
Durante décadas, el amor ha sido contado como una historia universal: una experiencia que se supone que debería vivirse de una sola manera y conducir a un mismo destino. Sin embargo, la realidad de las relaciones es mucho más compleja, diversa y, a menudo, contradictoria. No todas las parejas sienten igual, no todas atraviesan los mismos conflictos ni disponen de las mismas herramientas para afrontarlos. Aun así, ciertas narrativas que prometen algunas relaciones.
En este terreno emocional cargado de expectativas, los mitos del amor romántico siguen funcionando como un marco invisible que condiciona cómo se interpretan los vínculos afectivos: ideas heredadas del cine, la literatura o la educación sentimental que, lejos de ayudar, pueden convertirse en una fuente constante de frustración. Se habla de medias naranjas, de sacrificios absolutos, de pasiones que justifican cualquier daño, pero ¿qué ocurre cuando esas promesas no se cumplen?.
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Cada vez más profesionales de la psicología alertan de que estas creencias no solo no reflejan la realidad de las relaciones, sino que pueden erosionarlas desde dentro. El problema no es amar, sino hacerlo bajo reglas que no admiten fallos, conflictos ni negociación.

“Hablemos de los mitos del amor romántico. El amor romántico es esta idea que a todos nos enseñaron sobre cómo es y cómo debe ser una relación de pareja”, explica el psicólogo Pablo Emilio Gutiérrez en sus redes sociales (@pablotupsicologo). Según señala, no se trata únicamente de un ideal aspiracional, sino de un modelo normativo que provoca que, si no se cumple la expectativa, pensemos que la relación no funciona.
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Esta rigidez es, precisamente, una de las claves del problema. Gutiérrez subraya que estas creencias se sostienen sobre bases poco realistas: “Estas ideas no son sostenibles para una relación de pareja o incluso la idea misma, en lugar de ayudar, termina afectando más a la persona o a la relación”.
“El amor todo lo puede”
Uno de los más extendidos es el que asegura que el amor es capaz de superar cualquier obstáculo. “‘El amor todo lo puede’. Todos hemos escuchado esto”, apunta el psicólogo. La frase, repetida como un mantra, encierra una lógica peligrosa: “Básicamente, es que, cuando hay problemas en una relación, si hay amor, todo se resuelve; que es más importante que haya amor en esta relación a que desaparezca el problema”.
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Esta idea es un mito por dos razones principales. En primer lugar, “nos lleva a dudar”: “Si hay problemas en esta relación, significa que no hay suficiente amor y, por tanto, no va a funcionar”. El resultado es una fragilidad extrema del vínculo: “Esto nos lleva casi a terminar una relación ante cualquier problema”.
La segunda razón es aún más preocupante, porque normaliza el daño. “Nos lleva a tolerar cualquier problema”, explica Gutiérrez. Cuando el amor se coloca por encima de todo, incluso del bienestar personal, se abre la puerta a situaciones graves, ya que puede llevar a afectar mucho a uno mismo o a la relación en sí.
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Además, creer que el amor actúa como una solución mágica tiene otra consecuencia silenciosa: la inacción. “Por creer que el amor todo lo puede, dejamos de enfocarnos en cómo se resuelve el problema”, señala el psicólogo. Sin diálogo ni acuerdos, la relación se estanca. Frente a la idealización, Gutiérrez propone una mirada más realista y cuidadosa. “El amor romántico puede sonar muy bonito, pero es más importante buscar y trabajar en una relación que sea sostenible y que busque que te sientas bien”.
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