Una experta en marca personal analiza a la infanta Cristina nueve años después de su absolución del Caso Nóos: ”El perfil bajo ha sido su mejor aliado"

Ana Jiménez, experta en marca personal de autoridad, explica las consecuencias sociales que ha sufrido la infanta Cristina desde febrero de 2017

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La infanta Cristina llegando a los Juzgados de Palma por el Caso Noos (EFE).

El 17 de febrero de 2017 la Casa Real Española vivió un acontecimiento nunca antes visto. Ante una centena de medios y todo un país pendiente, Iñaki Urdangarin, marido de la infanta Cristina y por tanto cuñado de Felipe VI, era condenado por la Audiencia Provincial de Palma a 6 años y 3 meses de cárcel por delito continuado de prevaricación, fraude a la Administración Pública, tráfico de influencias y dos delitos contra la Hacienda Pública.

Aunque presentó un recurso ante el Tribunal Supremo, el exduque de Palma vio ratificada su condena e ingresó un año más tarde en un módulo de aislamiento en la prisión de mujeres de Brieva. Seis años después, Urdangarin, que acaba de publicar sus memorias Todo lo vivido, volvió a la libertad; sin embargo, ni su vida ni la de la infanta volvieron a ser la misma. A pesar de que la hija de Juan Carlos I fue absuelta de los cargos a los que se les acusaba, la opinión pública no les ha perdonado.

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Los periodistas que cubrieron la boda entre la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin en octubre de 1994, advirtieron el gesto serio del rey Juan Carlos. (IMAGEN DE ARCHIVO).

El divorcio de Urdangarin no fue suficiente para desligar a la hermana de Felipe VI del Caso Nóos. ”El caso Noós nos hizo muchísimo daño y mis prioridades eran volver a coger la sartén por el mango y quizás rodearme de gente y personas que me digan lo que tengo que oír", confesó él en su entrevista en Lo de Évole.

“Mi matrimonio es un precio que ha pagado esta situación, es como que la llama se ha ido apagando a medida que hemos sufrido todo este calvario”, se sinceró el campeón de balonmano con Jordi Évole. Además, calificó este episodio de su vida como “durísimo”: “Por mí, por ella, por los hijos, pero creo que es lo que tenía que hacer. Con ella la situación en ese sentido funcionó bien hasta que la situación se fue agotando y acabando”.

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La infanta Cristina llegando a los Juzgados de Palma por el Caso Noos (EP).

“Cortar la asociación tóxica es parte del proceso de reconstrucción”

Para la infanta Cristina, la sentencia significó una distancia total con la institución. Durante años, fue apartada de las funciones reales y Felipe VI decidió reducir la familia real a solo seis miembros: él mismo, la reina Letizia, sus dos hijas y los reyes eméritos. Ahora, con la distancia que pone el tiempo, hablamos con la experta en marca personal de autoridad Ana Jiménez, para evaluar qué supuso esta condena para la exduquesa de Palma.

“El desgaste fue real. Afectó de manera profunda, pues el vínculo indirecto a menudo pesa tanto como la responsabilidad directa en el imaginario popular. Aunque no seas la protagonista del delito, la sombra te alcanza”, explica Jiménez. No obstante, afirma que el divorcio “funcionó como un punto de inflexión simbólico”: “Fue el movimiento necesario para separar definitivamente su marca personal de la de Iñaki Urdangarin. Cortar la asociación tóxica es parte del proceso de reconstrucción”.

A pesar de que la hija del rey emérito fue absuelta de los delitos, la sociedad ya la había condenado. “Una absolución resuelve el plano legal, pero la reputación se rige por percepciones, no por sentencias. En la era digital, el daño mediático inicial es tan veloz y emocional que una sentencia años después no borra la huella. La reputación no se limpia con un titular de última hora; se reconstruye con una trayectoria impecable y sostenida en el tiempo, con coherencia diaria”, explica la experta en reputación.

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La infanta Cristina ante el tribunal para una audiencia, donde se enfrentan a varios cargos tras una investigación sobre la Fundación Deportiva Instituto Noos el 11 de enero de 2016 en Palma De Mallorca, España. (IMAGEN DE ARCHIVO)

Con mucha serenidad, la infanta Cristina se ha mantenido alejada de los focos tanto en su vida en Ginebra como en su posterior vuelta a España. Esta forma de pasar desapercibida, indica Ana Jiménez, ha sido su mejor baza: "El perfil bajo ha sido su mejor aliado, ha funcionado como amortiguador. En una crisis así, el silencio estratégico es casi siempre más inteligente que la sobreexposición. La discreción es un mensaje en sí mismo: transmite prudencia, respeto por la institución y madurez". Y destaca: “A veces, en comunicación, hacer menos es hacer mejor. La paciencia también es una herramienta de marca”.

De la misma manera que siempre se ha mantenido amable con la prensa, su entrada a los Juzgados de Palma dio mucho que hablar; sin embargo, no por su posición esquiva o fría, sino por todo lo contrario. "En comunicación pública, la gestión emocional es pura estrategia. Para una figura vinculada a la Corona, proyectar vulnerabilidad excesiva habría sido percibido como una pérdida de control. Mostrar un exceso de emoción habría generado otro titular: desbordada, superada... incluso ‘pillada’. La serenidad y la entereza transmite confianza en el sistema y reduce la sensación de caos“, explica la experta en marca personal.

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Un punto y aparte en la vida institucional

A pesar de la falta de condena para la hermana de Felipe VI, la entrada de Iñaki Urdangarin en prisión supuso un daño irreparable en la imagen que Casa Real mostaba al mundo. "La opinión pública internacional tiende a la generalización: asocia la conducta de un miembro con la integridad de toda la institución. Cuando una institución como la Corona aparece ligada a palabras como “investigación” o “delitos fiscales”, a nivel internacional, la reacción suele ser automática: si uno cae, cae el relato entero“, comenta Ana Jímenez.

No obstante, dentro de las fronteras, un proceso judicial de este calibre puede llegar a transmitir una mayor transparencia y cercanía con la ciudadanía. “El hecho de que la justicia actúe sobre figuras de tan alto perfil es una señal de fortaleza democrática. El mensaje que queda no es de debilidad, sino de madurez institucional: demuestra que en España no existen zonas blindadas. Una crisis mal gestionada erosiona. Una crisis con transparencia refuerza. El problema no es que se investigue; el problema sería que no se pudiera investigar”, explica la experta.