El mundo enfrenta en la actualidad una larga y creciente lista de problemas, y un gran porcentaje de ellos convergen en un mismo punto: la emergencia climática. La pérdida de biodiversidad, el aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar o el derretimiento de los polos son todos signos de un planeta en declive que sufre las consecuencias de la actividad humana.
En este sentido, corremos el riesgo de perder un patrimonio de valor incalculable: el hielo de los glaciares, que contiene entre sus capas una ingente cantidad de datos relacionados con los eventos climáticos y ambientales del pasado, incluso de hace milenios.
A medida que estos se pierdan —un proceso que ha ganado una sorprendente velocidad en las últimas décadas; de hecho, desde el 2000 el hielo de los glaciares se ha reducido entre un 2 y un 39% a nivel regional y cerca de un 5% en todo el mundo—, desaparecerá también la posibilidad de estudiarlos, algo que resulta fundamental para comprender cómo funciona el cambio climático y anticipar escenarios futuros.

Para evitarlo, la Fundación Ice Memory ha construido en la Estación Concordia, en la Antártida, el Santuario de la Memoria del Hielo, una “cápsula del tiempo” dedicada a la preservación a muy largo plazo (décadas y potencialmente siglos) de núcleos de hielo extraídos de glaciares de montaña de todo el mundo.
Su inauguración ha tenido lugar este miércoles. En un evento en vivo desde la estación franco-italiana y online, la Fundación Ice Memory y sus socios fundadores —el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), la Universidad Grenoble Alpes (Francia), el Consiglio Nazionale delle Ricerche (CNR) y la Universidad Ca’ Foscari de Venecia (Italia)—, así como otras organizaciones como la UNESCO o el príncipe Alberto II de Mónaco —presidente honorario de Ice Memory y cuya fundación filantrópica ha financiado el proyecto—, han resaltado la importancia del Santuario para la humanidad en su conjunto.
Santuario de la Memoria del Hielo: un refugio para los glaciares
El Santuario de la Memoria del Hielo se trata de una cueva excavada en las capas compactas de nieve, a unos 5 metros por debajo de la superficie, con una temperatura cercana a -52 grados durante todo el año, lo que garantizará que las muestras estén protegidas de las variaciones ambientales y la contaminación.

Los dos primeros archivos de hielo que se encuentran actualmente en el Santuario provienen de los glaciares en peligro de extinción de los Alpes. Estos núcleos fueron extraídos del Mont Blanc (Col du Dôme, Francia, en 2016) y del Grand Combin (Suiza, en 2025) y su viaje hasta la Antártida —como parte de la 41.ª campaña del Programa Nacional de Investigación Antártica de Italia (PNRA)—, a bordo del rompehielos italiano de investigación Laura Bassi, duró más de cincuenta días.
Hasta su destino, fue necesario que las muestras (1,7 toneladas de hielo) cruzasen el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico, el océano Austral y el mar de Ross, un trayecto operado por el Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Aplicada (OGS). El 7 de diciembre de 2025 llegaron a la Estación Mario Zucchelli, y a la Estación Concordia lo hicieron en un vuelo especial posibilitado por la Agencia Nacional Italiana para la Nueva Tecnología, Energía y el Desarrollo Económico Sostenible (ENEA). El avión no tenía calefacción en la cabina de carga para evitar que el hielo se descongelase.
Estas no son, sin embargo, las únicas muestras que compondrán el Santuario de la Memoria del Hielo. Desde 2015, la Fundación Ice Memory ha llevado a cabo 10 perforaciones de núcleos de hielo en todo el mundo: en los Andes, en la montaña boliviana de Illimani; en el Cáucaso, en el Monte Elbrús, Rusia; en la Cordillera del Pamir, en Tajikistán, la última de sus expediciones, o en el archipiélago Svalbard, en el mar Glacial Ártico, entre otros.
Se espera que en los próximos años estas muestras acompañen a las de los Alpes en la Antártida. Desde Ice Memory saben que su meta es “ambiciosa”, como ha señalado en la inauguración del proyecto Carlo Barbante, vicepresidente de la Fundación, profesor de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y miembro asociado senior de CNR-ISP: 20 glaciares en 20 años.
Para ello, resulta fundamental que otras naciones organicen y apoyen nuevas campañas de perforación en glaciares amenazados. La urgencia en este sentido es clave, pues estos registros están abocados a su desaparición en los próximos años o décadas, ante el avance del aumento de las temperaturas.
Un registro del clima del pasado en peligro de extinción
Los glaciares son testigos de un tiempo pasado, un tesoro de valor incalculable que nos permite conocer cómo era el clima hace siglos o milenios. Y es que entre el hielo se quedan atrapados gases, ácidos, metales pesados, radiactividad e isótopos de agua que revelan variaciones en las temperaturas, concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, emisiones naturales de aerosoles o contaminantes producidos por la sociedad humana, entre otros.

Este rastreo de la evolución climática y ambiental pasada permite comprender si los cambios actuales son excepcionales y anticipar posibles escenarios futuros. De hecho, tal y como han destacado desde la Fundación Ice Memory, el estudio de los núcleos de hielo ha contribuido en la toma de decisiones políticas, especialmente a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
“Al resguardar muestras físicas de gases atmosféricos, aerosoles, contaminantes y polvo atrapados en capas de hielo, la Fundación Ice Memory asegura que las futuras generaciones de investigadores podrán estudiar las condiciones climáticas pasadas usando tecnologías que quizás aún no existen”, señala Barbante.

Además, para garantizar que este archivo de hielo continúe siendo accesible como un legado común y duradero para la humanidad, con transparencia, ética, equidad y únicamente criterios científicos, se establecerá un marco internacional de gobernanza en la próxima década —designada como el Decenio de Acción de la ONU para las Ciencias Criosféricas—. “Para que estos núcleos sirvan a la ciencia dentro de un siglo, deben ser gestionados como un bien común global”, ha señalado Thomas Stocker, climatólogo suizo, catedrático emérito de Física del Clima y del Medio Ambiente en la Universidad de Berna y presidente de la Fundación Ice Memory.
La directora Anne-Catherine Ohlmann, por su parte, ha incidido en la importancia del proyecto, así como la urgencia de preservar estos registros. “Somos la última generación que puede actuar. Es una responsabilidad que compartimos todos. Salvar estos archivos de hielo no es solo una responsabilidad científica, es un legado para la humanidad”.
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