De dónde vienen las torrijas: el origen del postre más humilde de la cocina española

Otros países del mundo, como Francia, Estados Unidos e incluso India, tienen sus propias versiones de este dulce cuaresmal

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Torrijas, un clásico que disfrutar
Torrijas, un clásico que disfrutar durante la Semana Santa (Adobe Stock)

Las torrijas levantan pasiones. Hay quienes incluso esperan la llegada de Semana Santa como agua de mayo, solo por poder degustar uno de esos trozos de pan dulces y sabrosos que disparan tanto las papilas gustativas como el colesterol. Pero, ¿quién piensa en ello teniendo delante una de estas bandejas rebosantes de almíbar? Para quienes no se contentan solo con disfrutarlas y quieren aprender más sobre ellas, repasamos la historia de su origen, así como las muchas versiones que se pueden encontrar dando la vuelta al mundo.

Originalmente, las torrijas fueron consideradas un alimento modesto, ideal para reconfortar el estómago durante la Cuaresma, período en el que la Iglesia católica prohíbe el consumo de carne. Este uso permitió a las torrijas ganar popularidad, asociándose estrechamente con la Semana Santa por su cualidad como receta de aprovechamiento del pan sobrante y por su conveniencia económica. La transformación del pan duro mediante un baño en miel y leche, o incluso en vino, suponía un aporte nutritivo significativo en tiempos donde el ayuno y la penitencia marcaban el ritmo de la vida religiosa.

Martín Martínez, del restaurante Villaroy's, explica los ingredientes y el paso a paso de su receta ganadora en el Madrid Fusión.

El origen de las torrijas

La primera mención conocida de un plato similar a las actuales torrijas se encuentra en los escritos de Marco Gavio Apicio, un reconocido gastrónomo romano del siglo I, quien en su colección de recetas mencionaba la costumbre de remojar rebanadas de pan en leche. Este ancestro de la torrija, denominado aliter dulcia, carecía de huevo en su preparación y no era identificado por un nombre específico, simplemente como un plato dulce frecuente en las domus.

Muy común fue también esta receta en la Europa medieval, conocida con muy diversos nombres —suppe dorate, soupys yn dorye, tostées dorées, pain perdu—, y elaborada con la inclusión de ingredientes como el huevo y la miel. Es en el siglo XV cuando en España se documenta por primera vez el uso del término torrija, más bien torreja, en un villancico de Juan del Encina, figura destacada del Prerrenacimiento español.

Pero la propia receta no aparece como tal hasta el Libro de Cozina de Domingo Hernández de Maceras (1607) y el Arte de cozina, pastelería, vizcochería y conservería de Francisco Martínez Motiño (1611).

Torrijas por el mundo

Su sencillo origen, vinculado a la simple necesidad de reutilizar el pan sobrante, hace que nuestra torrija tenga sus versiones prácticamente en cualquier rincón del mundo. Es curioso que solo en España se limita su consumo a las fechas de Pascua, mientras que el resto del planeta las difruta como desayuno o merienda en cualquier momento del año.

En Francia tienen su pain perdú, un nombre que ya describe la propia esencia del plato: emplear pan duro o “perdido”, recuperándolo con el remojo en huevo y leche que lo transforma en un delicioso postre o desayuno. En comparación, la french toast estadounidense, un postre muy extendido en al país norteamericano, se elabora comúnmente con pan abriochado, bañado en una mezcla de huevo y leche azucarada y luego dorado en mantequilla, sirviéndose con sirope, mantequilla o fruta fresca. En Canadá, la receta denominada pain doré utiliza pan blanco empapado en una natilla rica en huevo y azúcar, alcanzando un color dorado que se acompaña tradicionalmente con sirope de arce.

French toast con manzanas caramelizadas
French toast con manzanas caramelizadas (Freepik)

En otras zonas de Europa, como Alemania, Dinamarca y Suecia denominan a este plato ‘caballeros pobres’ (Arme Ritter, Arme Riddere), en honor a su relación histórica con la cocina humilde. Las preparaciones alemanas incluyen otras variantes regionales identificadas como Semmelschnitten o Gebackener Weck, consistentes en pan blanco seco remojado en leche y huevo, frito y acompañado frecuentemente de azúcar, canela, mermelada y nata espesa. Suiza aporta la versión denominada Fotzelschnitten, donde el pan local, a menudo zopf, se fríe y se sirve con azúcar, canela y compota de manzana.

Austria ofrece su aportación con las pofesen, que destacan por rellenar las rebanadas de pan con powidl, una mermelada densa de ciruelas negras, o bien mermelada de albaricoque, antes de freírlas para ser consumidas calientes y azucaradas.

En los Países Bajos, los wentelteefjes se preparan mayoritariamente con pan blanco tierno, y su variante dulce se acompaña de azúcar y canela tras el dorado en mantequilla. Las versiones saladas, indicadas para el desayuno, pueden estar enriquecidas con tomate, queso o beicon. En Rusia y otros estados de la antigua URSS, el plato subsiste como receta de aprovechamiento de pan, con empleo predominante del huevo sobre la leche. El resultado se consume como tentempié, desayuno o merienda, tanto con fruta como con mermelada o acompañamientos salados.

Seguimos recorriendo el mundo con Portugal y Brasil, quienes versionan esta tradición con las rabanadas o fatias de parida, muy similares a la torrija española. Utilizan pan de barra seco, cortado grueso, que se baña primero en leche y después en huevo antes de freírlo. Las variantes pueden estar aromatizadas con nata, leche condensada, vainilla o canela, y se sirven recubiertas de azúcar, canela, almíbar, miel, caramelo o chocolate. En diferentes regiones de Brasil, las rabanadas se asocian especialmente a la Navidad, donde es costumbre prepararlas en familia en grandes cantidades.

En Grecia, las avgofétes —'rebanadas de huevo’— son populares tanto dulces como saladas en desayunos, a menudo combinadas con miel, frutos secos o, en formatos más salados, con feta, tomate, aceitunas y hojas verdes.

En la India, el plato conocido como bombay toast triunfa como comida callejera. Destacan sobre todo las versiones saladas con chiles, especias picantes y hierbas, existiendo el recurso de acompañarlas con ensalada, queso o huevos. Por último, en Hong Kong, sirven las tostadas francesas en forma de rodajas de pan fritas mojadas en huevo o soja batida, y servidas con mantequilla. Por lo general, las rebanadas se disponen en forma de sándwich o bocadillo con un relleno dulce.