
La primera manifestación feminista del 8 de marzo en España marcó un antes y un después en la historia reciente del país. En 1978, miles de mujeres salieron a las calles de Madrid bajo el lema “por un puesto de trabajo sin discriminación”. Este acto colectivo tuvo lugar en un momento de grandes cambios, apenas unos años después del final de la dictadura franquista y en el inicio de la democracia.
Hasta entonces, el Día Internacional de la Mujer era una fecha reconocida globalmente, pero en España no se había celebrado en las calles de forma masiva. La dictadura había impuesto un modelo conservador que limitaba la autonomía de las mujeres y castigaba cualquier intento de protesta. Solo tras la muerte de Franco y con la Transición en marcha, el movimiento feminista pudo empezar a organizarse de manera visible y exigir cambios reales.
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La manifestación de 1978 no surgió de la nada. Venía precedida por movilizaciones importantes, como la protesta por la despenalización del adulterio, donde cientos de personas apoyaron a una obrera catalana a la que las autoridades intentaban quitarle la custodia de su hija. También influyeron reformas legales, como la regulación de la venta de anticonceptivos y la modificación de leyes que afectaban la vida de las mujeres. El feminismo aprovechó este momento de apertura para poner en el centro del debate público la igualdad de derechos.
El 8 de marzo de 1978: demandas y consecuencias inmediatas
La manifestación feminista del 8 de marzo de 1978 fue convocada por la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid. Unas 6.000 personas participaron en la marcha inaugural, que reclamaba igualdad salarial, acceso a todas las categorías profesionales y la eliminación de la discriminación laboral. En los carteles se leía el mensaje claro: “por un puesto de trabajo sin discriminación”.
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Los jóvenes españoles se sienten cada vez menos identificados con la idea de feminismo, aunque defienden la igualdad de género.
En ese momento, solo el 11% de las mujeres casadas trabajaba fuera de casa. Muchas de ellas realizaban tareas en el sector servicios, como peluqueras o dependientas, mientras que otras trabajaban en la agricultura o en la industria en condiciones menos favorables que los hombres. El movimiento feminista denunció esa realidad y exigió cambios estructurales en las leyes y en la sociedad.
La respuesta oficial no fue amable. La policía disolvió la marcha con humo y balas de goma. Sin embargo, ese episodio sirvió para visibilizar la fuerza del movimiento y acelerar el reconocimiento de derechos. Pocos meses más tarde, la Constitución Española de 1978 equiparó legalmente los derechos de hombres y mujeres, sentando las bases para los avances posteriores. Esta manifestación fue el punto de partida para muchas otras conquistas, como el acceso de las mujeres a la universidad, la legalización del aborto y la entrada en profesiones antes vetadas.
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La represión y el despertar feminista tras la dictadura
Durante la dictadura franquista, las mujeres españolas vivieron bajo fuertes restricciones. Se les prohibía acceder a muchas profesiones, necesitaban el permiso de sus maridos para trabajar y su educación estaba controlada por la Sección Femenina de la Falange. El modelo impuesto las relegaba al hogar y limitaba sus posibilidades de participación en la vida pública.

A partir de 1975, coincidiendo con el Año de la Mujer declarado por la ONU y la muerte de Franco, comenzaron las primeras reformas. Por ejemplo, ese año la ley permitió que las mujeres casadas accedieran al mercado laboral sin autorización de sus esposos. También se aprobaron cambios en el Código Penal que facilitaron la despenalización de delitos como el adulterio y regularon cuestiones relacionadas con la maternidad y la libertad sexual.
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En esos años, la situación laboral y educativa de las mujeres seguía siendo muy precaria. En 1978, el 73% de las personas analfabetas en España eran mujeres. La mayoría de ellas trabajaba en sectores considerados de menor prestigio social, con largas jornadas y salarios bajos. Las reivindicaciones feministas apuntaban directamente a estas desigualdades, por las que aún hoy, 46 años después de aquel 8 de marzo, se siguen llenando las calles de mujeres y hombres que quieren un presente justo e igualitario.
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