Veinte segundos que cambiaron decenas de vidas: se cumple un mes del accidente ferroviario de Adamuz, el más grave de la última década en España

31 días después del siniestro, los familiares y supervivientes siguen reconstruyendo sus vidas, mientras los trenes vuelven a circular y la investigación judicial avanza lentamente

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Las familias afectadas por el fatal descarrilamiento en Adamuz comparten su dolor y exigen que una tragedia así no se repita. Un emotivo recorrido por el lugar del siniestro y las vigilias en memoria de los que ya no están.

La línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía ha reabierto la circulación. A las 6:55 horas de la mañana sale el primer tren de este 18 de febrero y, para la mayoría de los viajeros, es un miércoles más. Pero para decenas de familias, todavía no. Y es que hoy se cumple un mes del accidente ferroviario más grave de la última década en España.

El siniestro, ocurrido el pasado 18 de enero dentro del término municipal de Adamuz (Córdoba), dejó 46 fallecidos y centenares de heridos —siete de los cuales todavía siguen hospitalizados— tras la colisión entre dos trenes de alta velocidad, un Alvia y un Iryo. Personas que volvían a sus casas, con planes de futuro que se quedaron en esas vías de tren, familiares que nunca se despidieron, y un día de cumpleaños que no se llegó a celebrar.

Después, comenzaron las investigaciones. El análisis inicial elaborado por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios señala que la causa más probable del siniestro habría sido la fractura de un carril antes de que pasara el tren Iryo. Según esta hipótesis, el daño en la vía provocó el descarrilamiento de los últimos vagones del tren de la compañía italiana, que terminaron invadiendo la vía contraria y con los que colisionó, apenas 20 segundos después, un tren Alvia que circulaba en sentido contrario.

Aunque podrían pasar varios meses hasta saber realmente qué fue lo que ocurrió, los allegados de las víctimas tienen claro que no pararán hasta que el caso quede resuelto. “Somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad”, señaló Liliana Sáenz, hija de Nati de la Torre, una de las fallecidas en el accidente, durante el funeral por las víctimas celebrado el pasado 29 de enero en Huelva, y añadió que “solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”.

Liliana Sáenz, hija de una
Liliana Sáenz, hija de una de las víctimas onubenses del accidente de Adamuz, interviene en la misa funeral junto a su hermano Fidel en nombre todas las víctimas. (CLARA CARRASCO/EUROPA PRESS)

“La llamada que no se hace, se queda sin hacer”

Fue Liliana la elegida para hablar como portavoz en el homenaje a las personas que perdieron la vida en Adamuz, que en ese momento eran 45. Dos semanas después, el 30 de enero, murió una mujer de 42 años que estaba ingresada en la UCI del hospital Reina Sofía de Córdoba, aumentando el número de víctimas. Durante su intervención, Liliana Sáenz, visiblemente emocionada, recordó que a todas las familias de los fallecidos “se les paró el reloj a las 19:40 horas de aquella fatídica tarde”. Para ellos, el tiempo se quedó suspendido tras el accidente.

Después, Liliana mencionó también el momento en que las familias comenzaron a asumir la tragedia, y aludió a aquel centro cívico en el que todos se reunieron y donde “el paso del tiempo se iba inundando de silencio, y el silencio iba dejando paso al llanto” conforme avanzaban las horas y crecía la certeza de que regresarían a casa sin sus seres queridos.

La portavoz puso también voz al sentimiento compartido por los familiares al afirmar que habían aprendido “con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer” y que “el beso que no damos es el que más recordamos”. Para terminar, Liliana dejó una reflexión sobre el valor irreparable de la pérdida, y aseguró que todos y cada uno de los miembros de las familias afectadas “cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan solo 20 segundos”.

Vivir después del accidente

Un mes después, no solo las familias buscan respuestas. También quienes sobrevivieron al impacto intentan reconstruir minuto a minuto lo que ocurrió aquella tarde. Mario Samper, uno de los pasajeros del tren Alvia siniestrado, decidió dar un paso adelante para tratar de comprender qué pasó. En una entrevista concedida al 20 Minutos, el vecino de Mazagón (Huelva) explicó cómo, tras salir aturdido del vagón en el que viajaba, caminó junto a otro pasajero “por un camino angosto” para alertar a la Guardia Civil, que estaba en el Iryo, de que también había personas que necesitaban asistencia en el Alvia.

Personal de emergencia trabaja junto
Personal de emergencia trabaja junto a uno de los trenes involucrados en el accidente, cerca de Adamuz. (REUTERS/Susana Vera/Imagen de archivo)

Desde entonces, algunos supervivientes han decidido organizarse para acompañarse mutuamente y canalizar sus reclamaciones. Samper participa en una plataforma creada por afectados del tren siniestrado, con un objetivo claro: “Las víctimas somos las últimas que nos vamos a ir, vamos a estar aquí hasta el final para buscar la verdad de lo que ocurrió, depurar todas las responsabilidades, que nos pidan perdón por lo que nos han hecho y nos resarzan”, afirmó en esa misma entrevista.

La búsqueda de respuestas llega a los tribunales

Y es que, mientras las familias y los supervivientes tratan de recomponer sus vidas, no quieren que el accidente quede en el olvido. Por eso, el juzgado de esclarecer lo ocurrido en Adamuz ha recibido ya 34 denuncias presentadas por víctimas del accidente. A ellas se suman siete solicitudes de personación como acusación popular, cuya admisión todavía está pendiente de resolución. Cada documento añade una nueva pieza a un procedimiento que solo está empezando a tomar forma.

A partir de los partes médicos remitidos tras la tragedia, el tribunal ha abierto además 148 diligencias previas. Detrás de cada una hay una historia distinta: lesiones físicas que siguen tratándose, secuelas psicológicas que empiezan a salir a la luz, y familias que, poco a poco, entran en contacto con un proceso judicial desconocido hasta hace apenas unas semanas. Según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, a todos los afectados se les está ofreciendo la posibilidad de ejercer acciones legales mientras se ordena la causa.

El trabajo judicial se centra ahora en analizar las denuncias y decidir sobre la participación en el procedimiento de asociaciones, entidades y formaciones que han solicitado intervenir como acusación popular. Un engranaje jurídico que avanza con cautela, al mismo ritmo con el que se reconstruyen los hechos.

Viajeros en el vestíbulo de
Viajeros en el vestíbulo de la estación de trenes de Santa Justa de Sevilla esperando la salida de su tren. A 17 de febrero de 2026, en Sevilla (Andalucía, España). (Francisco J. Olmo / Europa Press)

Una causa judicial larga y compleja

Sin embargo, parece que el paso del tiempo se ha detenido en el lugar del accidente. En una finca cercana permanecen aún los tres vagones del tren Iryo que descarrilaron aquella tarde del 18 de enero. Siguen inmovilizados, precintados por la Guardia Civil y custodiados como una prueba esencial para esclarecer qué ocurrió en esos segundos que cambiaron decenas de vidas.

Desde la Fiscalía ya se anticipa que el camino será largo. La fiscal superior de Andalucía, Ana Tárrago, ha advertido de que la causa será “larga y compleja”, aunque ha subrayado el “empeño absoluto” del Ministerio Público para evitar retrasos y garantizar que “se investigue todo”. Tres fiscales —uno titular y dos de apoyo— trabajan ya de forma específica en unas diligencias coordinadas desde Córdoba y que se prevé que se prolonguen durante meses.