Diego Moya, empresario español, llevaba alrededor de año y medio viviendo en Dubái cuando, el pasado 1 de marzo comenzaron los ataques de Irán en respuesta a Estados Unidos e Israel. En ese momento, él y su grupo estaban visitando el proyecto inmobiliario junto a inversores españoles cuando recibió la primera alerta. “Estábamos viendo una oportunidad inmobiliaria en Dubai Islands, una zona nueva donde están creando playas y proyectos residenciales. De repente recibí una llamada avisando de que había habido un ataque en Abu Dabi y que habían interceptado algún misil cerca de la zona de la Palmera”, recuerda en conversación con Infobae.
La reacción fue inmediata. “En menos de diez minutos cogimos un Uber y nos fuimos a casa a resguardarnos”. Moya dirige desde Dubái una academia de gestión patrimonial y un club de inversión centrado en el sector inmobiliario. Actualmente trabajan con inversiones en mercados como Estados Unidos, Colombia o República Dominicana y organizan viajes para clientes que quieren explorar proyectos internacionales, como tuvo que hacer él cuando decidió buscar oportunidades fuera de España. Esta misma semana tenía en la ciudad a treinta empresarios españoles participando en uno de esos programas.
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Las horas posteriores al ataque fueron las más tensas. Hacia la una de la madrugada sonaron las alarmas de emergencia. “La primera noche la vivimos con bastante miedo porque no tenemos formación militar. No sabes si es peligroso o no, ni si la situación puede agravarse. Es como estar detrás de las murallas de un castillo en el que el enemigo intenta entrar y parece que la muralla resiste”, explica a este medio.
Su vivienda está en Mudon, una urbanización situada a unos 45 minutos del centro de la ciudad. Durante la noche, se escucharon la intercepción de los antimisiles, explosiones y hasta se notó cómo vibraba el suelo. “Ahí no sabes muy bien lo que está ocurriendo”, señala. Durante los primeros días optaron por permanecer en casa. Las autoridades locales habían suspendido las clases y recomendaban no hacer desplazamientos innecesarios.
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“Intentamos tomar precauciones básicas. Pusimos colchones en las ventanas por si las vibraciones rompían los cristales y localizamos los shelters (lugares de refugio)“, indica. También mantuvieron el contacto con otros residentes para “coordinarse con más gente. Ellos me decían: ‘Tranquilo, el gobierno de Emiratos tiene capacidad para defenderse, esto no va a ir a más’”.
La calma después de la tormenta
Tras la primera noche de mayor tensión, la vida en Dubái empezó a retomarse en gran parte de la ciudad. “Al día siguiente la gente empezó a hacer vida normal. Cuando anuncian ataques, la gente se resguarda, pero en cuanto paran vuelven a salir”, cuenta. Las tiendas estaban abiertas, los restaurantes, piscinas... Sin embargo, él decidió mantenerse prudente y se quedó en casa.
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Mientras tanto, el grupo de inversores que participaba en su viaje empresarial continuó con la formación desde el hotel. “Seguían viendo oportunidades inmobiliarias. Intentábamos buscar la normalidad dentro de todo lo que estaba pasando”, dice. Además, la comunicación de las autoridades emiratíes y la embajada española “fue bastante buena y continuada”.
“Han estado llamando a familias vulnerables. A unos vecinos nuestros que tenían un bebé les contactaron directamente para ver si estaban bien”, subraya. No obstante, considera que la representación española en la ciudad es limitada. “No hay consulado en Dubái y se nota que faltan recursos”. En cambio, asegura que no recibió información directa del Gobierno central. “Las noticias en España decían que el Gobierno estaba haciendo todo lo posible. La realidad es que a nosotros no nos llegó nada del Gobierno”.
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De vuelta a Madrid
A pesar de que su vuelo, programado para el 4 de marzo, fue suspendido, finalmente pudo volar a Madrid tras hacer un cambio en su billete. “Por suerte solo me lo cambiaron al día siguiente y pude volver”, explica. Ahora se encuentra en Madrid, donde ha retomado su agenda profesional con entrevistas, eventos y reuniones. Aun así, reconoce que la experiencia todavía se nota: “Después de unos días así, cualquier ruido te pone en alerta. Quieras o no, tienes la tensión en el cuerpo”.
Su casa, sin embargo, sigue estando en Dubái, y durante las próximas semanas tiene previstos varios viajes por trabajo, aunque el vuelo a Miami lo ha aplazado a septiembre por la situación. Cuando termine esa agenda, su intención es regresar a Emiratos. “Mi vida está allí”, resume.
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