La abstinencia es mala para el esperma: un estudio de Oxford demuestra que eyacular de forma frecuente mejora la calidad del semen

El hallazgo podría cambiar los actuales protocolos de donación de esperma, que exigen una abstinencia de hasta 7 días

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Esperma.
Esperma. (University of Oxford)

La donación de esperma es un acto clave en el sector de la reproducción asistida. A partir de muestras de voluntarios, muchas parejas consiguen tener un bebé, ya sea mediante una inseminación artificial o fecundación in vitro. Durante décadas, un requisito primordial era la abstinencia: la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los interesados no eyacular durante un periodo de dos a siete días antes de realizar su donación. Sin embargo, es posible que esta técnica sea contraproducente para la fertilidad.

Así lo asegura una reciente revisión científica liderada por la Universidad de Oxford. El estudio, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B muestra que el almacenamiento de esperma dentro del cuerpo, tanto en humanos como en animales, reduce su viabilidad, movilidad y capacidad de fertilización, en un proceso que han bautizado como senescencia espermática.

El equipo científico dirigido por Krish Sanghvi y Rebecca Dean de la Universidad de Oxford, junto con investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá) y la Tecnische Universität Dresden (Alemania), consolidó datos de 115 estudios en humanos (más de 54.889 hombres de 31 países) y 56 estudios en animales (30 especies). Se analizaron trabajos publicados hasta enero de 2024 en dos bases de datos científicas internacionales, excluyendo investigaciones en las que el esperma fue almacenado fuera del organismo.

Los efectos negativos de la abstinencia aparecen en pocos días

El hallazgo podría cambiar los actuales protocolos de donación de esperma, que exigen una abstinencia de hasta 7 días. (Shutterstock)
El hallazgo podría cambiar los actuales protocolos de donación de esperma, que exigen una abstinencia de hasta 7 días. (Shutterstock)

El análisis demuestra que cuantos más días permanece almacenado el esperma en el tracto reproductivo masculino, peor es su calidad. Concretamente, la acumulación durante la abstinencia sexual aumenta el nivel de daño al ADN y estrés oxidativo, y reduce tanto la capacidad de movimiento como la viabilidad del esperma. Los autores subrayan que, aunque el impacto no es drástico, incluso periodos cortos de abstinencia generan un empeoramiento en la calidad del esperma relevante para tratamientos de fertilidad.

“Los espermatozoides, por su gran movilidad y escaso citoplasma, agotan rápidamente sus reservas energéticas y apenas pueden reparar los daños sufridos, lo que convierte el almacenamiento en un proceso particularmente nocivo en comparación con otros tipos celulares”, ha explicado la doctora Rebecca Dean, coautora del estudio, en un comunicado. Así, eyacular de forma frecuente puede aportar “un pequeño pero significativo beneficio a la fertilidad masculina”.

Las hembras conservan mejor el esperma

En animales, el deterioro del esperma almacenado fue más profundo y con impacto directo en la descendencia. Los resultados tras analizar 30 especies animales (aves, peces, reptiles, anfibios, insectos y mamíferos) mostraron una reducción significativa en la movilidad, viabilidad, morfología y éxito de fertilización del esperma, así como en la calidad de embriones y crías.

En aquellos animales en los que tanto machos como hembras pueden almacenar esperma, el estudio observó que son ellas las que generalmente conservan mejor la calidad del esperma a largo plazo. “Esto probablemente refleja la evolución de adaptaciones específicas de las hembras, como órganos de almacenamiento especializados que proporcionan antioxidantes para prolongar la viabilidad del esperma”, ha apuntado la doctora Irem Sepil, autora principal del estudio.

Los autores sostienen que estos datos pueden tener repercusión en los protocolos de clínicas de fertilidad y procedimientos de reproducción asistida, además de beneficiar a programas de cría en cautividad de especies amenazadas y contribuir a entender la evolución de los mecanismos que mitigan la degradación del esperma durante su almacenamiento. Sin embargo, piden cautela a la hora de trasladarlo a recomendaciones clínicas concretas.