Sequías de viento: el fenómeno invisible que afecta la producción de energía, la contaminación y la agricultura

Un nuevo índice creado por científicos españoles permite medir y comparar la falta de viento en distintas regiones, mostrando cómo puede impactar tanto en ciudades como en el campo

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Imagen de las turbinas de molino de viento generadoras de energía en un parque eólico en La Regrippiere, cerca de Nantes, Francia. (REUTERS/Stephane Mahe)
Imagen de las turbinas de molino de viento generadoras de energía en un parque eólico en La Regrippiere, cerca de Nantes, Francia. (REUTERS/Stephane Mahe)

Todo el mundo conoce las consecuencias de la falta prolongada de lluvias: las reservas en ríos y embalses se reducen, limitando el agua potable para consumo humano y uso industrial, se pierden cosechas y aumenta el riesgo de incendios forestales. Sin embargo, los efectos que pueden provocar las sequías de viento -periodos prolongados sin brisas ni ráfagas- son menos conocidos. De ahí la importancia del nuevo índice creado por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de Valencia y la Generalitat Valenciana, que permite por primera vez medir y comparar la ausencia de viento en distintas regiones y periodos, revelando su impacto económico silencioso. El trabajo se ha publicado en la revista Atmospheric Research.

Las sequías de viento, que han cobrado relevancia en el debate científico, no solo afectan la generación de energía renovable, sino que también inciden en la calidad del aire, favorecen la erosión del suelo, alteran la evaporación y agravan el problema de las islas de calor urbanas. El índice desarrollado permite detectar y analizar estos impactos sobre el ambiente, la agricultura y las ciudades.

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Para crear el Standardized Wind Speed Index (SWSI), el equipo de investigadores reunió datos históricos de la velocidad del viento registrados en 2.264 estaciones meteorológicas de todo el mundo, desde 1973 hasta 2023, asegurándose de que fueran comparables y fiables. Luego, se transformaron en una escala sencilla: el valor cero representa el viento típico de cada lugar y época del año, los valores positivos indican periodos más ventosos de lo habitual, y los negativos marcan épocas con menos viento, es decir, sequías de viento. Además, gracias a esta escala, explican en un comunicado, se puede calcular cada cuánto tiempo se repite un episodio similar en una región.

Imagen de archivo de un molino de viento en una explotación agrícola en la isla de Samso, Dinamarca. REUTERS/Bob Strong
Imagen de archivo de un molino de viento en una explotación agrícola en la isla de Samso, Dinamarca. REUTERS/Bob Strong

“Así resulta posible comparar de forma totalmente objetiva la severidad de una sequía de viento en lugares geográficamente distintos, independientemente de si sus velocidades de viento absolutas son radicalmente diferentes”, señala Miguel Andrés Martín, investigador del CIDE que ha liderado el estudio. Para demostrar la validez y precisión del índice, el equipo de investigadores lo puso a prueba con dos de los eventos recientes con mayor impacto económico, las sequías de viento en Estados Unidos (2015) y Reino Unido (2021), que provocaron caídas en la producción de energía eólica de hasta el 20%.

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El investigador del CSIC explicó que el índice reflejó la magnitud de las sequías de viento analizadas: en el oeste de Estados Unidos, el SWSI alcanzó un valor de -2,15, lo que indica un fenómeno extremo que solo se da, en promedio, cada 63 años. En Reino Unido, el índice confirmó que el déficit de viento no fue algo puntual, sino un episodio persistente durante todo el año, con una frecuencia estimada de una vez cada 70 años. “Evaluar el SWSI con estos episodios reales es una prueba de fuego, confirma que es una herramienta sólida y estandarizada para medir, comparar y entender estas anomalías en cualquier parte del mundo”, asegura.

Por qué se producen las sequías de viento

El estudio atribuye el origen de estas sequías a bloqueos atmosféricos, como anticiclones persistentes que frenan el viento, o a cambios de gran escala en los patrones de circulación global. Según César Azorín, director del Climatoc-Lab del CIDE y científico del CSIC, el fenómeno del “stilling” —una tendencia mundial a la reducción de la velocidad del viento— también ha quedado reflejado en el análisis, ya que el nuevo índice identificó acumulaciones de sequías de viento en Europa desde finales de los años noventa y un déficit global entre 1995 y 2010.

Varias vacas en el parque eólico de Vilachá, en Lugo, Galicia. (Carlos Castro / Europa Press)
Varias vacas en el parque eólico de Vilachá, en Lugo. (Carlos Castro / Europa Press)

La falta de viento no solo afecta a la generación de energía eólica, insisten los investigadores, sino que también influye en la calidad del aire, porque sin viento los contaminantes se acumulan en las ciudades. Además, el viento ayuda a regular la temperatura urbana y reduce el efecto de las islas de calor. En el campo, su ausencia puede aumentar la evaporación y la erosión del suelo, y modificar la cantidad de agua que necesitan los cultivos.

Por ello, los creadores de este nuevo índice confían en que gobiernos y sectores productivos puedan anticipar estos riesgos y tomar decisiones más informadas para proteger tanto las ciudades como las zonas agrícolas frente a los cambios del clima.

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