Si ante el calor extremo bajas las persianas, lo estás haciendo mal

El uso eficiente de las persianas no se basa solo en cerrarlas por completo, sino en ajustar su posición y ventilar la casa en los momentos adecuados para mantener un ambiente más fresco

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Si ante el calor extremo bajas las persianas, lo estás haciendo mal (Unsplash)
Si ante el calor extremo bajas las persianas, lo estás haciendo mal (Unsplash)

Cuando hace mucho calor en casa, de lo primero que se hace es cerrar las persianas. Tiene sentido, por lo menos de primeras: busca frenar la entrada de los rayos solares y así rebajar la sensación térmica. En realidad, la mejor opción para mantener la vivienda fresca no es siempre bajar la persiana hasta el tope.

Si la persiana permanece completamente cerrada durante las horas de más sol, entre el vidrio de la ventana y la propia persiana se crea un espacio cerrado. En ese hueco, el aire se calienta rápido porque los rayos solares inciden con fuerza en la parte exterior de la persiana. Al no haber apenas circulación de aire, la temperatura en ese espacio sube y ese calor acaba entrando en la casa a través del cristal.

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Lo mejor es no cerrar la persiana del todo

Fabricantes de Heim & Haus, citados por el medio 20Minutes, han analizado esta situación y recomiendan un enfoque distinto. “En caso de sol intenso y altas temperaturas, la persiana debe posicionarse de forma que permita pasar la luz para favorecer la circulación del aire”. La sugerencia es dejar las lamas un poco abiertas o inclinadas, para que el aire circule y el calor no se quede atrapado entre la persiana y la ventana. Así, se reduce la acumulación térmica y se limita el calor que pasa al interior.

Este fenómeno no solo afecta a la temperatura dentro de la casa. El exceso de calor puede provocar daños en las persianas, sobre todo si son de PVC y tienen gran tamaño. Heim & Haus señala: “Una ventilación en la parte trasera de la persiana permite evitar la acumulación de calor y la deformación de las lamas”. En episodios de calor extremo, la diferencia de temperatura puede incluso dañar el cristal, que podría romperse si el contraste térmico es elevado.

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Persiana. (Adobe Stock)
Mujer bajando una persiana. (Adobe Stock)

Por eso, la recomendación es no cerrar la persiana del todo. Mantenerla entreabierta, unos cinco o diez centímetros, suele ser suficiente para que el aire se mueva y, al mismo tiempo, se reduzca la entrada directa del sol. El calor solo se acumula cuando la ventana y la persiana están completamente cerradas, así que ventilar ese espacio ayuda a prevenir problemas.

Según la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) francesa, la mejor idea es mantener las ventanas cerradas durante el día para evitar que el aire caliente del exterior eleve la temperatura interior. En este sentido, dejar las persianas parcialmente abiertas contribuye a que circulen el aire y la luz, pero sin dejar pasar el calor más fuerte.

La ventilación, aunque haga calor, sigue siendo necesaria. El consejo habitual es ventilar la vivienda por la noche y a primera hora de la mañana, cuando la temperatura exterior es más baja que la del interior. Esto permite renovar el aire y enfriar la casa antes de que lleguen las horas de más calor. Si durante el día el ambiente se vuelve demasiado cargado, también se puede ventilar de forma breve, aunque lo suyo es mejor evitar las horas centrales para no perder el frescor acumulado.

En resumen, el uso eficaz de las persianas no depende solo de cerrarlas por completo, sino de ajustar su posición para equilibrar el paso de luz y la ventilación. Adaptar la apertura y ventilar la casa en los momentos adecuados del día contribuye a mantener la vivienda más fresca sin tener que encender el aire acondicionado.

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