
En el sur de Francia, un panadero ha transformado su oficio en una herramienta de solidaridad. Loïc Nervi recorre las zonas de conflicto con una panadería instalada en su camión, desde el que produce y reparte pan en las comunidades más afectadas por la guerra.
Su trabajo lo ha llevado repetidamente a Ucrania en 2022 y, más recientemente, al Líbano, donde colabora con organizaciones locales en proyectos de asistencia alimentaria y social.
Nervi es originario de Draguignan y propietario de varias panaderías en la región de Provenza. Recibió el negocio familiar con 19 años, tras la jubilación de su padre. Aunque el negocio creció hasta consolidarse con varias tiendas, él nunca lo vivió como una vocación.
“Es mi profesión más bien por obligación que por elección”, ha explicado. “Lo que me apasiona es ir a hacer pan para ayudar a los demás”, ha añadido a El País.
De la panadería al terreno humanitario
Durante años ha combinado la gestión del negocio con las iniciativas locales, como la restauración del canal de agua que abastece la cascada de Sauveclare, en Lorgues, a través de la asociación Les amis de la cascade, donde llegó a invertir decenas de miles de euros.
Pero el punto de inflexión llegó en 2022, con la invasión de Rusia a Ucrania. Apenas 15 días después del inicio de la guerra, viajó a la frontera polaco-ucraniana con harina y productos básicos. “Al principio de la guerra, pensé: ‘Tengo que aportar mi granito de arena’”.
Aquel primer desplazamiento terminó prolongándose de forma inesperada, cuando trasladó a tres mujeres ucranianas hacia Francia en un viaje de varios días que atravesó media Europa. Esa experiencia marcó el inicio de lo que él mismo describe como su “segunda vida”.
“Hay que apoyar a los ucranianos”
Desde entonces, sus misiones se han repetido con regularidad. En Ucrania, Nervi ha desarrollado un sistema de trabajo basado en una panadería móvil instalada en un camión equipado con hornos y generadores, que le permite operar sin depender de la infraestructura local.
En zonas como Kiev o Borodianka, ha trabajado bajo temperaturas de hasta -20 °C y con cortes constantes de electricidad. “Es importante porque hay que apoyar a los ucranianos”, ha resumido.
Cada jornada comienza de madrugada, tras el toque de queda, y se prolonga hasta la tarde. En ese tiempo, produce entre 700 y 1.000 barras de pan, destinadas principalmente a personas mayores o en situación de vulnerabilidad. Su récord es de 1.050 panes en un día.

El pan como gesto de apoyo
Nervi ha asegurado que desde 2022 ha repartido decenas de miles de panes en territorio ucraniano. El producto que elabora se adapta a las condiciones del lugar: panes de cereales con semillas como girasol, sésamo o lino, y versiones más suaves con leche y huevos.
Más allá del alimento, su trabajo se ha convertido en un gesto de acompañamiento en contextos de guerra. “Es importante porque hay que apoyar”, ha insistido.
Una panadería sobre ruedas
Tras sus primeras experiencias en el terreno, decidió dar un paso más y transformar un camión de mudanzas en una panadería móvil. Equipado con generadores y hornos, el vehículo le permite producir pan de forma autónoma incluso en entornos sin electricidad estable.
La financiación de estas misiones procede de una combinación de recursos personales y apoyo de ONG, tanto francesas como internacionales, que ayudan a cubrir combustible, mantenimiento y logística. “Soy caro en términos de diésel y energía en general”, ha reconocido.
La nueva misión en Líbano
En 2025 amplió su actividad al Líbano, en colaboración con la asociación Mon Liban d’Azur, dirigida por Géraldine Ghostine.
Durante dos semanas en Beirut, elaboró y distribuyó más de 5.000 panes y productos de repostería en escuelas, hospitales y proyectos sociales. También participó en iniciativas de apoyo a niños con enfermedades o discapacidad y en actividades formativas con estudiantes de hostelería.
“Para mí la gastronomía es un puente que une culturas”, ha señalado Ghostine. Nervi lo resume de una forma más directa: “Es un símbolo universal que une personas”.
Cada misión implica separarse durante semanas de su familia y dejar la gestión de sus panaderías en manos de sus hermanas y empleados. “Al volver aquí, estoy hecho polvo”, ha admitido. Además, no obtiene ningún beneficio de estas actividades. “Solo la satisfacción de ser útil”, ha afirmado.
Un compromiso que continúa
En Ucrania, su trabajo lo lleva a zonas donde la situación sigue siendo inestable, en ocasiones con riesgos añadidos. Aun así, mantiene su calendario de misiones y prepara nuevos desplazamientos.
Su panadería móvil sigue siendo el centro de su actividad: un sistema que le permite producir y repartir pan directamente en el terreno, en medio de conflictos prolongados. “Si todo el mundo piensa únicamente en su confort personal, no saldremos de esto”, ha sostenido.
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