El turismo bate récords, pero el rechazo social también: “Este modelo masivo y depredador choca con la calidad de vida de la población”

Los 43 millones de visitantes previstos para este verano en España reavivan las protestas por los efectos de la turistificación sobre el mercado del alquiler, la calidad del empleo y el entorno natural de muchos destinos

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Varios turistas llegando a la playa de Benidorm (Alicante). EFE/MORELL
Varios turistas llegando a la playa de Benidorm (Alicante). EFE/MORELL

España espera este verano, entre junio y septiembre, hasta 43 millones de turistas extranjeros, un 6% más que en el mismo periodo de 2025, según los datos del Ministerio de Industria y Turismo, que prevé que estos visitantes gasten un 10% más, hasta los 64.000 millones de euros. Unas cifras de récord que benefician, principalmente, a las grandes empresas de hostelería y restauración, aunque por lo general no se traducen en buenas condiciones para los empleados del sector, como ya han denunciado los sindicatos en numerosas ocasiones, pues abundan los contratos a tiempo parcial, los salarios bajos y las jornadas que requieren adaptación constante. El impacto, además, de este modelo turístico al que colectivos sociales y organizaciones ecologistas definen como “masivo y depredador”, va mucho más allá de la economía, pues supone “un riesgo evidente para el bienestar de la ciudadanía, los entornos naturales y para el futuro del propio turismo”.

“Parece que en España el turismo solo es positivo cuando las cifras aumentan, pero no se analiza lo que hay detrás de ellas cuando en realidad los impactos son muy grandes y se dan en diferentes ámbitos”, dice a Infobae María José Caballero, responsable de campañas de Greenpeace, que advierte que la turistificación —el proceso por el cual el territorio se transforma debido al aumento masivo de visitantes— impacta sobre todo en el acceso a la vivienda. Este modelo, explica la especialista, provoca el desplazamiento de residentes, el encarecimiento del alquiler y la transformación del comercio tradicional, por lo que también altera la vida cotidiana de las comunidades locales. En este contexto, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que en mayo se registraron 341.001 alojamientos turísticos registrados, lo que representa el 1,28% del total de viviendas en el país.

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Además, añade Caballero, aunque el turismo rompe récords macroeconómicos, la riqueza generada por las viviendas turísticas se concentra en manos de multipropietarios y fondos de inversión. “No estamos hablando de una distribución equitativa de la riqueza”, resume.

Imagen de una playa en Tossa de Mar, Girona. (Lorena Sopêna / Europa Press)
Imagen de una playa en Tossa de Mar, Girona. (Lorena Sopêna / Europa Press)

Impacto medioambiental

También advierte de que el empleo generado por este sector, especialmente en la temporada alta y en las zonas de sol y playa, se caracteriza por sueldos bajos, exceso de horas, alta temporalidad y desigualdad salarial, “especialmente para las mujeres, que cobran entre un 13% y un 15% menos que sus compañeros”.

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En cuanto al impacto en el medioambiente, la turistificación incrementa el consumo de agua durante el verano, multiplicando la presión sobre los acuíferos. “Un turista consume entre 200 y 600 litros diarios, frente a los 128-130 litros de un residente”, explica Caballero. Además, cada visitante “genera el doble de residuos que un habitante local”.

En materia de transporte e infraestructuras, Greenpeace advierte que la ampliación de los aeropuertos en ciudades como Barcelona o Palma incrementará aún más la llegada de visitantes, saturando calles y costas “hasta niveles insostenibles para la vida diaria y la conservación del entorno”. Una realidad que se repite en otros destinos como Madrid, Málaga, Toledo, San Sebastián, Llanes, Salou o Santanyí, donde la masificación turística también “está desplazando a los residentes y dificultando la protección del entorno”. “En definitiva, que este año se alcance un volumen de visitantes sin precedentes choca con la calidad de vida de las personas que residen en estos destinos turísticos y en España ya es difícil que un lugar no sea un destino turístico”, sostiene Caballero.

Otro modelo turístico “es posible”

Pese a todo, la organización ecologista asegura que es posible desarrollar un modelo turístico distinto, capaz de equilibrar la protección ambiental con las necesidades de la población local y, para ello, propone limitar la turistificación y avanzar hacia un turismo que garantice el acceso a la vivienda, respete los recursos naturales y diversifique la economía.

La subida del mar provocada por el cambio climático empieza a comerse la costa española: “Para 2030 ya se esperan pérdidas de playas”.

Entre sus propuestas, destaca la reducción de la oferta de alojamientos turísticos y hoteles para frenar la especulación inmobiliaria. También plantean frenar la expansión de aeropuertos y puertos, restringir vuelos cortos, jets privados y cruceros, y priorizar el transporte público y la movilidad sostenible.

Greenpeace pide establecer límites de visitantes en espacios naturales sensibles, proteger ecosistemas marinos y terrestres, y restaurar el litoral evitando obras artificiales y costosas. Además, reclama asegurar el acceso al agua para la población residente y apuesta por impulsar nuevas actividades económicas en los municipios costeros para evitar la dependencia exclusiva del turismo.

Aumenta el rechazo frente a la turistificación

Según un reciente estudio elaborado por la plataforma JB.com, España encabeza el rechazo al turismo masivo en Europa, situándose por delante de Italia y Francia. El informe, publicado el pasado mes de junio, destaca que el turismo continúa siendo fundamental para la economía española, aunque el creciente flujo de visitantes ha provocado un aumento de protestas y un mayor eco mediático en torno al descontento local.

El estudio, que comparó 30 países europeos, analizó factores como la frecuencia e intensidad de las protestas, la cobertura mediática, la carga de impuestos turísticos y la relación entre turistas y residentes.

Ese creciente malestar frente a la turistificación se manifiesta especialmente en lugares como Mallorca, uno de los principales destinos del país. Allí, la plataforma “Menos turismo, más vida” impulsa medidas para frenar la presión turística y ha difundido un manual con instrucciones para realizar acciones de sabotaje dirigidas a negocios del sector vacacional e inmobiliario. El documento detalla métodos para actuar sin ser detectados por las fuerzas de seguridad o las empresas afectadas, que incluyen desde pintadas hasta el bloqueo de cerraduras, además de que la organización ha convocado una manifestación en Palma para el 26 de julio.

Activistas y vecinos forman una cadena humana en Sa Rapita, Mallorca, para protestar contra la turistificación y reclamar una mayor protección de los espacios naturales. (REUTERS)
Activistas y vecinos forman una cadena humana en Sa Rapita, Mallorca, para protestar contra la turistificación y reclamar una mayor protección de los espacios naturales. (REUTERS)

Ante la polémica que ha generado el manual, la plataforma insiste en que sus propuestas buscan llamar la atención sobre el impacto del turismo en la vida local sin recurrir a la violencia.

“Debido a la creciente frustración ante la inacción política, el desinterés por las demandas sociales y el recrudecimiento de las peores consecuencias de este modelo, que incluyen la crisis de la vivienda, la gentrificación, la devastación de los recursos y la precarización de la vida, ejercemos legítimamente el derecho a poner límites y a decir ‘basta ya’ mediante la acción directa no violenta, tal y como han hecho en muchas otras ocasiones los movimientos sociales y, especialmente, aquellos que defienden el territorio: la desobediencia civil o la acción directa son también herramientas de organización popular”, concluye la plataforma.

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