El nutricionista Mario Rey analiza los riesgos de los hábitos alimenticios del futbolista Marcos Llorente
“Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino”. Cuando Sancho Panza intenta explicarle al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha que aquellos gigantes no eran gigantes sino molinos de viento, la respuesta de su amo es tajante: “No estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí“.
La imposibilidad del debate con Don Quijote, errático en su propósito pese a que esa realidad solo existe en cabeza, no dista mucho de la que mantienen los expertos con el futbolista Marcos Llorente. Y es que es habitual que el centrocampista del Atlético de Madrid lance en sus redes sociales teorías conspirativas y consejos sobre salud sin ningún fundamento científico.
Como Don Quijote, Llorente también cuenta con un fiel escudero. De hecho, millones. Solo en Instagram, el futbolista acumula 2,5 millones de seguidores. Y, pese a la presunción de que muchos de ellos están más cerca de Sancho que de Quijote, su mensaje negacionista empieza a calar en las redes sociales; especialmente, en los más jóvenes.
En los últimos meses, el deportista se ha erigido como abanderado de una cruzada contra la evidencia científica. Su defensa de la exposición al sol sin protección solar y el cuestionamiento del cáncer de piel ha despertado las críticas de la comunidad científica, que alerta del peligro que encierra el discurso: “Es un bulo preocupante. Se sabe desde hace décadas por estudios epidemiológicos que el daño inducido por las quemaduras solares en las células de la piel aumentan el riesgo de melanoma y otros cánceres”, sostiene en una entrevista con Infobae Marisol Soengas, jefa del grupo de Melanoma en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y referente mundial en la investigación contra el cáncer de piel.
El sol es beneficioso y le necesitamos como fuente de vitamina D, pero su exposición ha de ser moderada y protegida, especialmente en las horas centrales del día. “El bronceado no es cosmética”, recuerda la científica, “es una respuesta al daño en la piel para evitar más daño y que llegue al núcleo de las células, que es donde está el material genético”.
Cuando una célula se daña, el cuerpo la renueva, pero esto no ocurre con todas. Cuando se daña un melanocito, que son las células de la piel que producen el pigmento (melanina), este no se elimina, sino que acumula alteraciones y aumenta el riesgo de cáncer. Eso explica por qué los melanomas son tan agresivos, “porque parten de células que ya tienen una capacidad intrínseca de evitar la muerte”.
El pasado 2 de abril, el futbolista compartía una fotografía en sus redes sociales de él mismo disfrazado de crema solar para negar los beneficios de su uso. “Protección total contra tu biología. Bloqueando la vitamina D desde 1985″, ironizaba. Futbolistas como Borja Iglesias, Antoine Griezmann, Álex Baena o Ferrán Torres interactuaron con la publicación tildando al madrileño de “épico” o sumándose a la caricatura. La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que 8.074 personas recibirán este año un diagnóstico de melanoma en España.

La cruzada de Llorente contra la ciencia
La batalla de Llorente contra la ciencia va mucho más allá de la negación de la relación entre el riesgo de cáncer de piel y una exposición desmesurada al sol. Pese a no contar con ningún estudio superior relacionado con ciencias de la salud (”no aprendí en universidades, aprendí en contacto con la Tierra”), el centrocampista comparte diariamente a sus millones de seguidores consejos con la intención de “cuestionar lo establecido”.
En su narrativa negacionista disfrazada de mesianismo, con la que comulgan celebridades como el actor Álex González o el gurú del fitness Jorge Darek, Llorente ataca estudios científicos de sólida evidencia y anima a sus seguidores a “despertar conciencia”. “Ellos son los primeros que dicen que todos somos borregos, pero no se paran a pensar si realmente los borregos son ellos pese a que haya profesionales desmintiéndolo constantemente y con pruebas. Esa es la diferencia, ellos no utilizan pruebas. Utilizan esas sensaciones subjetivas de bienestar para hacer hipótesis, pero luego hay que demostrarlas”, explica el nutricionista Mario Rey del Landáburu.
Rey, que además de experto en dietética es conductor del pódcast Buenas Migas, achaca el éxito del discurso de Llorente a su físico: “Como es cierto que en lo deportivo le va muy bien, la gente se queda con eso. Quienes le defienden dicen: ‘¿Cómo va a ser esto malo? Mira cómo está físicamente’. Bueno, es que estamos hablando de cosas como el cáncer o la enfermedad cardiovascular, que no son agudas, es decir, no te pasa en el momento. Necesitas que pasen 30 o 40 años. Y él en concreto es una persona ultra deportista, con un descanso buenísimo, que a lo mejor ni siquiera tiene por qué pasarle dentro de unas décadas. Pero para el que lo copia y trabaja ocho horas al día, tiene un estrés alto, fuma... es un mensaje muy irresponsable“.

“Lo que hace es jugar a su favor con su físico”, concuerda la doctora Diana Díaz-Rizzolo, investigadora postdoctoral en el departamento de medicina de la Columbia University en Nueva York y profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Como si su físico fuera alcanzable al resto de los seres humanos, cuando él se dedica profesionalmente al ejercicio físico y tiene un grupo de científicos detrás. Porque le guste o no, todos los sanitarios que están trabajando en su equipo de fútbol son científicos y están basados en la ciencia”, explica Díaz-Rizzolo en una entrevista con Infobae.
La problemática de este discurso no es superficial, en tanto que se mueve en un terreno a caballo entre la evidencia y la falsedad, verdades a medias que acaban generando una mayor confusión y son más difíciles de rebatir. “Hace días colgó en sus redes estudios maravillosos diciendo cosas que nadie niega, como que los ritmos circadianos son importantes para la salud y afectan al metabolismo. Solo cuando le conviene recurre a la ciencia”, matiza la doctora Díaz-Rizzolo. Además, la investigadora apunta: “Hay algo muy común en este tipo de colectivos, que es hablar con ciertos tecnicismos, como si entendieran la base molecular de lo que están explicando. Para una persona que no sabe, le parece que sabe un montón, pero para un experto lo que está haciendo es juntar palabras que no tienen sentido y creando una frase que no tiene ningún sentido”.
Frente al dogma de Llorente (“no es opinión personal, es biología, si te molesta lo que digo, discútelo con ella, no hay debate”), la ciencia no es -y no puede ser- una verdad absoluta, en tanto que esta se hace y avanza gracias al trabajo anónimo de millones de personas en todo el mundo a lo largo de años, incluso décadas. “Decir que ‘no hay debate’ es la antítesis de la ciencia. El debate y la revisión constante son, precisamente, lo que separa el conocimiento de la superstición. Pero, además, no hay debate con una persona no experta. El debate científico se da en la academia, no en las redes sociales”, prosigue Díaz-Rizzolo.
Por tanto, pese a que la experta considera que es importante ser críticos como sociedad, “esto no hace que la ciencia deba negarse, sino que debe trabajar conjuntamente con la población”. Este escepticismo, que considera como positivo hasta cierto punto, no ha de estar reñido con la confianza en la ciencia. “Si dejamos de creer en la ciencia, podemos empezar a vivir una vida que no solo nos afecte individualmente (que ya es gravísimo), sino que además puede afectar a la salud pública”, cuenta la doctora Díaz-Rizzolo.
Una dieta “paleolítica” que no convence
Entre fotos tomando el sol y descuentos para comprar sus gafas, el centrocampista gusta de compartir sus menús, entre los que sobresale la carne roja. “Carne roja. Da cáncer, dicen”, publicaba, ironizando sobre los riesgos de un alto consumo de estos alimentos. En la actualidad, son múltiples los estudios que asocian una ingesta elevada de carne roja con un mayor riesgo de cáncer de colon.
El patrón alimenticio que sigue el futbolista del Atlético de Madrid es el de la llamada dieta paleolítica. El término ya encierra en sí mismo bastante confusión, pues el Paleolítico abarca desde hace aproximadamente 2,5 millones de años, con la aparición de los primeros homínidos, hasta el 10.000 a. C., pero las fechas varían según las regiones geográficas. Los yacimientos arqueológicos han arrojado sólidas pruebas de que la alimentación no era idéntica entre los homininos, de que la dieta se transformó tras la domesticación del fuego y de que no era lo mismo habitar en la Península Ibérica que a orillas del Danubio o en el valle de Hadar.
Para el nutricionista, la dieta paleolítica es una invención del marketing, “que ha funcionado muy bien porque la industria ha ganado billones” de euros a costa de su popularización. Este patrón alimenticio no solo excluye azúcar refinado y alimentos procesados (dañinos para la salud), sino también legumbres y lácteos.
No obstante, la dieta paleolítica sí que incluye verduras, aunque Llorente asegura que él las rechaza pese a las investigaciones científicas que recogen los beneficios de los vegetales para la salud. “Ahora mismo se está haciendo uno de los estudios más importantes en la ciencia de la salud, que es el Global Burden of Disease y que analiza cuáles son aquellos componentes de nuestra vida que reducen nuestra esperanza de vida y aumentan el riesgo de discapacidades. Un bajo consumo de verduras respecto a los 300 o 400 gramos que recomiendan al día conlleva aproximadamente un millón de muertes al año en todo el mundo”, cuenta Rey de Landáburu.
El negocio de las gafas de Llorente
La negación del cáncer de piel o el rechazo de las verduras no son la única polémica en la que el futbolista del Atlético de Madrid se ha visto envuelto. Uno de los hábitos más extravagantes es el de utilizar gafas con cristales amarillos durante el día cuando está en interiores y, por la noche, otras con cristales rojos si está expuesto a luces artificiales.

Según cuenta Díaz-Rizzolo, estas gafas especiales filtran la luz artificial y protegen su biología al ayudar a los ritmos circadianos. Los ritmos circadianos son “relojes” biológicos internos que regulan funciones fisiológicas como el sueño, la producción de hormonas, la temperatura corporal y, de forma crucial, el metabolismo.
Sin embargo, no existe ninguna evidencia científica sobre la regulación de los ritmos circadianos a partir del uso de estas gafas que promociona Llorente. Según la revisión más exhaustiva de la Biblioteca Cochrane, que en 2022 analizó 17 ensayos clínicos aleatorizados, los efectos de estas lentes sobre la calidad del sueño y la fatiga visual son “indeterminados” o “inexistentes”.
“La luz azul de las pantallas no tiene la intensidad suficiente para causar daño oftalmológico; el problema circadiano reside en el uso del dispositivo a horas inapropiadas, no en la falta de un filtro de color”, explica la investigadora. Marcos Llorente es fundador de Aureo LightStyle, empresa fabricante de estas gafas que él mismo promociona y para las que ofrece códigos descuento.
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