Emigró a Suiza por amor y ahora enseña alemán a los españoles que sueñan con hacerse ricos: “No es tan fácil conseguir trabajo como se dice”

Andrea García habla con ‘Infobae’ sobre su experiencia en Zúrich y el reto de aprender alemán desde el extranjero

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Andrea García, española que vive en Suiza, habla con ‘Infobae’ sobre su experiencia en Zúrich y el reto de aprender alemán desde el extranjero.

En los últimos años, las redes sociales han convertido a Suiza en la tierra prometida: miles de influencers promocionan la idea de emigrar al país centroeuropeo para aprovechar sus altos salarios y calidad de vida para ganar dinero rápido y ahorrar. La idea ha atraído, por lo menos, a 139.255 españoles que residen allí, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Entre ellos se encuentra Andrea García Guerrero. La española asegura en una entrevista con Infobae que llegó a Suiza hace ya 13 años “un poco por casualidad”. En aquel entonces, García era una estudiante más en la Universidad Complutense de Madrid y buscaba una experiencia Erasmus. “Quería ir a Alemania a estudiar y hacer mi último semestre de la universidad. Yo ya estudiaba alemán en la Complutense y, casualidades de la vida, el verano de antes conocí a mi novio, que era suizo”, explica.

El amor le hizo cambiar Berlín por Zúrich, donde terminó quedándose y formando una familia, aunque no con el mismo hombre. Ahora, García dirige Alemán con Ñ, una academia destinada a enseñar a hispanohablantes a aprender alemán.

“Llegar con nivel 0 es un suicidio”

Andrea García Guerrero, entrevistada en este artículo, posa sentada en la terraza de una cafetería. La mujer tiene un libro abierto en las manos. A su lado, hay una pequeña mesa circular, donde apoya su ordenador portátil y un café para llevar.
Andrea García Guerrero, en una imagen de archivo. (Cedida)

García podría considerarse un caso de éxito, pero ha llegado donde está con esfuerzo. Cuando decidió quedarse en Suiza, su título en Historia del Arte le sirvió de poco y tuvo que reinventarse: estudió el máster de Profesorado en la UNED, otro de Psicología enfocado en Educación Emocional e hizo un curso de profesorado para enseñar español como lengua extranjera. “Cuando ya he llegado al C2 de alemán y tengo todas las bases pedagógicas para enseñar en general, me lanzo a enseñar alemán”, explica.

Abrir una empresa en Suiza es, según García, más sencillo que en España a nivel administrativo. “Primero empecé como autónoma y era tan sencillo como ponerme a facturar y, cuando yo ya hubiera ganado un mínimo de 2.300 francos, empezaba la obligación tributaria”, explica. Poco a poco, Alemán con Ñ fue creciendo hasta formarse como sociedad limitada (conocida como GmbH en Suiza) en 2024. Eso sí, este paso exige ahorros: “Para montar una GmbH necesitamos tener 20.000 francos [más de 22.000 euros] como base en una cuenta. Ese dinero luego se puede reinvertir en la propia empresa”, dice.

Quienes llegan a su academia son, sobre todo, migrantes hispanohablantes, tanto de España como de Latinoamérica, que buscan aprender alemán desde cero. “Hay mucha gente que llega, se apunta a una academia tradicional y el primer día les hablan en alemán y dicen: ‘Yo aquí no entiendo nada’. Entonces, van a venir a nosotros”, explica García. Es, justamente, la opción que ella misma menos recomienda: “Llegar con cero nivel yo lo considero siempre un suicidio; hay que ir con un poco más de nivel si vas a emigrar a un país como Suiza, en el que todo es tan caro y no es tan fácil conseguir trabajo como se dice", asegura.

Pese a que algunas personas consiguen moverse en “burbujas de inglés”, la española considera imposible sobrevivir sin nociones de alemán. Primero, porque actualmente el país exige tener un nivel A2 a los cinco años de llegar y, segundo, porque “en la vida real”, el inglés no basta. Ya sea para llamar al fontanero, entender los avisos de emergencia en el transporte público o socializar con la población, el alemán va a ser necesario. Por eso, García aconseja empezar a estudiar desde el país de origen, aunque sea online. “Es mucho más barato y vais a llegar al país mucho más preparados, vais a poder sobresalir entre los demás”, defiende.

Palabras largas y estructuras a lo Yoda

García reconoce que el alemán es un idioma “diferente” que a algunos hispanohablantes se les puede hacer cuesta arriba al comenzar. “Estamos acostumbrados a escuchar el inglés por todos lados, el francés y el italiano se parecen mucho y, de repente, llega el alemán, que tiene una estructura y un vocabulario que es muy diferente”, dice.

Lo que más sorprende a sus alumnos al empezar son las palabras largas. “Tenemos en alemán palabras compuestas, es algo que les choca hasta que entienden que esas palabras tan largas suelen ser en realidad dos o tres que explican un concepto”, explica. También se complican las combinaciones de consonantes. “En español tenemos vocales para hablar; en alemán, vamos a decir sílabas que a lo mejor tienen ocho consonantes y una vocal, y se pueden pronunciar, pero tienes que practicar cómo mover los labios y la boca”, dice.

Por último, están las estructuras de las frases, que suelen colocar el verbo al final. “Parece que hablamos como Yoda”, afirma García. “Yo les explico que esto es algo supercultural. En el español nos interrumpimos constantemente, parece que hay que pedir la vez para hablar. El alemán es un idioma que, culturalmente, va a esperar a que tú acabes de hablar para que el otro hable. Y eso ya te lo muestra el idioma, porque el verbo principal muchas veces está al final”, explica.

Ante estos desafíos, la profesora pide perseverancia. “El idioma lo tienen que tomar como una herramienta y, cuando tengan esa herramienta, van a poder ir a su objetivo y conseguirlo. Si desde el principio ya piensan que no van a poder, ya son su propio enemigo”, dice.

“Están vendiendo el paraíso”

Andrea García Guerrero aparece hablando por teléfono, apoyada en un puente que cruza un río.
Andrea García Guerrero, en una imagen de archivo. (Cedida)

García vive feliz en Zúrich y anima a cualquiera que lo quiera a seguir sus pasos, pero con precaución y preparación. “Muchas personas en redes sociales están vendiendo esta idea de paraíso”, dice, pero la realidad nunca es tan bonita. “Hay gente que llega y, desde el primer día y sin hablar ningún idioma, consigue un trabajo. Puede ser que, con mucho esfuerzo y con trabajos muy precarios, llegues a 3.000-4.000 francos al mes. Lamentablemente, eso en Suiza es poco: el umbral de pobreza está en 3.500 francos de sueldo”, explica.

La española confiesa que estos salarios, en un principio, pueden funcionar. “¿Quieres hacer dinero rápido e irte? Entonces, márcate ese objetivo, hazlo y te vas. El problema es que en ese camino, la mayoría decide quedarse y han perdido muchos años en trabajos precarios por no aprender el idioma”, lamenta. El país, además, es caro: “Un alquiler en Zúrich, por ejemplo, puede ser de 2.500 francos y el seguro de salud, otros 500. Ahí ya se te han ido 3.000 francos, que es a lo mejor casi lo que estás cobrando. Imagínate pasar un mes sin sueldo…”, ejemplifica.

Además, insiste en que en el país helvético no todo es de color de rosa. “La realidad no siempre es: llego, tengo diez trabajos y diez viviendas esperándome. Hay un problema de vivienda, los seguros de salud son carísimos y puede que tengas un problemita pequeño y se te vayan 3.000 francos de médicos. Si todo va bien, genial, pero hay que ponerse también en el por si acaso”, concluye.