
El domingo pasado, por la mañana, una de las hermanas salió a pasear por el jardín del monasterio de las Clarisas de Cormontreuil (noreste de Francia). Todo parecía en calma, hasta que una ventana rota y los trozos de vidrio esparcidos por el suelo delataron lo ocurrido durante la noche. Alguien había entrado.
De inmediato, la hermana Annick, responsable del jardín, se dirigió al cobertizo. Al abrir la puerta, la certeza fue inmediata. “Vi que todas las herramientas habían desaparecido”, recordó en el medio France 3. El robo había tenido lugar entre la noche del sábado 17 y la madrugada del domingo 18 de enero.
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Ante el golpe, Annick optó por el humor para amortiguar el impacto entre sus compañeras. “Les grité que me habían dado de baja temporalmente”, bromeó. Detrás de la sonrisa, la interrupción de la vida cotidiana era total: cerca de un centenar de herramientas esenciales habían desaparecido.

Un robo hecho por profesionales
Los ladrones actuaron con precisión. “Sierras, tijeras de podar, palas, horcas, azadas, picos, mazos. El cuchillo de desherbar era el que más usaba”, enumeró la hermana. “Había un centenar de herramientas diferentes y variadas”, añadió. Registraron el cobertizo de arriba a abajo, volcaron cajas y se llevaron incluso un cubo lleno de guantes. Solo dejaron atrás lo que no cabía por la ventana: la desbrozadora, el tractor y las carretillas.
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Para acceder al recinto, los intrusos cortaron la valla a lo largo del seto, rompieron ramas y entraron por la parte trasera del jardín. “Luego rompieron una ventana para entrar al cobertizo donde se guardaban las herramientas”, explicó Annick. También forzaron la puerta de otro cobertizo y robaron gasolina.
La comunidad, formada por 27 hermanas Clarisas, presentó una denuncia formal. Además, no se habla de miedo, sino de continuar. Recuperar las herramientas y volver al jardín y retomar una vida sencilla basada en la rutina y la ayuda de los demás.
Un gesto solidario
El robo llegó en un momento delicado. El invierno es temporada de poda de manzanos y perales. “Tenemos un suelo muy duro, así que necesitamos herramientas resistentes”, señaló la hermana. Muchas de las herramientas robadas eran antiguas, gastadas por años de uso, pero indispensables para el trabajo diario del monasterio.
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Durante la misa dominical, el robo fue mencionado ante los feligreses. Y en la puerta principal había un mensaje donde se podía leer: “Si tienen herramientas de jardinería que ya no usen, sería de gran ayuda”. La respuesta no tardó. “Esta mañana alguien vino y nos trajo una pala, una azada y unas tijeras de podar”, contó Annick. “Esperamos más. Quienes ya no usen sus herramientas serán bienvenidos”.
Pero este caso se inscribe en un contexto más amplio. En Francia, los robos en los edificios religiosos van en aumento. Según la Gendarmería Nacional, los robos de objetos litúrgicos pasaron de 633 en 2022 a 820 en 2024. “Estos artículos se venden al peso del metal”, dijo Laurent Desse, presidente de la Sociedad de Expertos en Arte y Antigüedades al diario TF1. “Con los precios actuales, son muy codiciados”, sentenció.
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