Una mujer recorre 3.476 kilómetros de Londres a Lanzarote sin coger aviones: “Prefiero pasarme un día entero en el tren”

El viaje reduce en un 76% las emisiones de carbono

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Una joven hace un viaje en tren (Imagen de Freepik).
Una joven hace un viaje en tren (Imagen de Freepik).

Rebecca Jackson odia los aeropuertos. El espacio reducido, las colas, los retrasos. “Prefiero pasarme el día entero en tren que ir a un aeropuerto”, le dijo una desconocida nada más bajar del Eurostar en París. Ella pensó exactamente lo mismo. Jackson había salido de Londres con una idea clara: llegar a Lanzarote sin volar.

Mientras cada año alrededor de 1,7 millones de británicos aterrizan en la isla en poco más de cuatro horas, ella optó por un recorrido de 3.476 kilómetros, seis días y más de 45 horas en movimiento. Cuatro trenes y un ferry. Sin pisar un aeropuerto.

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El viaje comenzó en St Pancras, rumbo a Gare du Nord, Francia. La tormenta Goretti había causado retrasos y cancelaciones el día anterior, pero Jackson logró cruzar París sin contratiempos y enlazar con la Gare de Lyon. Tres horas después, bajaba de un TGV (tipo de tren) de dos pisos en Nîmes, la llamada “Roma francesa”.

Una noche bastó para pasear entre la Maison Carrée y el anfiteatro romano, y para acompañar una brandada de bacalao con vino local. A la mañana siguiente, el tramo más largo del viaje: siete horas de tren hasta Madrid, vía Perpiñán, Barcelona y Zaragoza. “Al pasar junto al Golfo de León, un océano infinito y centelleante se extendía hasta el cielo cerúleo”, escribió en The Telegraph. Luego llegaron los Pirineos, primero como una sombra oscura, después con los picos nevados ya cerca.

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Madrid fue una pausa buscada. Dos noches para caminar sin prisa y dejar que el viaje respirara. Churros en la Chocolatería San Ginés, abierta desde 1894; bocadillos de calamares en la Plaza Mayor; una visita al Palacio Real. “Había menos turistas, pero la plaza seguía llena de vida”, apuntó.

Estos son algunos de los trenes más espectaculares

El tramo que no repetiría

Desde Madrid, tren hacia Cádiz. Al salir, niebla; al avanzar hacia el sur, viñedos bajos, pueblos blancos, palmeras y brisa marina. Allí comenzaba el último tramo: un ferry de Naviera Armas de unas 28 horas hasta Lanzarote.

Viajaba con camarote privado en la proa, pero el balanceo del mar hizo mella. “Sentí náuseas y concluí que los viajes largos en ferry no eran para mí”, reconoció. Sin wifi, el tiempo se repartía entre el bar, el restaurante o la cubierta. Lo que compensó la travesía fue la llegada: “Picos tan triangulares que podrían ser pirámides, entre remolinos de nubes rosa caramelo”, especificó.

Viajar despacio

La ruta, organizada por la agencia de viajes sin vuelo Byway, estaba diseñada como un viaje de 18 días, con seis de estancia en Arrecife. Según sus cálculos, el trayecto generó un 76% menos de emisiones de carbono que el vuelo equivalente, a pesar de durar casi diez veces más.

Jackson se inspiró en el programa Race Across the World, que reta a cruzar países sin avión y propone mirar el viaje como parte del destino. “En lugar de lanzarme en paracaídas a un destino sin tener ni idea de lo que lo rodea, llegué lentamente y sentí que el viaje tenía más valor”, explicó. Y dejó flotando la misma pregunta que la acompañó desde el primer andén: “Llegar al otro lado del mundo nunca ha sido tan fácil. Pero al sobrevolarlo, ¿estamos olvidando cómo cruzarlo?”.

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