
En una sociedad en la que recibimos estímulos constantemente, es difícil no compararse con el resto de personas. Vivimos rodeados de noticias, redes sociales, y ejemplos ajenos que parecen mostrarnos cómo deberíamos ser, vestir o vivir. Esa exposición continua hace que muchas veces perdamos de vista nuestro propio ritmo y olvidemos que cada persona tiene un camino y un proceso distinto.
Por este mismo motivo, la psicóloga Silvia Severino ha decidido subir un vídeo a su cuenta de TikTok (@silviaseverinopsico) en el que profundiza sobre esta cuestión. “Si te exiges el doble o piensas que has tenido suerte, seguramente tengas el síndrome del impostor”, explica la especialista.
El síndrome del impostor describe un conjunto de pensamientos y emociones que llevan a una persona a sentir que no está a la altura de sus logros. Quienes lo experimentan suelen minimizar su talento, atribuir sus éxitos a factores externos y vivir con la sensación de que, en algún momento, los demás descubrirán que no son tan capaces como aparentan.
Cómo descubrir si tienes el síndrome del impostor
Aunque este fenómeno psicológico puede pasar desapercibido al principio, existen comportamientos y pensamientos recurrentes que permiten identificarlo con facilidad. Una de las señales más habituales es atribuir los propios logros a factores externos. En lugar de reconocer el esfuerzo, la preparación o la dedicación invertida, la persona tiende a pensar que todo se debe al azar o a circunstancias favorables y no a sus capacidades reales.
Otra característica frecuente es la dificultad para aceptar elogios. Cuando alguien reconoce un buen trabajo, quien lo padece suele restarle importancia o justificarlo como algo menor, evitando asumir mérito personal. A esta tendencia se le suma el temor a ser evaluado. Muchas personas viven con la sensación de que, tarde o temprano, alguien notará una supuesta falta de conocimientos o habilidades, lo que genera ansiedad y un sentimiento constante de amenaza.
El perfeccionismo también aparece como un patrón común. Para sentirse válidos, estos individuos se obligan a trabajar más o mejor que el resto, convencidos de que nunca hacen lo suficiente. El resultado es un ciclo agotador de autoexigencia, donde alcanzar metas no produce satisfacción, sino más presión.
Por último, la comparación constante con otras personas alimenta estas creencias. Al observar solo el resultado visible de los demás, y no el proceso, el esfuerzo o los errores que hubo detrás, surge la idea de que no se está a la altura. Identificar estas señales puede ser un primer paso para romper el círculo y empezar a construir una autopercepción más sana.
Cómo mejorar tu autoestima
Superar la sensación de no ser suficiente requiere cultivar una relación más amable con uno mismo. Un primer paso es reconocer los logros personales, por pequeños que parezcan, y permitir que generen orgullo en lugar de dudas. También es útil cuestionar los pensamientos negativos automáticos y sustituirlos por mensajes más realistas y compasivos.
Establecer objetivos alcanzables y ser consciente del progreso ayuda a reforzar la percepción de capacidad. Limitar la comparación con otras personas y centrarse en el propio camino también marca la diferencia. Finalmente, pedir apoyo cuando sea necesario, ya sea a amigos, familiares o profesionales, contribuye a construir una autoestima más sólida y estable.
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