El camino desde Latinoamérica a las Fuerzas Armadas de España: “El compañerismo supera los orígenes y las banderas”

Las historias de integración entre militares de distintos orígenes también han tenido que convivir con casos de discriminación y racismo

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Sargento 1º Susan Acuña sobre su historia e integración en las Fuerzas Armadas de España

Susan Acuña nació en Huancayo, Perú. Creció en Colca, un pueblo de 2.000 habitantes situado a 3.516 metros de altitud. Su sueño siempre fue ser militar, pero lo que de niña no podía saber es que lo alcanzaría vistiendo el uniforme de otro país. En el año 2007, ingresó en las Fuerzas Armadas de España. Desde entonces, cuando tiene que explicar cómo es ser un militar español, recuerda las palabras que su padre, militar en Perú, siempre le ha recitado. “En esta institución da igual de dónde vengas, dan igual tus orígenes, da igual de dónde procedas. Todos somos iguales”. El suyo no es un caso aislado. Cerca de 7.000 militares en el Ejército español han nacido en el extranjero, y una amplia mayoría proceden de países latinoamericanos.

La guerra en Ucrania no cesa desde 2022 y la OTAN se arma a su lado de la frontera europea para repeler una posible expansión de Rusia. Oriente Medio supera ya el mes de ataques cruzados entre Irán y el bloque de Estados Unidos e Israel. El contexto global no invita a rechazar aspirantes a soldados. Las potencias europeas tratan de atraer a sus jóvenes con nuevos servicios militares. Francia ofrece 800 euros mensuales a los voluntarios, mientras que en Alemania elevan la paga hasta los 2.600 euros.

Sin embargo, la realidad es que los occidentales están perdiendo el interés en unirse al ejército. El presidente del Observatorio de Vida Militar, Mariano Casado, advirtió en el Congreso de los Diputados sobre la preocupante falta de personal en las Fuerzas Armadas. “La situación del reclutamiento es preocupante porque cada vez se presentan menos candidatos por plaza convocada”, dijo. Lo cierto es que ha caído drásticamente, pasando de 27 aspirantes por plaza en 2013 a solo 4 en 2024.

En estos momentos, España tiene 117.000 efectivos militares. Su compromiso con la OTAN fija el objetivo para 2030 en 130.000 profesionales. Con este margen de tiempo, los números no salen. Según el CIS, solo el 29% de los españoles estaría dispuesto a luchar por su país, y se trata de una respuesta dentro de un supuesto escenario bélico. La dificultad para encontrar españoles que apuesten por la vida militar abre la puerta a miles de extranjeros dispuestos a hacerlo. No obstante, unirse a las Fuerzas Armadas de otra nación plantea desafíos innegables. ¿Cómo es estar dispuesto a jugarse la vida por un país donde no naciste?

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El crecimiento de los extranjeros en el Ejército

Esta realidad es relativamente reciente. En el siglo pasado no era tan habitual encontrar en un ejército a alguien nacido en otro país. Pero hay precedentes. La Legión Extranjera Francesa, ya presente en el siglo XIX, se llevó la fama de estas unidades específicas que aceptaban personas fugadas de otros países sin hacer muchas preguntas. El Reino Unido ha permitido históricamente el alistamiento de ciudadanos de países de la Commonwealth, como Canadá o Australia. Y antes de la dictadura de Franco, España adoptó el modelo francés con la Legión, aceptando extranjeros entre 1920 y 1939. El fin de la Guerra Civil frenó esta posibilidad.

Pero para la apertura definitiva hay que viajar hasta 2002, cuando bajo el gobierno de José María Aznar se aprobó la entrada de personas de países con un pasado común con España, lo que incluía a la mayoría de latinoamericanos y a Guinea Ecuatorial. Esta historia se ha trazado de forma paralela a los procesos de nacionalidad. La Ley 32/2002, de 5 de julio, que modifica la anterior de 1999 de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas, permitió por primera vez el acceso de los extranjeros a la condición de militar profesional de tropa y marinería. Desde aquel momento y hasta el día de hoy, para entrar en la escala de oficiales es imprescindible la nacionalidad española.

Sin embargo, esa reforma dejó fuera a otras nacionalidades debido a “tensiones territoriales”, especialmente con Marruecos, a pesar de que es la principal comunidad extranjera residiendo en España. En aquel momento, España mantenía su postura a favor de la autodeterminación del Sáhara Occidental, entre otros debates diplomáticos en los que chocaba con el régimen marroquí. En el presente, los marroquíes siguen sin poder ingresar al Ejército, aunque sí que existen muchos soldados de origen marroquí, pero nacidos en España.

Varios militares durante el desfile. (Imanol Rimada/Europa Press)
Varios militares durante el desfile. (Imanol Rimada/Europa Press)

En ese momento, la situación de falta de relevo en el Ejército recuerda a la actualidad. “Muchos jóvenes españoles se engancharon profesionalmente en otros sectores, especialmente el de la construcción”, señala José Pablo Martínez, por lo que cada vez menos optaban por las Fuerzas Armadas como salida laboral. Los extranjeros permitieron solucionar parte del problema. Desde 2002, la presencia de inmigrantes en las Fuerzas Armadas españolas experimentó un auge rápido, superando el 10% del personal en 2005 debido a la falta de reclutas nacionales.

Sin embargo, la crisis económica y las nacionalizaciones masivas con los nuevos procesos revirtieron la tendencia. Actualmente, su representación ha caído al 5%. El último documento de estadística de personal militar de carrera de las Fuerzas Armadas, de 2024, cifra en 2.525 los oficiales nacidos en el extranjero, aunque al tener nacionalidad española no cuentan como inmigrantes. En tropa y marinería, según el Observatorio de Vida Militar, es donde se concentran la mayoría, con un total cercano a los 4.000.

En 2011, el PP se comprometió a conceder la nacionalidad a todos los soldados que cumplieran dos años de servicio a través de la ‘carta de naturaleza’, cuenta José Pablo Martínez, experto del Real Instituto Elcano. Según el artículo 21 del Código Civil, este método permite dar la documentación española a casos concretos. Desde aquella promesa electoral, los militares extranjeros suelen recibir la nacionalidad a los dos años. El ‘regalo’ del gobierno de Rajoy no tiene un carácter legal para todo este colectivo, sino que exige estudiar cada caso. Por ello, muchos siguen el camino habitual, que desde 2015 permite solicitar la nacionalidad a personas de los países con pasado común.

Enrique Escudero, brigada del Ejército del Aire, posa junto a avión (Imagen cedida)
Enrique Escudero, brigada del Ejército del Aire. (Imagen cedida)

Del extendido “compañerismo” a los casos de racismo

El compañerismo y el respeto mutuo son los pilares de la integración. Yinoly, infante de marina nacida en Manizales, Colombia, resume su experiencia de manera muy positiva. “Lo de ser extranjera y servir a España es como vivir entre dos orgullos. Para mí es una responsabilidad doble, porque como colombiana represento mi esencia. Nunca olvido de dónde vengo ni quién soy y así honro mis raíces”. Para ella, servir en el Ejército español implica “entregar cada día lo mejor al país que un día me abrió la puerta y confió en mí”.

La experiencia de Enrique Escudero, brigada del Ejército del Aire, representa otra realidad. Nació en Madrid, pero su familia paterna es vasca y mantiene lazos con México. “Ingresé al ejército tras acabar los estudios y representar a España es un orgullo”, comenta. Escudero destaca la importancia del apoyo entre compañeros, sobre todo en los momentos más duros, y comparte una anécdota reciente en Turquía. “Trabajábamos con estadounidenses y, de repente, un compañero resultó ser de República Dominicana. Eso me hizo ver que personas de distintas partes servimos juntos en muchas fuerzas armadas. El compañerismo supera los orígenes y las banderas”, relata el profesional.

Imagen de Yinoly, profesional de la Infantería Marina
Imagen de Yinoly, infante de marina de la Armada Española, nacida en Manizales, Colombia. (Cedida)

No obstante, no todas las historias tienen finales felices o caminos rodeados de un buen recibimiento. En los pasillos de los cuarteles, las historias de discriminación también han sido una realidad. Los casos que han salido a la luz en los últimos años han revelado un patrón recurrente.

Desde 2020, cuando se expulsó a un militar por realizar saludos neonazis, las Fuerzas Armadas han ejecutado varias purgas y condenas severas contra el racismo. El país se conmocionó en 2021 con el asesinato de Younes Bilal a manos de un exmilitar que gritaba “¡no quiero moros aquí!”. La justicia ha endurecido su respuesta ante el acoso interno para erradicar estas conductas de las unidades. En 2024, un sargento fue encarcelado por humillar a una soldado extranjera diciéndole “vete a tu país, no sirves para nada”. En 2025, el Supremo condenó a un cabo de la Legión que llamaba “sudaca de mierda” a un subordinado y le amenazaba con un “tiro en la cabeza”. Y un soldado del Regimiento “Palma” 47 fue sentenciado por ataques que mezclaban racismo y machismo, tildando a sus compañeras de “putas extranjeras” y “negras asquerosas”.

Esta no es la experiencia de los militares entrevistados por Infobae. “Nunca me he sentido parte externa. Siempre me he sentido parte de lo que hacíamos y parte de lo que defendíamos y defendemos”, asegura la sargento Susan Acuña. Al igual que ella, otros entrevistados resaltan la integración que han vivido desde que llegaron al ejército.

Sargento Diego Fontenla (Imagen cedida)
Sargento Diego Fontenla. (Imagen cedida)

Países con historia en común

El sargento Diego Fontenla Pérez, nacido en Argentina y criado en una familia militar, descubrió su vocación desde pequeño. A los 13 años inició su formación en un liceo militar y, tras mudarse a España con 17, decidió seguir la carrera en el Ejército de Tierra. “Sentí el orgullo de representar a España”, afirma sobre sus destinos en Ceuta, Tenerife y Toledo.

La lista de orígenes que permiten unirse al ejército en España responde a los nexos históricos. Las naciones latinoamericanas que hace siglos, tras la conquista española, pertenecieron al imperio, forman la mayoría de opciones. La cultura similar, los habituales antecedentes familiares y, especialmente, la facilidad de compartir idioma, hizo que, ante la necesidad de aumentar el número de soldados, se optara por los solicitantes nacidos allí. Además, la migración latinoamericana es la más numerosa en España.

De esta forma, los países que forman este grupo son Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y Guinea Ecuatorial. Este último es la excepción dentro de la mayoría latinoamericana, pero la razón es la misma: Guinea Ecuatorial fue territorio español hasta que logró su independencia en 1968.

Diego Fontenla relata la historia de su abuelo, como ejemplo de este pasado común al que señala la presencia de extranjeros en las Fuerzas Armadas. “Mi abuelo, Néstor Fontenla Quinteiro, nace en Cuspetriño, Pontevedra, junto a tres hermanos”, detalla el sargento. “En julio de 1936 lo recluta el Ejército Nacional” y se ve envuelto en la Guerra Civil española, explica el sargento. Tras el conflicto, decide marcharse a Argentina con su familia. “Cuando hablábamos de la guerra, se ponía bastante triste y cambiaba de tema enseguida”, reconoce Fontenla. Casi un siglo después, su nieto regresó a España y se unió al ejército, pero en un contexto totalmente distinto. “Uno nunca olvida de dónde viene, pero el uniforme te une a quienes te rodean, más allá de las fronteras”.