euros, hay que quitar el IVA, por lo tanto, ya nos quedamos a 33 euros. Y luego le tenemos que quitar lo que nos ha costado pagarle esa hora de trabajo a la manicurista”, desglosa.

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La empresaria recuerda que la tarifa por hora de las empleadas no equivale solo al tiempo frente a la clienta, sino que debe absorber periodos de inactividad, bajas y vacaciones: “El coste hora teórico, teniendo en cuenta el tiempo de vacaciones de esa persona y que no trabaja esas horas a tiempo completo, puede andar por los dieciséis euros más o menos. Y luego el coste de los productos, que puede ser un euro y algo”.

Manos de una manicurista aplicando esmalte a las uñas de una clienta, con lámpara ultravioleta y productos en un salón.
Una sesión de manicura profesional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A esta ecuación se le suman los gastos fijos del local —alquiler, luz, agua, licencias de gestión y seguros—, reduciendo el beneficio neto. “Hay que entender que no es solo el coste hora, sino todas las implicaciones de las cancelaciones y el personal que no se presenta a trabajar”, subraya Inés. Por ello, defiende que fijar precios bajos es inviable a largo plazo: “Cualquier ticket medio por debajo de 30 euros no puedes justificarlo. Una manicura de media hora tiene que ser entre 18 o 20 euros”.

Con quince centros operativos en dos años y una meta de alcanzar hasta 100 locales en España, la fundadora de Arpías concluye que la clave no está en pintar uñas, sino en optimizar procesos. Lo que desde fuera se percibe como belleza, por dentro es una “operación medida al milímetro”.

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