El pulso por el control que habría terminado con el caza europeo: la experiencia francesa ante el equilibrio de poderes

Las declaraciones de Guillaume Faury, CEO de Airbus, a finales del año pasado, adelantaban que no era precisamente una garantía

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Ilustración del FCAS (Ministerio de Defensa)
Ilustración del FCAS (Ministerio de Defensa)

El Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) parece que no verá la luz. Según adelantaba Reuters, Francia y Alemania habrían decidido disolver un proyecto que no terminaba de arrancar. Las disputas entre las empresas participantes han terminado con él antes de tiempo. Airbus comparte responsabilidades con Dassault, empresa francesa designada como líder de los aviones tripulados. Esta configuración generó en su momento desacuerdos sobre la dirección industrial, la asignación de tareas y el control sobre tecnologías estratégicas.

Las declaraciones de Guillaume Faury, CEO de Airbus, a finales del año pasado, adelantaban que el proyecto no era precisamente una garantía. “Necesitamos asegurar que la colaboración se haga entre compañías que son compatibles en términos de gobierno y manera de trabajar”, aseguró. En las mismas fechas, el sindicato alemán IG Metall había pedido al gobierno que lanzara una ofensiva para excluir a Dassault, acusando a la firma francesa de anteponer sus intereses nacionales a la cooperación europea. “Estamos firmemente convencidos de que Dassault se ha descalificado por completo como socio fiable en Europa en tiempos de grave amenaza”, aseguraron.

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El A330 MRTT permite repostar en vuelo numerosos tipos de aeronaves (Airbus)

Diferencias internas del proyecto

El programa FCAS, presentado en 2017, apuntaba a ser un proyecto clave para la defensa europea. En el último año, este tipo de iniciativas han cobrado mayor relevancia por la necesidad del continente de apostar por su propia defensa para reducir la dependencia principalmente de Estados Unidos. Con el paso de los meses, las dudas sobre la viabilidad del FCAS en su formato inicial se incrementaron.

La disputa central giraba en torno a la exigencia de Dassault de asumir el liderazgo en el diseño y desarrollo del caza principal, con el argumento de su experiencia acumulada, con el importante caza Rafale, y la falta de definición de las responsabilidades de cada socio. Airbus rechazaba esa pretensión, argumentando que contradice la premisa de igualdad en la toma de decisiones acordada al inicio del proyecto. Las diferencias han provocado que ambas compañías hayan amenazado con abandonar el programa si no se respetan sus posiciones, apuntando incluso a avanzar de forma independiente.

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En este escenario, los gobiernos de los países implicados optaron, en primer lugar, por fomentar la cooperación y limar asperezas. Emmanuel Macron llegó a asegurar que era un gran proyecto y que “tiene que avanzar”. Sin embargo, este mes de junio, más de medio año después de la última fecha límite que habían puesto para avanzar, su paciencia parece haber concluido.

Montaje de la maqueta del caza europeo en el Cuartel General del Ejército del Aire (Airbus)

Así iba a ser el programa FCAS

El FCAS buscaba convertirse en el núcleo de la defensa aérea europea para la próxima generación. España, Francia y Alemania lideraban el desarrollo de este sistema, que debía sustituir progresivamente a los Eurofighter y Rafale. El proyecto no se limita a un avión. Contempla una plataforma integral donde aeronaves tripuladas, drones y activos espaciales y terrestres estarán interconectados. Esta integración permitiría compartir datos en tiempo real y ejecutar operaciones conjuntas de manera coordinada.

Entre sus innovaciones, destacan el uso de inteligencia artificial, sensores de alta precisión, tecnología de baja detección y simuladores avanzados, además de una nube digital para gestión operativa. El primer demostrador se preveía para 2029 y la entrada en servicio apunta a 2040. Indra, la parte española que completaba el tridente, se ve directamente salpicada por el fin de este programa.

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