Un psiquiatra explica por qué el calor provoca más irritabilidad y menos paciencia: “No solo afecta a tu cuerpo, también a tu cerebro y emociones”

Las altas temperaturas pueden modificar el estado de ánimo e incluso la capacidad de gestionar el estrés, según señalan expertos como el doctor Javier Quintero

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Una mujer se protege del sol con el abanico, este martes en Valencia. (Kai Forsterling/EFE)
Una mujer se protege del sol con el abanico, este martes en Valencia. (Kai Forsterling/EFE)

Desde finales del mes de mayo, España se ha enfrentado a temperaturas más propias de pleno verano que de finales de la primavera. Ahora, con la primera ola de calor ya pasada, los termómetros han descendido ligeramente, pero persisten las cifras elevadas en distintos puntos del país.

En esta época del año, es frecuente notar mayor cansancio en el cuerpo. Sin embargo, las altas temperaturas no solo ponen a prueba la resistencia física del organismo, pues también tienen un impacto directo sobre el funcionamiento del cerebro y pueden modificar el estado de ánimo, aumentando la irritabilidad, reduciendo la paciencia e incluso dificultando la capacidad para gestionar el estrés.

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Detrás de esa sensación de mal humor que muchas personas experimentan durante las olas de calor existe una explicación científica relacionada con la respuesta del cuerpo para mantener una temperatura adecuada. Así lo explica el médico psiquiatra Javier Quintero (@drjquintero en TikTok), que indica que “el calor extremo no solo afecta a tu cuerpo, afecta directamente a tu cerebro y a tus emociones”.

Una pareja pasa este miércoles en una playa de Banyalbufar (Mallorca). (Cati Cladera/EFE)
Una pareja pasa este miércoles en una playa de Banyalbufar (Mallorca). (Cati Cladera/EFE)

La sobrecarga del hipotálamo y la adrenalina

Cuando el termómetro se dispara, el cerebro debe dedicar buena parte de sus recursos a combatir el exceso de calor. “Se produce una sobrecarga del hipotálamo. El hipotálamo sería nuestro termostato. Cuando aparece mucho calor, digamos que tiene que trabajar horas extras para bajar la temperatura del cuerpo, lo que le consume recursos que normalmente estaría dedicadas a regular las emociones”, explica Quintero.

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Esta situación provoca que el organismo priorice las funciones de supervivencia frente a otros procesos cognitivos y emocionales. El cerebro concentra sus esfuerzos en mantener estable la temperatura corporal, lo que puede traducirse en una menor capacidad para controlar las emociones y responder con calma ante situaciones cotidianas.

A esta sobrecarga cerebral se suma otro factor clave: el aumento de determinadas sustancias químicas en el organismo. Según Quintero, “se produce un aumento de la adrenalina en el cuerpo, un neurotransmisor que tiene sentido en este momento para ayudar a bajar la temperatura del cuerpo. Con la adrenalina en exceso, nos vamos a sentir más tensos y más irritables”.

Un turista se protege del sol mientras cruza el Puente Romano de Córdoba, a 23 de junio de 2026. (EFE/Rafa Alcaide)
Un turista se protege del sol mientras cruza el Puente Romano de Córdoba, a 23 de junio de 2026. (EFE/Rafa Alcaide)

Ese incremento de la tensión interna explica por qué, durante los episodios de calor extremo, las discusiones parecen surgir con mayor facilidad o pequeños contratiempos pueden generar respuestas desproporcionadas. El organismo permanece en un estado de mayor activación mientras intenta compensar el impacto de las altas temperaturas.

La falta de descanso y la desviación del foco

El descanso nocturno también desempeña un papel fundamental. Dormir bien resulta más complicado cuando las noches son especialmente tropicales, tórridas o incluso infernales, y esa falta de sueño termina repercutiendo en la salud mental y emocional. “La interferencia con el sueño también es clave. Las altas temperaturas dificultan tu descanso nocturno, con lo cual se reduce y se interfiere tu tolerancia al estrés”, señala el especialista.

La privación de sueño afecta a la capacidad para afrontar las exigencias del día a día, disminuye la paciencia y favorece respuestas impulsivas. De este modo, el calor y el mal descanso forman un círculo que puede intensificar la sensación de agotamiento físico y emocional.

Descubre por qué la percepción de la temperatura varía tanto de una persona a otra. La ciencia explica cómo factores como la genética, la grasa corporal y el estrés influyen en si eres más propenso a sentir frío o calor.

Además, el funcionamiento del cerebro cambia de prioridades cuando la temperatura ambiental alcanza niveles elevados. Como explica Quintero, “se produce una desviación del foco de tu cerebro. Tu cerebro va a priorizar mantenerse fresco, lo que puede hacer que disminuya tu capacidad de concentración y de autocontrol”.

Esta reducción de la concentración puede traducirse en un peor rendimiento laboral o académico, mayor dificultad para mantener la atención e incluso una sensación constante de fatiga mental. El cerebro, centrado en preservar el equilibrio térmico, dispone de menos recursos para otras tareas cognitivas.

Aunque estos efectos pueden resultar molestos, existen medidas sencillas para minimizar su impacto. El propio psiquiatra recomienda prestar atención a las señales del organismo y adaptar las rutinas a las condiciones climáticas. “¿Notas que el calor afecta a tu estado de ánimo? Si eso es así, es importante tomar medidas. Mantente hidratado, busca ambientes frescos, evita hacer ejercicio en los momentos de más calor”.

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