La economía española crece, pero las empresas frenan su gasto: el sector privado se estanca mientras la inversión pública crece casi un 50% desde 2019

El 40,8% de las empresas en España señala la incertidumbre política y regulatoria como el principal obstáculo para invertir, pese al fuerte crecimiento del PIB y la recuperación de beneficios

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Pedro Sánchez y Carlos Cuerpo. (Montaje Infobae)
Pedro Sánchez y Carlos Cuerpo. (Montaje Infobae)

La economía española crece con fuerza. El empleo marca máximos, el PIB avanza por encima de la media europea y los beneficios empresariales han recuperado e incluso superado los niveles previos a la pandemia. Sin embargo, bajo este escenario, se esconde una tendencia que empieza a preocupar a los economistas. Y es que las empresas invierten menos de lo esperado, teniendo en cuenta el favorable panorama económico actual. La economía va bien, pero la inversión productiva sigue sin despegar.

Esta es la principal conclusión de uno de los últimos análisis de Funcas sobre el comportamiento de la inversión privada en el actual ciclo expansivo. El estudio —realizado por Raymond Torres, director de coyuntura y análisis internacional de Funcas— señala que, pese al crecimiento económico y al impulso de los fondos europeos, la inversión productiva, que es la que amplía la capacidad de la economía y mejora su productividad, continúa estancada y no ha recuperado los niveles anteriores a la pandemia. En conjunto, el esfuerzo inversor se sitúa en torno al 14,8% del PIB, una cifra prácticamente idéntica a la de hace cinco años y claramente inferior a la de otras economías avanzadas.

El contraste es aún más llamativo si se observa el comportamiento tan distinto del sector público y del privado. Mientras que la inversión pública ha aumentado con fuerza en los últimos años, incrementándose casi un 50% entre 2019 y 2025 en términos reales, impulsada por el programa Next Generation, la inversión de las empresas privadas ha retrocedido en términos reales desde 2019. En decir, que el Estado ha pisado el acelerador, pero las empresas mantienen el freno puesto. Y eso, pese a que uno de los objetivos centrales de los fondos europeos era precisamente generar un “efecto tractor” que animara a la iniciativa privada a invertir más.

La inversión ya no acompaña al crecimiento

Además, lo que está ocurriendo en España rompe con una regularidad histórica. En los ciclos expansivos anteriores, la inversión privada solía crecer más rápido que el PIB, amplificando el crecimiento. Pero, esta vez, no ha sido así. En los últimos años, la economía ha avanzado con fuerza, pero la inversión empresarial lo ha hecho a un ritmo más lento. El resultado es que el PIB ya se sitúa claramente por encima del nivel prepandemia, mientras que la inversión privada sigue rezagada.

Gráfica sobre la inversión pública y privada a precios constantes. (Funcas)
Gráfica sobre la inversión pública y privada a precios constantes. (Funcas)

Una primera explicación podría apuntar a la falta de rentabilidad o a dificultades de financiación. No obstante, el análisis de Funcas descarta ambas hipótesis como causas principales. Los beneficios empresariales, una vez descontados los impuestos y las cargas financieras, han mejorado notablemente tras la pandemia. Además, España sigue atrayendo inversión extranjera directa en proporciones elevadas, lo que sugiere que, desde fuera, el tejido productivo se percibe como competitivo y con potencial de crecimiento.

La incertidumbre empuja a las empresas a ahorrar

La clave está en otro factor más intangible, y es la incertidumbre. Tras años marcados por la pandemia, la guerra de Ucrania, el repunte de la inflación, el endurecimiento de las condiciones financieras y las tensiones geopolíticas, muchas empresas han optado por una estrategia defensiva. En lugar de invertir para crecer, prefieren acumular liquidez, reforzar balances y reducir su deuda. Este comportamiento de “sobreahorro”, como señala el estudio, se está notando especialmente en España y se traduce en empresas financieras más sólidas, pero también más reacias a asumir riesgos a largo plazo.

Y ese miedo a qué ocurrirá en un futuro no es solo una percepción de los análisis macroeconómicos, sino que las empresas lo confirman. El Estudio de Clima Empresarial 2025 de la Cámara de Comercio de España reveló que el 40,8% de las empresas encuestadas identificaron la incertidumbre política y regulatoria como el principal riesgo para la economía, por delante incluso de otros factores como los costes energéticos o la situación internacional. Aunque, a pesar de esto, la mayoría mantiene unas expectativas positivas para 2026 y confían en que la economía siga creciendo, pero dudan a la hora de comprometerse con inversiones importantes.

Gráfica del sobreahorro de las empresas españolas. (Funcas)
Gráfica del sobreahorro de las empresas españolas. (Funcas)

De igual manera, esa incertidumbre no afecta a todas por igual. Pesa especialmente sobre las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la mayor parte del tejido productivo español. Estas compañías suelen tener menos margen financiero, mayor dependencia del crédito bancario y menos capacidad para adaptarse a cambios regulatorios o administrativos. Así, cualquier señal de inestabilidad normativa, retrasos en la ejecución de los fondos europeos o falta de previsibilidad en la política económica actúa como un potente desincentivo para la inversión.

Sin inversión, el crecimiento tiene fecha de caducidad

Este no es un problema pequeño. La inversión productiva es un ingrediente clave para mejorar la productividad, incorporar nuevas tecnologías y sostener el crecimiento a medio y largo plazo. Sin ella, la economía puede mantener un buen ritmo durante un tiempo, pero corre el riesgo de agotar su impulso. Además, el retraso inversor dificulta que los fondos europeos desplieguen todo su potencial transformador, especialmente en ámbitos como la industria, la digitalización o la transición energética.

En este sentido, el diagnóstico de Funcas apunta menos a la necesidad de nuevos estímulos, y más a la de generar un entorno de mayor confianza. Reducir la incertidumbre, simplificar los procedimientos administrativos, aportar estabilidad regulatoria y facilitar el acceso a la financiación diversificada, sobre todo para las pymes, son los factores que se necesitan para que la inversión privada vuelva a desempeñar el papel que le corresponde en una economía en expansión.

Declaraciones de Cuerpo sobre la mejora de las predicciones del FMB sobre la economía española (EFE)

Al final, el crecimiento de España se apoya más en el consumo, el empleo y la inversión pública que en la apuesta de las empresas por el futuro. Solucionar esta situación será clave para determinar si el actual ciclo expansivo se traduce en un crecimiento duradero o se queda en una oportunidad parcialmente desaprovechada.