
Es difícil no enamorarse de il Bel Paese, ya sea un ciudadano de a pie o una estrella de Hollywood. Más aún si son enclaves llenos de historia natural, como ocurre con el castillo de Rocca Calascio, localización a, aproximadamente, 200 kilómetros de Roma. Situado a unos 1.460 metros de altitud en el corazón de los Apeninos abruzeses, se ha consolidado como uno de los lugares más singulares de la región. Su silueta imponente domina el paisaje, abarcando la cadena del Gran Sasso, la llanura de Navelli y el valle del Tirino, todo ello enmarcado por las siluetas de la Majella y el Sirente-Velino.
La fortaleza, reconocida por sus robustos muros de piedra blanca, su torre central y las cuatro torres cilíndricas, no solo ha atraído la mirada de directores cinematográficos internacionales, sino que constituye un testimonio de siglos de control territorial en el centro de Italia. Así lo ha documentado el blog The Wom Travel, que ha recogido tanto el valor artístico como la experiencia de la visita hasta allí.
El reconocimiento de Rocca Calascio como plató cinematográfico ha ido en aumento. Títulos como Lady Halcón (Richard Donner, 1985), El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986), El viaje de la novia (Sergio Rubini, 1997) o El Americano (Anton Corbijn, 2010) con George Clooney, junto a una larga lista de producciones italianas y series televisivas, han utilizado las localizaciones del entorno.
El recorrido de Rocca Calascio, incluyendo la iglesia, la fortaleza y los restos del antiguo asentamiento, requiere solo unas horas, aunque es habitual que la jornada se prolongue con paradas fotográficas, comidas en el cercano pueblo de Calascio y paseos por los alrededores. El dato físico singular reside en la existencia de la capilla de San Francesco, un pequeño edificio de aproximadamente 36 metros cuadrados, que conserva frescos del siglo XVI y que, en su origen, iba acompañado por un hospicio y un Monte de Piedad gestionados por franciscanos.
Un recorrido por Rocca Calascio: desde el pueblo medieval hasta la iglesia barroca
El origen de Rocca Calascio se remonta a la Edad Media, cuando la fortaleza nació como torre de vigilancia aislada. Con el paso de los siglos se reforzó, sobre todo bajo el dominio de los Piccolomini, quienes añadieron murallas y torres angulares con el fin de perfeccionar sus funciones de observación y señalización. Los avisos, realizados con espejos por el día y con hogueras por la noche, se transmitían a lo largo de una cadena de castillos hasta alcanzar la costa adriática.
Bajo la fortaleza fue creciendo el pequeño pueblo, originado cuando la capacidad del castillo resultó insuficiente para acoger a la población local. Actualmente, la zona superior del núcleo urbano se identifica por los vestigios de muros y arcos derruidos, mientras que más abajo muchas viviendas han sido rehabilitadas para convertirlas en alojamientos rurales, tabernas y pequeños negocios.
Uno de los iconos del recorrido es la iglesia de Santa Maria della Pietà, reconocible por su planta octogonal y su fachada barroca orientada al sendero. El interior, de nave única, alberga una pintura dedicada a la Virgen. La tradición popular sitúa la construcción del santuario como conmemoración de la victoria local frente a una banda de bandidos que asolaba la zona. Al descender, el paseante se encuentra con la mencionada capilla de San Francesco, aún visible en la salida del área histórica. Este enclave representa una pieza valiosa para quienes buscan seguir los vestigios del peregrinaje y la hospitalidad en la montaña abrucesa.

Cuándo visitar Rocca Calascio, en coche o andando
El acceso a Rocca Calascio puede realizarse en coche siguiendo la autopista A24, con salida en L’Aquila Este y posterior recorrido hacia Sulmona, Barisciano, Santo Stefano di Sessanio y Calascio. Desde este último punto, una única carretera con algunos apartaderos para estacionar lleva hasta la parte alta del pueblo. Durante los periodos de mayor afluencia, además, está disponible un servicio de lanzadera que acerca a los visitantes cuando los aparcamientos resultan insuficientes. El último tramo, de al menos 500 metros y hasta más de 2 kilómetros, según dónde se deje el coche. A lo largo del recorrido, existen fuentes habilitadas para los excursionistas.
Alternativamente, los aficionados al senderismo pueden elegir rutas que conectan Rocca Calascio con pueblos próximos como Santo Stefano di Sessanio. Estos caminos, atravesando praderas de altura y antiguos senderos de la Baronia, suponen mayor esfuerzo pero favorecen una inmersión más intensa en el entorno natural.
No obstante, las condiciones climáticas marcan el calendario de visitas. De final de primavera a comienzos de otoño, días largos y pastos verdes o dorados permiten explorar cómodamente el paisaje circundante. En verano, se recomienda comenzar la visita temprano o en la última parte de la tarde para evitar las horas centrales de calor. En invierno, la nieve y el frío otorgan un carácter distinto al enclave, si bien es fundamental informarse previamente ante eventuales cortes de carretera o interrupciones en los servicios de acceso.
La recuperación del pueblo y el atractivo de la Baronia circundante
El proceso de recuperación y dinamización ha resultado esencial tras siglos de abandono, agravados por los terremotos que entre los siglos XIV y XVIII afectaron la zona y que, concretamente en el siglo XVIII, provocaron el traslado de la población principal al valle. Fue a finales del siglo XX cuando una intervención de restauración devolvió la estabilidad al castillo y revitalizó la atención turística en el área.
La revitalización contemporánea ha traído la reapertura de antiguas viviendas reconvertidas en alojamientos rurales y establecimientos de restauración, donde en temporada alta proliferan las mesas al aire libre y platos tradicionales de la gastronomía montañesa abrucesa.
En las cercanías, la Baronia de Carapelle agrupa otros destinos de interés como Santo Stefano di Sessanio, conocido por su arquitectura en piedra caliza y la producción de lentejas, Castel del Monte —base de excursiones hacia el Monte Bolza y Campo Imperatore—, Castelvecchio Calvisio, de planta elíptica y carácter defensivo, o Carapelle Calvisio, que preserva el trazado original de castrum medieval.
Entre los pueblos del entorno, destacan igualmente Capestrano, célebre por la escultura del guerrero homónimo y su castillo, así como Navelli, vinculado al cultivo del azafrán DOP, que colorea de violeta los campos en otoño. Ofena, en las colinas, se identifica por su producción vinícola, en especial el Montepulciano d’Abruzzo. La proximidad a la costa adriática, a poco más de una hora de camino, posibilita combinar en un mismo itinerario el atractivo de la montaña con jornadas en playas de Pescara o la Costa dei Trabocchi.
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