La coinfección por VIH y hepatitis B acelera gravemente el riesgo de cáncer de hígado, pero solo un 28% de los pacientes reciben un seguimiento clínico

La vacuna contra la hepatitis B se consolida como la herramienta más eficaz para evitar la coexistencia de las dos infecciones

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Un médico con bata blanca, estetoscopio y guantes azules sostiene un hígado de color rojizo con superficie nodular e irregular.
Un médico con bata blanca y guantes azules sostiene un hígado que presenta características de cáncer hepático, con una superficie irregular y nódulos visibles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Gracias a la gran eficacia de los tratamientos antirretrovirales (tratamiento estándar para el VIH), la progresión de la inmunodeficiencia se ha frenado y la supervivencia de los pacientes con VIH ha aumentado significativamente en las últimas décadas. Sin embargo, este éxito terapéutico ha favorecido la aparición de enfermedades con largos periodos de latencia, como las hepatopatías crónicas por hepatitis B (VHB) y C, según Gesida-Seimc.

Ante esto, el Instituto Nacional del Cáncer estima que cerca del 10% de las personas con VIH en Estados Unidos presentan coinfección por hepatitis B, debido a que ambos virus se transmiten principalmente por contacto con sangre o semen, a través de relaciones sexuales sin protección o el uso compartido de agujas. Aunque la prevalencia de coinfección ha disminuido por la vacunación y el menor consumo de drogas inyectables, lo cierto es que su coinfección sigue siendo igual de peligrosa para la salud hepática.

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Y es que, como detalla Vivo Labs, la presencia del VIH ataca y debilita severamente el sistema inmunitario de la persona afectada. Esta inmunosupresión provoca que el paciente no pueda defenderse adecuadamente de la hepatitis B. Como resultado, la infección por VHB tiende a progresar a una velocidad mucho mayor hacia la cirrosis (una cicatrización grave del hígado por daño prolongado) y hacia una enfermedad hepática avanzada. A largo plazo, el VIH acelera el daño en las células, promueve la inflamación crónica y aumenta enormemente la probabilidad de desarrollar cáncer de hígado.

Una célula grande de color morado con múltiples protuberancias, rodeada de pequeñas estructuras azules puntiagudas y grupos de entidades verdes ovaladas.
Una ilustración microscópica muestra una célula hospedadora con patógenos, representando la coinfección por los virus del VIH y la hepatitis B. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuál es el procedimiento cuando se detecta esta coinfección en España

Dentro de las opciones clínicas, la vacuna contra la hepatitis B se consolida como la herramienta más eficaz para evitar la coinfección entre el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el Virus de la Hepatitis B (VHB), una situación que afecta aproximadamente al 5% de las personas con VIH, según el grupo Gesida y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC). Por lo que las autoridades sanitarias recomiendan su aplicación universal en este colectivo, dado que puede reducir el riesgo de infección por VHB hasta en un 100%.

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No obstante, para quienes ya presentan coinfección, el abordaje clínico exige un tratamiento conjunto y específico. Los protocolos actuales subrayan la importancia de elegir un tratamiento antirretroviral (TAR) que incluya fármacos con doble actividad, como tenofovir (en sus formas TDF o TAF), lamivudina o emtricitabina (FTC), capaces de controlar simultáneamente la replicación del VIH y del VHB. El informe publicado por las dos entidades, denominado como ‘Manejo compartido del paciente con infección por VIH entre Atención Primaria y Hospitalaria’, destaca que los tratamientos basados en tenofovir logran suprimir eficazmente el VHB y permiten que los pacientes evolucionen sin manifestaciones de daño hepático.

Asimismo, las autoridades sanitarias tienen en cuenta otro pilar fundamental: realizar determinaciones periódicas del ADN del VHB cada 6 a 12 meses, independientemente de que la replicación viral se encuentre controlada. Además, el procedimiento clínico exige clasificar a los pacientes con coinfección según la escala PAGE-B, que evalúa el riesgo de desarrollar hepatocarcinoma en función de la edad, el sexo y el recuento de plaquetas. Así, cuando el riesgo anual de cáncer de hígado supera el 0,2%, lo ideal sería realizar ecografías hepáticas semestrales para detectar precozmente cualquier complicación.

Desafortunadamente, un estudio europeo, liderado por investigadores españoles del Grupo de Estudio del SIDA (GeSIDA) de la SEIMC, ha sacado a la luz una importante deficiencia en la atención de las personas coinfectadas por el VIH y el virus de la hepatitis B (VHB). A pesar de que en España esta es la principal hepatitis viral crónica en pacientes con VIH, existe un preocupante déficit en las labores de prevención del cáncer de hígado.

Hígado graso
Organ liver in the transparent human body, 3d rendering. 3D illustration.

Solo uno de cada cuatro pacientes recibe un seguimiento clínico

La investigación evaluó a más de 1.308 personas coinfectadas, con una mediana de edad de 55 años. Los resultados desvelaron que, si bien el 88% de los pacientes analizados cumplía los criterios médicos para ser incluidos en programas de vigilancia y cribado del carcinoma hepatocelular, apenas un 28% estaba recibiendo dicho seguimiento. Es decir, solo uno de cada cuatro pacientes con riesgo real de desarrollar cáncer de hígado se somete a las ecografías recomendadas para detectar tumores.

Esta alarmante falta de seguimiento empeora en aquellos pacientes que no padecen cirrosis, pero que tienen otros factores de riesgo añadidos, cuya participación en programas de cribado se reduce a apenas un 24%. Juan Berenguer, coordinador del estudio, ha subrayado que: “Esto supone una oportunidad perdida para detectar precozmente una enfermedad cuyo pronóstico depende en gran medida del momento en que se diagnostica”.

A nivel nacional, la prevalencia de esta coinfección ha descendido y se sitúa en torno al 3%. Sin embargo, desde GeSIDA advierten de que sigue siendo un “importante desafío clínico” que afecta a miles de ciudadanos. Para solucionar esta falta de seguimiento, los expertos recomiendan implantar sistemas de alerta automáticos en las historias clínicas de los pacientes y fomentar una mayor coordinación entre Atención Primaria, hepatología y enfermedades infecciosas.

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