Marcos Llorente quiere montar un colegio para niños de hasta 6 años y la ley se lo permite: “Protegido de campos electromagnéticos y con juguetes de entonces”

El internacional español, padre de una niña de año y medio, está “ilusionado” por crear un centro donde pudiera “soltarla y saber que está perfecta”

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Marcos Llorente
Marcos Llorente en un centro educativo infantil. (Montaje Infobae)

Marcos Llorente, futbolista del Atlético de Madrid y la Selección, estos días concentrado en Estados Unidos por la disputa del Mundial 2026, quiere llevar más allá su lucrativo estilo de vida, cada día con más adeptos, promocionado en prime time y en buena parte contra la evidencia científica. “Uno de los proyectos que tenemos en mente y que me hace muchísima ilusión es un colegio hasta los seis años, donde los niños reciban la educación que nosotros consideramos que les toca”, ha contado en el podcast ‘Acento Noor’, en la plataforma Podimo.

La educación es un tema serio y los niños también, por lo que surge la pregunta de si cualquier empresario puede montar centros en los que se cuide y eduque a menores bajo su criterio, incluso cuando este niegue que la radiación solar cause cáncer de piel, sostenga que los aviones nos fumigan o que responde “pasapalabra” cuando le preguntan por las vacunas, una protección tan importante especialmente para los más pequeños. La respuesta es sí y no: Llorente podrá hacerlo, pero tendrá que atenerse a una serie de condiciones.

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Pero el jugador no se mete en estas cuestiones cuando entra en detalles sobre ese proyecto. Puntualiza que más que ideas propias son “educaciones que ya se hacen” y habla de un colegio “con un ambiente de luz bueno, que tenga muchas actividades al aire libre, que estén protegidos de los campos electromagnéticos, que no haya pantallas, iPads, que sean juguetes de los de entonces, y tema de tóxicos también, la comida que se les dé”. Llorente es padre y desea “soltar” a su hija “en un sitio donde sepa que va a estar perfecta”.

El colegio sería un paso más en una serie de negocios que Llorente levanta desde 2019 y que hoy suma varias marcas, todas ellas alineadas con su visión. La más reciente, lanzada este mismo año, es Free Human Global, con web, libro y línea de productos que el futbolista presenta como “puerta de entrada” a su filosofía, entre los que se incluyen sus gafas. Su negocio más consolidado es Naked & Sated, una cadena de restaurantes saludables con establecimientos en Madrid, Valencia y Bilbao. Invierte también en una marca de café y hasta en una de colchones, pero no todo le ha funcionado.

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Cierran el restaurante ‘saludable’ de Marcos Llorente y sus socios futbolistas en Pozuelo (Madrid) por no tener licencia: “Los vecinos nos tiraban basura”.

Puede montar un colegio, pero

Que un futbolista quiera abrir un colegio no es, en términos legales, ninguna rareza. La normativa española permite que cualquier ciudadano, empresa o entidad privada sea el titular de un centro de educación infantil, con independencia de su profesión. No hace falta ser maestro ni tener formación en pedagogía para ser el dueño o promotor del centro. Lo que sí exige la ley es contratar a los profesionales adecuados: maestros especializados en educación infantil y técnicos superiores del mismo ámbito. Ellos son quienes deben estar al frente de las aulas.

Hay, eso sí, algunas personas que no pueden ser titulares de un centro educativo, como quienes trabajen en la administración pública en el área de educación, quienes tengan antecedentes penales por delitos dolosos o quienes hayan sido inhabilitados judicialmente para ello. Fuera de esos supuestos, la puerta está abierta.

Conviene recordar asimismo que la educación infantil de 0 a 6 años no es obligatoria en España. La escolarización solo se vuelve obligatoria a partir de los 6 años, con el inicio de la Educación Primaria. Hasta esa edad, las familias deciden libremente si llevan o no a sus hijos a un centro.

Escuela infantil
Una niña juega en una escuela infantil.

La etapa se divide en dos tramos. El primero va de los 0 a los 3 años -lo que conocemos como guardería o escuela infantil-, y el segundo, de los 3 a los 6. A partir de los 3 años, las administraciones están obligadas a garantizar una plaza gratuita en un centro público o concertado para quien la pida. El tramo de 0 a 3, en cambio, no es gratuito con carácter general, aunque algunas comunidades autónomas lo subvencionan o regulan para abaratar el precio. Un centro privado como el que plantea Llorente puede cubrir uno de los dos tramos o los dos.

Qué pide la ley para abrir el centro

Abrir un centro de educación infantil privado requiere autorización de la consejería de educación de la comunidad autónoma correspondiente. El promotor debe presentar los planos del local, acreditar que el espacio cumple unas condiciones mínimas y demostrar que el personal que va a trabajar allí tiene la titulación requerida.

Las exigencias sobre el espacio son concretas: cada aula debe tener al menos dos metros cuadrados por niño, el centro debe contar con un mínimo de tres aulas -una para cada franja de edad-, una sala polivalente de al menos 30 metros cuadrados y un patio de uso exclusivo de no menos de 75 metros cuadrados. Los aseos deben estar adaptados a las edades de los niños. Sobre el tipo de materiales, la iluminación o el diseño del edificio, la ley no entra en más detalles que los estándares generales de seguridad y habitabilidad, lo que deja margen para integrar luz natural o materiales específicos.

Marcos Llorente en el partido de España contra Cabo Verde. (Reuters/Bernadett Szabo)
Marcos Llorente en el partido de España contra Cabo Verde. (Reuters/Bernadett Szabo)

Los límites al proyecto educativo

Los centros privados tienen margen para desarrollar su propio proyecto educativo: pueden apostar por metodologías activas, eliminar las pantallas, priorizar el juego al aire libre o incorporar una alimentación específica. Ese espacio de autonomía es real y está reconocido por la ley. Lo que no pueden hacer es ignorar el currículo oficial que fijan el Estado y cada comunidad autónoma para esta etapa, que establece los objetivos de desarrollo que deben trabajarse con los niños.

La inspección educativa supervisa periódicamente que los centros privados cumplan esas exigencias, con independencia de quién sea su titular o cuál sea su enfoque pedagógico. Si en algún momento se detecta que una práctica pone en riesgo el bienestar o el desarrollo de los menores, la administración puede intervenir. Las creencias personales del titular y cualquier práctica que pudiera perjudicar la salud de los niños quedaría sujeta al control de la administración educativa y, en su caso, a la intervención de los servicios de protección de menores.

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