Silvia Severino, psicóloga: “Si no puedes olvidar es porque en el fondo sigues pensando que volverá”

Superar una ruptura sentimental, en muchos casos, depende del relato que se repite mentalmente sobre lo ocurrido y de la esperanza de reconciliación

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Superar una ruptura no solo
Superar una ruptura no solo depende del tiempo que transcurra, sino también del modo en el que se construye el relato que se repite mentalmente. (Freepik)

Cuando una historia termina, la persona atraviesa un proceso complicado a través del que tiene que reconfigurar de nuevo su confianza, sus expectativas y su plan de futuro. Superar una relación no es un proceso uniforme. Depende de la duración del vínculo, del grado de implicación, de las expectativas compartidas y de las circunstancias en las que se produjo la ruptura.

No es lo mismo una separación consensuada que un abandono inesperado. Tampoco impacta igual cuando existen hijos, proyectos comunes o una convivencia prolongada. Cada persona atraviesa su propio duelo y lo hace a un ritmo distinto.

En ese camino aparecen fases reconocibles: negación, tristeza profunda, enfado, intentos de negociación y, con el tiempo, aceptación. Pero no siempre el proceso avanza de forma lineal. A veces se estanca. Hay quienes, meses después, continúan revisando conversaciones antiguas, mirando redes sociales o imaginando escenarios alternativos en los que la historia habría podido terminar de otra manera.

La dificultad para superar una ruptura puede deberse a la idealización de la relación pasada, al recordar solo los momentos buenos y minimizar los conflictos; el miedo a la soledad, que puede llevar a aferrarse a la esperanza de una reconciliación incluso cuando no hay señales objetivas de que vaya a producirse, o la narrativa interna, es decir, el relato que cada persona construye sobre lo ocurrido.

Muchas personas son incapaces de
Muchas personas son incapaces de superar una ruptura porque siguen albergando la esperanza de una reconciliación. (Freepik)

“Si no puedes olvidar es porque en el fondo sigues pensando que volverá”, señala la psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico en TikTok) en uno de sus vídeos publicados en redes sociales. “Mientras existe esa idea, no vas a soltar”. La experta subraya que muchas personas creen haber cerrado la puerta cuando, en realidad, mantienen una expectativa latente. Esa posibilidad imaginada actúa como un hilo invisible que impide cortar del todo el vínculo.

Un proceso doloroso, pero liberador

En la era digital, bloquear a la expareja en redes sociales o eliminar su contacto se ha convertido en una medida habitual. Sin embargo, Severino relativiza su eficacia si no va acompañada de un cambio interno. “Bloquearlo no basta. El problema no está en el contacto, está en la historia que te sigues contando”. Así, aunque el contacto cero resulta fundamental en algunos casos, el verdadero anclaje a la otra persona puede producirse por el relato que se repite mentalmente.

Este suele adoptar la forma de hipótesis alternativas. “’No era el momento, podría cambiar, quizás más adelante’”. La psicóloga señala que este tipo de pensamientos funcionan como una negociación silenciosa de la realidad: mantienen viva la posibilidad de un futuro compartido y, con ello, aplazan el duelo. Mientras exista esa interpretación, la ruptura no se asume como definitiva.

La consecuencia es una prolongación del sufrimiento. La persona no termina de desprenderse, pero tampoco avanza. Se instala en una espera indefinida que dificulta reconstruir rutinas, abrirse a nuevas experiencias o simplemente recuperar la estabilidad emocional. La esperanza, en estos casos, no actúa como motor sino como freno.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Frente a esta dinámica, Severino propone un ejercicio de confrontación con los hechos. “La realidad es esta: Te mostró con hechos que no quería lo mismo”. La clave, insiste, está en observar el comportamiento del otro más allá de las palabras o de las promesas implícitas. Cuando una relación termina porque los proyectos no coinciden, aferrarse a lo que pudo ser impide ver lo que fue.

Aceptar esa discrepancia “duele, pero libera”. La psicóloga no minimiza el impacto emocional de reconocer que la otra persona no compartía las mismas intenciones. Sin embargo, sostiene que esa aceptación marca el inicio de una recuperación más sólida. Al abandonar la expectativa de retorno, se reduce la rumiación constante y se abre espacio para redefinir prioridades.

El proceso no consiste en borrar el pasado sino en resignificarlo. “Cuando cambies la forma de pensar, abres espacio para una nueva vida y para alguien que sí te elija”. El cierre no depende solo del tiempo transcurrido, sino del modo en que se interpreta la experiencia.