
Una mirada, un comentario, un suceso o una observación pueden desencadenar una cascada de pensamientos que no cesan. No hay forma de interrumpir el hilo de ideas. No hay forma de salir del bucle mental. La rumiación ha empezado y nada podrá frenarla. Acompañará a su huésped día y noche. La vorágine habrá empezado e irá haciendo mella. En un momento dado, se olvidará cómo, cuándo o por qué comenzó y sencillamente se instalará en la mente como un mantra. El torrente de preguntas, reflexiones, dudas, temores y preocupaciones resulta complicado acallar, pero no es imposible.
De pronto, sin ni siquiera ser consciente de ello, la persona se ha visto abocada a la disociación y a la vorágine mental de la que es complicado salir. Esta tendencia a darle vueltas a lo mismo todo el tiempo se conoce como rumiación mental.
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El término ‘rumiación’ proviene del ejercicio que realizan con su boca los animales rumiantes al alimentarse: mastican el alimento, lo tragan, lo regurgitan, lo vuelven a masticar y lo vuelven a tragar. El recorrido que hace el pasto se parece al que realizamos los humanos con aquello que nos preocupa. La neuropsicóloga Marta Jiménez, que divulga sobre salud mental a través de sus redes sociales (@martajimenezpsicologia), explica en una de sus últimas publicaciones un ejercicio para combatir este bucle que no cesa y que “se produce cuando hay un tema o varios que la mente interpreta como peligrosos o amenazantes, que le preocupan, pero para los cuales no tiene una salida”.
“Un bucle mental no se rompe pensando más, se rompe saliendo del pensamiento; cuanto más analizas, más gasolina le echas al bucle, la mente no busca soluciones ahí: busca control”, indica. Para salir de este estado, Jiménez da el siguiente consejo: “Coge una hoja en blanco y divídela en varias columnas”. Los bloques ayudarán a diseminar el pensamiento, encontrar qué es aquello que lo provoca y servirán para trazar un esquema con el que resolverlo.
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¿Cómo se diseminan los pensamientos?
En la primera columna se plasma la situación o las situaciones que forman parte del bucle, “conversación con mi madre, reunión del trabajo, lo que sea”, indica. La siguiente fila incluye las acciones con las que se puede abordar el problema a corto plazo, es decir, “aquellos pequeños pasos que dependen de ti y que vas a poder hacer hoy o en los próximos días”. Las columnas restantes son “las acciones a medio plazo” y “las acciones a largo plazo”. Son cuestiones más complicadas y que necesitan más reflexión e introspección.
Explica la neuropsicóloga que este sistema “ayuda a tu mente a saber que, aunque existen diferentes dificultades, tienes un plan de acción para cada una de ellas”. Por eso, “cuando notes que das vueltas a lo mismo, cambia de canal: vuelve al cuerpo, a la acción pequeña, al aquí y ahora; el silencio mental no llega luchando, llega cuando dejas de alimentar el ruido”, reflexiona. Por ello, defiende este método como una disciplina que ayuda a resolver el malestar que genera no salir de un pensamiento compulsivo.
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