Estudian el cerebro de los monjes budistas para descubrir qué ocurre durante la meditación: la mente no se queda en blanco

Una investigación de científicos italianos y canadienses revela que meditar aumenta la actividad neuronal

Guardar
Un monje budista meditando (Freepik)
Un monje budista meditando (Freepik)

¿Cuántas personas son capaces de dejar realmente la mente en blanco? No pensar en el color blanco, no pensar en la palabra “nada”. Para muchos, esto es lo que significa la meditación, pero en realidad meditar no implica tener la mente en blanco, sino todo lo contrario: alcanzar un estado caracterizado por una mayor actividad cerebral. Esto es lo que acaba de revelar un estudio científico de la Universidad de Montreal de Canadá.

En ocasiones, la ciencia se ocupa de dimensiones de la realidad que pueden pasar más desapercibidas para la sociedad. En esta ocasión, un equipo de investigadores canadienses se propuso averiguar qué ocurría en el cerebro durante la meditación. Para ello recurrieron a unos participantes singulares, unos monjes budistas.

Los resultados del estudio, que fueron publicados en la revista Neuroscience of Consciousness, revelaron que meditar implicaba una profunda transformación en la dinámica de las neuronas, el aumento de la complejidad de la actividad cerebral y un ajuste en la “criticidad cerebral”, que es el punto de equilibrio entre el caos y el orden en el cerebro. El estudio, liderado por Karim Jerbi, profesor de psicología en la Universidad de Montreal, ha contado con la primera autora Annalisa Pascarella, del Consejo Nacional de Investigación de Italia junto con la colaboración de otros investigadores italianos.

Para llevar a cabo la investigación, los científicos escogieron a doce monjes que vivían en el monasterio Santacittarama a las afueras de Roma, quienes entre todos acumulaban una media de más de 15.000 horas de meditación. Durante este proceso mental, los investigadores analizaron sus cerebros para recoger una serie de datos.

Los resultados obtenidos por el equipo de Jerbi han comprobado que las dos técnicas de mindfulness (tanto Samatha como Vipassana) inducen cambios relevantes en la dinámica cerebral, pero lo hacen de manera diferenciada, sobre todo en lo concerniente a la criticidad. Este concepto, originario de la física estadística y trasladado a la neurociencia en las dos últimas décadas, alude a un equilibrio óptimo entre el orden y el desorden. Es, en palabras de los investigadores, la “zona ideal” del cerebro para que la actividad se desarrolle de manera eficiente.

Alimentación Saludable - Episodio 5

Meditar prepara al cerebro para adaptarse a nuevas situaciones

Jerbi ha precisado que “un cerebro que carece de flexibilidad se adapta peor, al tiempo que un exceso de caos puede desembocar en problemas como la epilepsia”. Ha añadido que “en el punto crítico, las redes neuronales alcanzan la estabilidad suficiente para transmitir información de forma fiable, pero mantienen la flexibilidad necesaria para ajustarse con rapidez a situaciones nuevas. Este equilibrio optimiza la capacidad de procesamiento, aprendizaje y reacción del cerebro”.

Acercarse a este estado de criticidad implica que el cerebro mejora sus funciones en términos de flexibilidad, eficiencia y capacidad de respuesta, aumentando habilidades como el cambio de tareas o el almacenamiento de información. Entre las dos técnicas, la meditación Vipassana es la que más acerca la dinámica cerebral a ese estado crítico, mientras que Samatha fomenta un estado más estable y enfocado. El equipo ha expresado que este trabajo ha permitido “documentar con una precisión sin precedentes lo que sucede en el cerebro meditativo y arrojar nueva luz sobre una tradición milenaria”, según declaraciones recogidas por Medical Xpress.