Pedro Sánchez busca convertir Castilla y León, donde el PSOE no gobierna desde 1987, en el trampolín para dar la batalla final en las generales

Con dos citas autonómicas por delante, el PSOE no puede permitirse más ‘reventones’ después de Aragón y Extremadura. En Madrid, el Gobierno negocia para sacar adelante medidas clave y demostrar que puede seguir gobernando “más allá de 2027″

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El líder del PSOE y jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, en un mitin de precampaña en Ponferrada. (EFE/ Ana Barredo)
Pedro Sánchez, en un mitin de precampaña en Ponferrada. (EFE/Ana Barredo)

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, se vuelca en la cita autonómica de Castilla y León con la esperanza de iniciar la remontada contra el PP y Vox. Porque, al margen de lograr la Presidencia de la Junta o no —parte con bajas expectativas porque el PP ha gobernado allí durante los últimos 39 años—, Sánchez debe reparar y engrasar la maquinaria electoral si quiere llegar con opciones a la recta final de las elecciones generales de 2027.

Y como un coche, el aparato electoral socialista necesita empezar a rodar sin más reventones. El PSOE ya ha encajado dos noches electorales traumáticas. Especialmente, la sonada derrota de Pilar Alegría en Aragón, donde la candidata propuesta por Sánchez aterrizó, no para evitar la victoria del PP, sino para mitigar el mayor batacazo de su formación —como así fue—.

El propio presidente del Gobierno y otras fuentes socialistas consultadas por Infobae achacaron el mal resultado a la desmovilización de la izquierda. Primero —y en especial—, por la falta de credibilidad que arrastran desde el estallido de los escándalos de Santos Cerdán y José Luis Ábalos, los dos secretarios de Organización del PSOE que han acabado entre rejas procesados por corrupción. Segundo, porque no hubo margen para preparar las candidaturas. En Extremadura, el PSOE no tuvo tiempo de elegir otro candidato: el único que había era Miguel Ángel Gallardo, pendiente de juicio en el caso que investiga al hermano de Sánchez. En Aragón, la exministra de Educación “no tuvo tiempo para empaparse del territorio”.

Castilla y León es la tercera parada. Es un territorio donde se vota históricamente en clave nacional, por lo que será un termómetro fiable para calibrar si se pueden remontar los ánimos de un desmotivado electorado progresista.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Martínez, en Ponferrada. (EFE/ Ana Barredo)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Martínez, en Ponferrada. (EFE/Ana Barredo)

En su discurso de precampaña, Sánchez puso toda la carne en el asador: sacó pecho de los avances progresistas, se mostró como el ejemplo internacional del freno a la ultraderecha y enarboló la lucha contra los tecnoligarcas “que viven en EEUU” y que cuentan con el beneplácito de la derecha. Todo esto, después de una semana anunciando una batería de medidas sociales: un fondo soberano para la construcción de vivienda protegida, la subida del SMI y programas de empleabilidad de los perceptores del IMV.

Un empate técnico en las urnas, pero un gobierno imposible

El escenario en este territorio, según indican las encuestas preelectorales, invita a recuperar un cierto optimismo que nunca hubo en Aragón y Extremadura. El último sondeo del CIS vaticina que la victoria está en un puño, pues socialistas y populares rozan el empate técnico. No obstante, un gobierno del PSOE se hace prácticamente imposible porque la llave volverá a tenerla Vox.

Después de Castilla y León, llegará en junio la convocatoria andaluza, el histórico feudo socialista donde tampoco hay grandes ilusiones para gobernar porque el PSOE todavía se recupera de una importante batalla interna. La ministra y vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, será la encargada de liderar la campaña socialista. Su rival será Juanma Moreno, uno de los pocos barones populares que ostentan una mayoría absoluta en el territorio. Según los primeros sondeos, entre ellos elaborado por Tezanos, el PP podría perder la mayoría absoluta, pero duplicaría el resultado de los socialistas.

Una etapa clave de la legislatura

Y mientras se libran batallas en las autonomías, en Madrid el Gobierno no puede permitirse muchos más tropiezos si quiere demostrar que “merece la pena” su Gobierno “más allá” de 2027. Y a pocos días de que empiece la campaña, la atención está también en el Congreso, donde la Cámara se prepara para decidir si mantienen o rechazan medidas clave impulsadas por el Ejecutivo, entre ellas la prolongación de la moratoria contra desalojos, la actualización de jubilaciones y las ayudas a los afectados por los siniestros ferroviarios recientes.

El Pleno del Congreso, con el voto de PP, Vox y Junts, ha derogado este martes el decreto ley del llamado 'escudo social', que incluía la revalorización de las pensiones y la prohibición de desahucios y cortes de agua y luz para personas vulnerables. (Fuente: Europa Press/Congreso)

Con el escudo social, el PSOE se está empleando a fondo, constatando la incompatibilidad entre los socios que le dieron la investidura, de Junts a Podemos. Tras caer en una primera votación, ha tenido un mes a contrarreloj para contentar a todos, mostrándose dispuesto a suavizar el decreto para atraer el sí de los de Carles Puigdemont.

Pero el partido de Miriam Nogueras, salvo un cambio de última hora, rechazará de nuevo el escudo social porque cree que la moratoria antidesahucios “es injusta” para los pequeños propietarios. Y lo hace a pesar de que la norma, con su última modificación, ya excluye a quienes tienen una o dos viviendas de la obligación de ofrecer una alternativa habitacional a sus inquilinos, y no se aplica si el dueño está en situación de vulnerabilidad. Según fuentes del Gobierno consultadas por EFE, desde Moncloa dan por hecho que el decreto no saldrá adelante por el rechazo de Junts, pero aseguran que intentarán llevarlo una tercera vez al Consejo de Ministros.