
Conducir cansado puede ser muy peligroso; más peligroso cuanto más cansado se esté, ya que la atención y la capacidad de reacción disminuyen de forma significativa. Resulta útil diferenciar entre cansancio y fatiga, ya que no son lo mismo aunque se utilicen de forma intercambiable coloquialmente.
El cansancio suele aliviarse con un descanso breve, mientras que la fatiga es un estado más profundo que puede persistir incluso después de dormir y afecta de manera notable a la concentración y los reflejos. Así lo resume Antoni Esteve, especialista en medicina del sueño citado por la DGT: “El cansancio se alivia durmiendo, mientras que la fatiga puede mantenerse pese al descanso y afectar el rendimiento físico y mental”.
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La Dirección General de Tráfico (DGT) estima que uno de cada cuatro accidentes de tráfico con víctimas guarda relación con el cansancio o la somnolencia. En carreteras secundarias, uno de cada cinco siniestros con víctimas tiene la fatiga como factor concurrente. La somnolencia al volante se asocia a más de 100 muertes al año y la gravedad de los accidentes aumenta un 10% cuando el conductor está fatigado, especialmente en colisiones frontales o salidas de vía.
Existen dos tramos horarios especialmente críticos: entre las cuatro y las seis de la madrugada y entre las dos y las cuatro de la tarde. Durante estos momentos, el cuerpo experimenta una bajada natural de la alerta y la somnolencia se intensifica. El 40 % de los accidentes mortales en carreteras secundarias se concentra en estos periodos.
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Las señales a las que estar atento
La fatiga al volante se manifiesta de diversas formas. Estas son las señales más habituales según la DGT:
- Microsueños: Breves lapsos, de apenas unos segundos, en los que el cerebro desconecta y los ojos se cierran. A 100 km/h, un vehículo recorre casi 30 metros sin control.
- Parpadeo excesivo y ojos pesados: Son el aviso previo a los microsueños y reducen la capacidad de detectar obstáculos.
- Boca seca: El cansancio prolongado y la falta de hidratación pueden provocar sequedad bucal, un síntoma de esfuerzo acumulado.
- Falta de coordinación: Los brazos y las manos responden más despacio y los movimientos al volante se vuelven menos precisos.
- Dolor o rigidez muscular: La tensión en el cuello, los hombros y la espalda limita el movimiento y la observación lateral.
- Cambios en la respiración: El cuerpo intenta mantenerse despierto, la respiración se vuelve menos eficiente y la somnolencia aumenta.
- Dificultad para mantener la concentración: Aparecen distracciones, desorientación y la reacción ante imprevistos se ralentiza.
- Irritabilidad o ansiedad: La fatiga puede provocar impaciencia, nerviosismo o respuestas agresivas en el tráfico.
La DGT aconseja realizar pausas cada dos horas o 200 kilómetros, descansar bien antes de un viaje largo y evitar conducir tras una jornada laboral intensa o con sueño acumulado. Ante los primeros signos de cansancio, conviene parar en un lugar seguro, hidratarse, estirar las piernas o dormir unos minutos. Abrir las ventanas o poner música alta no sustituye el descanso real, y compartir la conducción ayuda a repartir el esfuerzo.
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