Iago Moreno, sociólogo: “El odio y acoso de los trolls generan más datos y dinero para los dueños de las redes sociales”

El experto en cultura digital explica la relación entre los partidos políticos y los trolls del Estado, un fenómeno que aún no ha llegado a Europa pero que debe regularse

Guardar
Google icon
Iago Moreno, experto en cultura digital, explica quién está detrás de los trolls de internet que usan las redes sociales para desinformar sobre temas políticos y sociales.

El 30,4% de los españoles considera que las redes sociales son el principal factor de influencia en sus opiniones políticas y su decisión de cómo votar o no votar, según la última Encuesta sobre Tendencias Sociales elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas. Lejos han quedado los años en los que la televisión (28,8%), la radio (19,2%), los periódicos (16,4%) o los partidos políticos (1,3%) ocupaban esta primera posición de influencia.

Es en este contexto, el de las redes sociales, donde nace una figura central en el debate político virtual: el ‘troll del Estado’. Tratar de marcar su origen en el calendario es difícil, aunque Iago Moreno, sociólogo experto en cultura digital, considera que esta figura existe desde que las redes sociales se volvieron el altavoz de las protestas ciudadanos. “A partir de ahí ha habido quienes han intentado apropiarse de eso, hurtarlo y utilizarlo en contra de las protestas civiles”, señala a Infobae.

PUBLICIDAD

La definición de troll del Estado es compleja. Para Moreno se trata del reclutamiento por parte de estados liberales o autoritarios de cuentas dedicadas al acoso, que son utilizadas para censurar o silenciar objetivos en la sociedad civil.

Detrás del ‘nickname’ -el nombre de usuario- el sociólogo explica que no hay personas concretas sino infraestructuras: “Puede haber un funcionario público que entienda que son gajes del oficio y se deje utilizar en esas estrategias, personas que son forofas de cierta ideología y se prestan para colaborar en estas estructuras de acoso o puede simplemente haber servicios profesionalizados que se amparan en la impunidad”.

PUBLICIDAD

Un ejemplo claro sobre cómo funcionan estas infraestructuras al servicio de la política es lo ocurrido en Filipinas, donde un partido ultraconservador, como el del expresidente Rodrigo Duterte, utilizó al colectivo LGTB para sus intereses políticos: “Para poder manipular digitalmente las conversaciones reclutaron a los activistas LGTB, porque son quienes más experiencia tenían en truncar votaciones digitales en Miss Universo, y de repente te encontrabas activistas pro Miss Universo y LGTB trabajando en infraestructuras de odio ultraconservadoras”.

Composición fotográfica de un teléfono móvil y emoticonos
Composición fotográfica de un teléfono móvil y emoticonos (Montaje Infobae)

La relación entre partidos políticos y trolls

Moreno señala que la relación entre los partidos políticos y los trolls es estrecha, llegando incluso a diluirse la diferencia entre ambos. En los casos en los que los trolls se usan como herramienta de guerra híbrida, es decir, un país interviniendo en la conversación de otro para minar sus fuerzas militares, políticas o económicas, lo que hay es directamente el Estado. Pero cuando se trata de reprimir a la sociedad civil, lo que nos encontramos son intentos de partidos de usurpar el Estado y sus medios para intereses particulares.

“Detrás de las redes de trolls hay empresas públicas que conceden sueldos que en realidad se van a pagar este tipo de estratagemas, funcionarios del estado que dedican una parte muy importante de su agenda a prestar sus servicios a estas infraestructuras y, en paralelo, lo que vemos es una apropiación por parte de los partidos de las estructuras del Estado”, explica el sociólogo.

El sociólogo considera que las acciones de los trolls no se basan en un simple ataque desorganizado, sino que el objetivo central de estas infraestructuras es silenciar, censurar y apartar de la conversación pública. Para ello es central el uso de la desinformación, aunque también aclara que otras veces el motor de estos usuarios puede ser el simple odio: “Cuando vuelcas el odio sobre una persona, la estás difamando. Estás llamando a la violencia contra ella”.

Además, estos “enjambres” presentan una “motivación compartida”, que es la de suprimir de la vida pública a una comunidad, a un periodista incómodo, a una persona que vive libremente su sexualidad o a un inmigrante, simplemente por expresar su punto de vista, por lo que el sociólogo considera que sus acciones son “coordinadas y compartidas”.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia la prohibición del uso de redes sociales a menores de 16 años. (Europa Press)

El odio enriquece a los dueños de las redes sociales

Ante el “trabajo” de los trolls del Estado, los dueños de las redes sociales -el campo de batalla de estos actores políticos- prefieren no actuar, ya que, según el experto en cultura digital, se benefician de este trabajo: “El único modelo que persiguen las plataformas es uno en el que el odio más visceral que pueden desplegar los trolls es rentable. Las operaciones de odio y acoso coordinado convulsionan las redes, generan más datos, más interacción y más dinero en los bolsillos de los dueños de las plataformas”.

Moreno pone en entredicho la calidad moral de personajes como Elon Musk o Mark Zuckerberg y considera que sería ingenuo pensar que este modelo vaya a cambiar si no hay una regulación muy fuerte de estas plataformas como mercados y como agentes políticos que cada vez median más en procesos sociales de nuestro entorno, desde unas elecciones a simplemente la reflexión colectiva en una emergencia nacional.

Por el momento, Moreno señala que en Europa no hay llegado de manera deliberada estos ejércitos de trolls, sino que lo que existe son malas prácticas que nos recuerdan cómo comenzó esta serie de operaciones en otros países. “Lo que sí vemos en Europa son casos en los cuales, sea por un pragmatismo mal entendido, por falta de regulación de las redes o por la sangrante impunidad de las malas prácticas en la política, hay actores que están normalizando reclutar cuentas que se dedican al acoso y al hostigamiento”.

Respecto a la respuesta social ante el crecimiento de los trolls, el sociólogo destaca que es necesario entender que “nadie va a ser libre si no lo son el resto de sus iguales y nunca va a haber libertad de expresión si uno no puede ejercerla sin miedo al acoso, sin miedo a la censura y sin miedo a la violencia”.

Por ello, la respuesta ciudadana tiene que ser de “solidaridad” con las personas que no tienen la misma libertad que nosotros para expresarse, “porque están sometidas a la vigilancia de agentes que les acosa e increpa”. Además, Moreno señala que es necesario “exigir que las plataformas, que cada vez amasan más poder y riqueza, tengan que rendir cuentas ante la gente con la que se han lucrado, pero a la que también le han generado esta serie de agravios”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD