
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) activó este miércoles la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de los países miembros. El objetivo de esta medida es intentar frenar el impacto global de una crisis energética provocada por la interrupción de suministros a raíz del conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz. Y es, hasta la fecha, la mayor acción coordinada en la historia de la AIE.
Esta decisión extraordinaria se produce después de días de fuertes tensiones en los mercados internacionales. El bloqueo del tránsito marítimo por Ormuz, uno de los principales corredores de petróleo del mundo por donde transita alrededor del 20% del crudo transportado por vía marítima, ha disparado los precios y reducido de forma drástica el flujo habitual de barriles al resto del planeta.
Aunque los efectos empiezan a notarse en prácticamente todos los países, España afronta esta situación con un colchón energético relativamente sólido, aunque no abarque a todos los sectores. Nuestro país cuenta con reservas estratégicas de petróleo que, combinadas con las mantenidas por la industria, equivalen a 105 días de consumo sin nuevas importaciones, según ha detallado la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen. Sin embargo, esto no evita las subidas de precios, sobre todo en sectores dependientes del petróleo como el transporte y la agricultura.
Por qué España no sufre igual ante una crisis eléctrica
España, siendo miembro de la AIE, ha respaldado el plan de liberación de reservas y aportará una parte proporcional a sus existencias, el equivalente a aproximadamente 12 días de consumo. Nuestro país cuenta con este suministro gracias al sistema de reservas estratégico, pero no produce petróleo suficiente para su consumo interno, por lo que depende totalmente de importaciones para satisfacer la demanda. Un punto importante, porque, a pesar de que España no está condicionada por el petróleo para generar electricidad, sí lo necesita para producir la energía que se consume.
Por un lado, España cuenta con un gran respaldo en su sistema eléctrico gracias a las energías renovables. Según las últimas estimaciones de Red Eléctrica, alrededor del 56% de la electricidad generada en nuestro país proviene de fuentes renovables, con la energía eólica como principal contribuyente y la solar fotovoltaica siendo la que más crece. A medida que han ido pasando los años, el sistema eléctrico español ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles, en particular del petróleo, pero no todos los sectores han evolucionado de la misma manera.
Pero, pese a que el suministro eléctrico no esté en peligro, la factura sí subirá. Así lo aclara Diego Balverde, experto del Banco Central Europeo en finanzas climáticas, a Infobae, subrayando que, incluso con la transición de combustibles fósiles a renovables, durante los últimos días hemos pasado de precios estables que rondaban los 14,50 euros por MWh a picos de 250 euros por MWh, lo que supone “un aumento del 1632% que amenaza con convertir el recibo de la luz en el mayor gasto del hogar, superando incluso a muchas hipotecas”. Y si este incremento se consolida en el precio final, pasaremos “de los 0,15 euros actuales a 2,60 euros por kWh”. “Las consecuencias para el usuario medio en España serían devastadoras”, sentencia Balverde.
“Si hay escasez de viento o una mayor demanda por frío residual, entran en juego las centrales de gas, que son las que marcan esos precios pico de 250 euros”, señala Balverde, enfatizando un apunte clave, y es que “el sistema marginalista hace que el precio de la tecnología más cara sea el que pagamos por toda la energía”.
Donde sí golpea el petróleo
Aunque el impacto sobre el suministro eléctrico puede ser limitado, sí hay otros sectores estratégicos que son muy dependientes del petróleo. En concreto, los datos de la propia AIE muestran que las principales fuentes de energía en España en 2024 fueron el petróleo y los productos derivados, representando el 44% del suministro energético total; y el gas natural, siendo el 21%.

Así, uno de los sectores más vulnerables a este escenario es el transporte, ya que es el principal consumidor de energía en España y está casi totalmente alimentado por derivados del petróleo como la gasolina y el diésel. Pero, además, la agricultura también depende del petróleo en formato diésel para maquinaria y equipos, además de otros materiales derivados de hidrocarburos como fertilizantes y plásticos agrícolas.
Tal y como han advertido desde la Unión de Agricultores y Ganaderos, el combustible agrícola se ha encarecido hasta un 40% en solo una semana. En declaraciones a Europa Press, la organización ha explicado que todo esto “va a provocar una subida muy importante de los costes asociados a la práctica agraria”, lo que “repercutirá igualmente, y en última instancia, en la cesta de la compra”.
Y es que el alza en los precios del petróleo tiene un impacto económico directamente en los bolsillos de los consumidores españoles. El crudo también está detrás de gran parte de la logística que mueve alimentos y bienes desde su origen hasta los supermercados. Al final, se produce un efecto dominó: los precios del petróleo suben, los costes del carburante y el transporte aumentan, y esos sobrecostes tienden a trasladarse poco a poco a los precios finales de productos y servicios.
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