El perejil gigante, la peligrosa planta invasora que florece en verano y que puede provocar urticaria y quemaduras: ya está en algunas zonas de España

Es una de las especies exóticas preocupantes para la Unión Europea y se ha introducido en 21 Estados miembros principalmente con un fin ornamental

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Perejil gigante. (Jean-Pol Grandmont/Wikimedia Commons)
Perejil gigante. (Jean-Pol Grandmont/Wikimedia Commons)

El ser humano —por desconocimiento o avaricia, entre otros—, ha motivado y sigue motivando la propagación de especies invasoras de unos lugares a otros del mundo. Algunas se introducen en un nuevo entorno para la caza y la pesca, otras por mascotismo exótico y otras tantas de forma indirecta por actividades humanas, como el transporte.

Ocurre tanto con los animales como con las plantas y, en este segundo caso, existe un motivo muy importante por el que los seres humanos pueden tener interés en su introducción: el ornamental. Así, lo que se entiende como un adorno para embellecer parques y jardines, puede llegar a convertirse en todo un problema medioambiental, poniendo incluso en algunos casos en riesgo la salud de las personas.

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Es el caso del perejil gigante (Heracleum mantegazzianum), una planta herbácea que puede alcanzar los seis metros de altura y cuya floración se produce en verano. Unas de las consecuencias más graves de su introducción es su impacto en la salud humana: el contacto con ella puede producir urticarias, ampollas, quemaduras graves e incluso ceguera.

Perejil gigante. (Mbdortmund/Wikimedia Commons)
Perejil gigante. (Mbdortmund/Wikimedia Commons)

Una invasión que se remonta al siglo XIX

En España, el perejil gigante está prohibido desde su introducción en 2013 en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (CEEEI). Así, no se permite su posesión, transporte, tráfico y comercio. Sin embargo, en algunos lugares de Cataluña ya ha sido registrada.

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Tal y como recogen documentos de la Generalitat de Catalunya, esta planta invasora ha sido citada en las comarcas catalanas de la Cerdanya, en las orillas del río Segre, y en el Alt Urgell. La vía de entrada a estos territorios, según la principal hipótesis, es que se ha producido a partir de las poblaciones de la Cerdanya francesa, a través del agua del río Segre.

Procedente del Cáucaso y Asia Central, de países como Azerbaiyán, Armenia y Georgia, ya ha sido notificado en 21 Estados miembros de la Unión Europea, donde está designada como una especie invasora preocupante. De hecho, es la quinta más extendida actualmente en este territorio.

Perejil gigante. (Krzysztof Ziarnek, Kenraiz/Wikimedia Commons)
Perejil gigante. (Krzysztof Ziarnek, Kenraiz/Wikimedia Commons)

Su llegada a Europa occidental se remonta al siglo XIX: debido a su gran tamaño, sus enormes hojas y sus llamativas umbelas de flores blancas, los exploradores la apreciaron mucho para decorar jardines botánicos, fincas y parques.

El perejil gigante, sin embargo, no solo se introduce por un fin ornamental, sino que también se ha expandido voluntariamente por ser una planta forrajera y por tener interés en la apicultura debido a su elevada producción de flores. Puede expandirse también al ser dispersadas sus semillas por aves.

De ampollas a pérdida de visión

Los efectos del perejil gigante a nivel medioambiental son graves, ya que compite con la flora nativa, especialmente con las especies de ribera. Al formar masas densas debido a su gran tamaño, monopoliza los recursos y desplaza a la vegetación autóctona.

Además, compromete la salud humana: “Esta planta produce severas urticarias, ampollas y decoloraciones de la piel, cuando tras haberla tocado, el sol incide sobre ella (fotodermatitis), debiendo acudir al médico”, señala el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en la ficha técnica de la especie invasora. Si la savia alcanza los ojos, puede provocar una pérdida de visión parcial o total.

La culebra de herradura, serpiente invasora en las islas Baleares, ha ocupado en 20 años el 90% de Ibiza, amenazando la supervivencia de la lagartija pitiusa, endémica del archipiélago (Esteban Cardona y Oriol Lapiedra/CREAF).

Otro de los principales problemas del perejil gigante es la dificultad para controlar su expansión. Una sola planta puede llevar a producir entre 5.000 y 20.000 semillas que se dispersan por el viento y el agua. Una vez introducida, su retirada es compleja, especialmente por las precauciones que los operarios deben tomar por el toxicidad de la planta.

Las actuaciones, además, no deben realizarse en épocas del año concretas para evitar rebrotes y tienen que repetirse durante varios años consecutivos para acabar con el banco de semillas del suelo.

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