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Este árbol abundante en el norte de España favorece la propagación del fuego en los incendios forestales

La especie genera aceites inflamables, altera el suelo y favorece la acumulación de hojarasca, un cóctel que incrementa la carga combustible y dispara los focos secundarios con viento

Árboles de eucalipto arden durante el incendio, a 12 de octubre de 2023, en Vidal, Trabada, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)
Árboles de eucalipto arden durante el incendio, a 12 de octubre de 2023, en Vidal, Trabada, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)
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Portugal y España afrontan su peor crisis de incendios en más de medio siglo con el eucalipto en el centro del debate del país vecino. El árbol, que se introdujo para estabilizar suelos agotados y sostener la industria papelera, se ha convertido también en uno de los factores que agravan el fuego en la Península Ibérica, por su comportamiento combustible y por el modo en que se ha extendido fuera de las plantaciones, que también afecta al norte de España.

Según Greenpeace, la variedad más común en España es el de Eucalyptus globulus, el eucalipto blanco, que puede superar los 30 metros de altura y su madera se usa tanto para papel de alta calidad como, por ejemplo, para grandes vigas destinadas a las bateas de las Rías Baixas donde se crían mejillones. La organización subraya que el problema no se explica solo por el árbol. El eucalipto y el pino arrastran la fama de arder con facilidad, pero el riesgo depende también del matorral que los rodea, porque esa vegetación actúa como una escalera que lleva el fuego hasta las copas.

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La Unidad Militar de Emergencias (UME) trabaja en puntos de Robledo de Chavela, Cebreros, Casavieja o Mijares para frenar el avance de los incendios. (UME)

Qué impacto tiene el eucalipto en los incendios y en la biodiversidad

Greenpeace sostiene que el eucalipto sí presenta rasgos que aumentan la peligrosidad del fuego. Puede alterar la composición del suelo, dificultar la descomposición de la hojarasca y generar aceites inflamables que elevan la carga combustible. Esa combinación favorece la acumulación de material muy inflamable al pie del árbol y la aparición de focos secundarios cuando hay viento. La publicación añade que algunas especies, entre ellas Eucalyptus globulus, se propagan con relativa facilidad fuera de las zonas plantadas y que los incendios pueden acelerar esa expansión hacia áreas cercanas.

Cuando esa dispersión prospera, el árbol compite con especies nativas y modifica gradualmente suelo, agua y biodiversidad. El resultado, según la organización ecologista, es una transformación del paisaje en amplias zonas del norte y noroeste peninsular.

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Un hombre trabaja en una zona de bosque quemado tras el incendio, a 16 de octubre de 2023, en Trabada, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)
Un hombre trabaja en una zona de bosque quemado tras el incendio, a 16 de octubre de 2023, en Trabada, Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)

El organismo recuerda que el debate sobre su carácter invasor ya llegó a la administración. La última vez fue en 2017, cuando el Comité Científico de Flora y Fauna Silvestre estableció que estos árboles deberían catalogarse como “especie exótica invasora”, aunque esa consideración no se tradujo en una respuesta alineada con ese criterio científico. El Gobierno decidió no incluirlo en el catálogo que pondría trabas a la lucrativa industria maderera.

Las moratorias vigentes y las hectáreas dentro de espacios protegidos

La expansión del eucalipto ha dejado huella desde el río Miño hasta Bizkaia, con presencia en las Rías Baixas, la costa de A Coruña, la Mariña lucense, Asturias y Cantabria. A esa extensión se suma Eucalyptus nitens, una especie más resistente al frío que ya se planta en áreas interiores como El Bierzo, en León, o Las Merindades, en Burgos.

Uno de los datos más concretos que aporta Greenpeace afecta a los espacios naturales protegidos. En Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco hay 7.840 hectáreas de eucalipto dentro de esos enclaves, entre plantaciones y ejemplares naturalizados.

La respuesta política ha llegado en forma de moratorias parciales. Portugal aprobó en 2017 una moratoria a nuevas plantaciones que se extiende hasta 2030, mientras que Galicia lo hizo en 2021 hasta finales de 2025 y Bizkaia mantiene otra desde 2022, también hasta finales de 2025.

La organización reclama ampliar esas moratorias en Galicia y Bizkaia y extenderlas a los demás territorios donde la especie ya está presente. También pide que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reabra el debate sobre el impacto del eucalipto fuera de las plantaciones y que el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza sirva para retirar estos árboles de los espacios naturales protegidos.

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