
El paseo diario es un ritual para millones de familias con perros, pero su verdadero significado suele pasar desapercibido. Muchas personas ven en este momento una simple oportunidad para que el animal camine, haga ejercicio y realice sus necesidades. La realidad, según explican expertos y recoge 20 minutos, es mucho más compleja: el paseo es una experiencia multisensorial cuya clave está en el olfato.
La escena es habitual: un perro se detiene frente a un arbusto y olfatea con intensidad mientras la persona al otro lado de la correa espera, a veces con impaciencia. Para el humano, puede parecer una distracción sin propósito. Sin embargo, los especialistas en comportamiento canino insisten en que se trata de una actividad fundamental para el animal. Permitir que los perros exploren con la nariz durante el paseo no solo responde a su naturaleza, sino que también promueve su equilibrio emocional y su forma de relacionarse con el entorno.
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La diferencia de perspectiva entre personas y perros se debe a la manera en que ambos interpretan el mundo. Mientras el humano prioriza la vista y el oído, los perros viven la mayor parte de sus experiencias a través del olfato. Esta distinción convierte el olfateo en una necesidad básica para el bienestar del animal, más allá del simple movimiento.
El olfato canino y su función durante el paseo
El olfato de los perros es una herramienta de precisión que supera con creces la capacidad humana. Según la educadora canina Anika Rytel, fundadora de Perrunología, los humanos cuentan con alrededor de cinco millones de receptores olfativos, mientras que los perros pueden tener entre 200 y 300 millones. Además, la zona cerebral dedicada a procesar los olores es hasta 40 veces mayor en el perro que en la persona.
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Esta diferencia transforma la experiencia del paseo. Para los perros, cada parada para olfatear no es una simple pausa: es un acto de exploración y aprendizaje. Como explica Rytel en declaraciones recogidas por 20minutos, “tu perro no huele como tú, ve el mundo con la nariz”. Cuando un perro se detiene a oler un árbol, está accediendo a una fuente de información comparable a un periódico, donde puede detectar rastros de otros animales, personas o sucesos recientes en ese lugar.
El acto de olfatear cumple además una función emocional. Permitir al animal explorar con la nariz contribuye a reducir su estrés, mejora su concentración y favorece un estado de calma. Interrumpir de manera constante este comportamiento, como ocurre cuando se tira de la correa para acelerar el paso, limita el acceso del perro a la información de su entorno. “Cuando le tiras de la correa para que deje de oler, muchas veces le estás quitando su forma de enterarse de las cosas”, afirma Rytel. Esta restricción puede afectar negativamente tanto su bienestar emocional como su capacidad de comprensión del entorno, lo que puede traducirse en mayor ansiedad o reactividad.
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Recomendaciones para un paseo enriquecedor
Los especialistas coinciden en la necesidad de ofrecer al perro momentos de exploración libre durante el paseo, siempre que el entorno sea seguro. El consejo es sencillo: dejar que el perro olfatee sin interrupciones durante un tiempo determinado, sin prisas ni órdenes constantes. Para el animal, este tiempo de olfateo puede ser más enriquecedor que un paseo largo y rápido. En palabras de Rytel para 20 minutos, “para él eso es Netflix en 4K”.

Dedicar varios minutos a esta actividad fortalece el equilibrio emocional del perro y mejora su relación con el entorno. Al permitirle acceder a toda la información disponible mediante el olfato, el animal se siente más tranquilo, seguro y satisfecho. Los expertos recomiendan observar las señales del perro y adaptar el ritmo del paseo a sus necesidades, respetando sus momentos de curiosidad.
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Este cambio de enfoque supone repensar la manera de concebir los paseos. Ya no se trata solo de caminar o hacer ejercicio físico, sino de ofrecer al perro una oportunidad real de interactuar con el mundo a su manera, utilizando su sentido más desarrollado. Así, el paseo se convierte en una experiencia completa, donde el bienestar del animal está ligado a su capacidad de descubrir, interpretar y disfrutar el entorno a través de su trufa.
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