La Edad de Hielo también tenía sus mascotas: los perros domesticados ya convivían con los humanos hace 14.300 años, según un estudio

La investigación, publicada en la prestigiosa revista ‘Nature’, ha analizado pruebas genéticas encontradas por toda Europa

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Cuatro personas con vestimenta de piel se sientan junto a una fogata en la nieve, con dos perros de aspecto lobuno. Fondo de montañas nevadas y cielo anaranjado al atardecer.
Un grupo de cazadores-recolectores con vestimenta paleolítica se reúne alrededor de una fogata con sus perros domesticados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un nuevo estudio genómico publicado en la prestigiosa revista Nature, llamado ‘Los perros estaban ampliamente distribuidos por el oeste de Eurasia durante el Paleolítico’, ha confirmado, como dice este título, que estas mascotas domesticadas ya se encontraban distribuidas por diferentes regiones de Europa y Anatolia durante el final del Paleolítico Superior, en plena Edad de Hielo, hace unos 14.300 años. El análisis de muestras recolectadas en contextos arqueológicos de Turquía, el Reino Unido, Serbia, Alemania, Suiza e Italia ha revelado la existencia de una población canina homogénea y extendida en ese periodo.

La investigación incluyó secuenciaciones nucleares y mitocondriales de restos caninos, tanto de Pınarbaşı (Turquía, hace 15.800 años) como de Gough’s Cave (Reino Unido, hace 14.300 años), además de ejemplares mesolíticos serbios y otras localidades europeas. Los resultados señalan que, pese a la divergencia genética entre los distintos grupos humanos, “existía una mayor similitud genética entre los perros de esos sitios que entre los propios humanos”, lo que sugiere rutas de intercambio animal independientes de los movimientos de las poblaciones humanas.

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El hallazgo central del estudio consiste en señalar que los perros del Paleolítico en Europa y Anatolia compartían una ascendencia genética marcada, lo que permite trazar una línea de continuidad con las poblaciones caninas que sobrevivieron durante el Holoceno y que perdura en razas modernas. Los análisis indican que la expansión de estos perros coincide temporalmente con la expansión de la cultura Epigravetiense, hace unos 16.000 años.

El descubrimiento de perros en contextos magdalenienses, epigravetenses y de cazadores-recolectores de Anatolia demuestra una integración profunda de los canes en sociedades humanas que se encontraban geográfica, genética y culturalmente diferenciadas. Se documenta, además, una estrecha asociación simbólica y ritual entre humanos y perros, como lo demuestran los tratamientos post-mortem similares en ambos grupos hallados en Gough’s Cave y Pınarbaşı.

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Cuando los perros se separaron de los lobos

Durante el Mesolítico, la llegada de poblaciones humanas con ascendencia oriental a Europa propició un importante flujo de linaje canino desde Eurasia oriental, “lo que llevó al establecimiento de las características ancestrales principales que definen a los perros europeos actuales”.

Este proceso de mezcla genética dejó una huella que permanece en las razas actuales, con un componente de ascendencia oriental persistente a lo largo de milenios. Aproximadamente una quinta parte de la ascendencia genética de los perros europeos modernos puede vincularse a ese flujo mesolítico.

Los datos muestran que la población canina del Paleolítico Superior ya estaba mayoritariamente aislada reproductivamente de los lobos, lo que contrasta con la historia evolutiva de otros animales domesticados en Europa. “La casi ausencia de ascendencia de lobo en los genomas de perros antiguos y modernos indica que se había establecido una barrera sustancial al flujo génico entre lobos y perros”, concluye el estudio.

Así, la expansión y diversificación de los perros no solo acompañó la dispersión de grupos humanos, sino que también siguió rutas propias, y su legado genético se mantiene hasta la actualidad. El análisis de múltiples líneas de evidencia —desde el ADN hasta los isótopos y la cultura material— será clave para comprender los mecanismos que permitieron la emergencia y el aislamiento de los perros respecto a los lobos.

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