Pedro, un hombre de 50 años, lleva tres años durmiendo en un banco de la calle: “Con menos de cinco grados sigo durmiendo al aire libre”

Vecinos y paseantes frecuentes le ayudan como pueden

Guardar
Lleva tres años durmiendo en
Lleva tres años durmiendo en un banco de la calle. (Cedida)

Pedro, un hombre de 50 años y residente de Dordrecht (suroeste de Países Bajos) lleva durmiendo en un banco de Wantijpark durante más de tres años. Otras, directamente en el suelo. Muchas noches sin manta ni saco de dormir. Y aun así, sus declaraciones fueron sorprendentes: “No me importa tanto dormir al aire libre. Pero fue una idea navideña tan bonita”.

Algunas noches apenas logra conciliar el sueño. “Anoche solo dormí dos horas, dos veces”, confiesa al medio neerlandés AD. Cuando su rincón habitual está ocupado, deambula por el parque en busca de otro sitio para pasar la noche. “No es lo ideal. Pero por suerte no hace frío ahora”, relata. Incluso cuando el termómetro baja de forma considerable, él está fuera. “Con menos de cinco grados sigo durmiendo al aire libre, siempre que tenga ropa de abrigo”, dice.

A principios de diciembre consiguió prendas en un banco de ropa. “La tenían buena allí”. Y también ha recibido ayuda para conseguir gafas nuevas, después de que se le rompieran noches atrás mientras dormía. “Llevo semanas sin ellas; apenas veo nada en la bici por la noche”, explica.

Una Navidad diferente frustrada

La esperanza de dejar la intemperie surgió en verano. En el parque conoció a una mujer, Jacqueline, quien paseaba frecuentemente con su perro, Senna. Ella, que se desplaza en silla de ruedas eléctrica tras un accidente ocurrido hace siete años, le ofreció alojarse en su casa a finales de noviembre. La mudanza estaba prevista para finales de noviembre, pero las obras se han pospuesto dos veces, esta última para finales de enero.

“Es una pena”, reconoce Pedro. “Me había imaginado una Navidad muy diferente”. La promesa de un hogar se había convertido en una cuenta atrás emocional: “De hecho, llevaba contando los días desde el verano”. Se imaginaba lo cotidiano. “Ducharme cada día, dormir en una cama normal, tener una habitación propia, privacidad y un techo encima”, señala.

La Navidad tiene para él un valor especial. Pedro es originario de Gorinchem (más al centro del país) y llegó a Dordrecht en 2010, tras la muerte de su madre. “Tenía una buena relación con ella. Le encantaba la Navidad y siempre la celebrábamos juntos con una gran cena en familia”, recuerda. Por eso, “fue una idea navideña tan bonita”, concluye.

Pedro lleva tres años durmiendo
Pedro lleva tres años durmiendo en el parque. (David Zorrakino/Europa Press)

Una estufa para cocinar

Jacqueline explica por qué decidió ayudarlo: “Si puedo ayudar a alguien, ¿por qué no lo haría? Además, Pedro también me ayuda, cocinando y paseando al perro. También me quita un peso de encima”.

Aunque todavía no pueda mudarse, Pedro ya se imagina la vida en su futura casa. “Estaré con Jacqueline y su esposo Eric. Me encanta cocinar”, dice con entusiasmo. Tiene claro el plato estrella: “A Jacqueline le encanta mi panceta de cerdo con patatas especiadas. Se la preparo. O panceta de cerdo, que también le gusta”. Esta Navidad la han pasado juntos, aunque de forma sencilla, con una única estufa eléctrica para cocinar.

En el Wantijpark es un rostro conocido. Vecinos y paseantes lo ayudan como pueden. Le guardan muebles, le ofrecen asistencia médica y ánimo. “El otro día alguien se me acercó, me dio un puñetazo amistoso y me dijo: ‘¡Aguanta! Hasta que llegues a tu nuevo hogar’”, cuenta. También, algunos vecinos buscan un dentista más económico para poder arreglarle la dentadura. “Solo me faltan tres dientes, pero están en muy mal estado. Todo esto me viene de maravilla”, sentencia.

Con la mirada hacia el futuro

Los últimos meses han traído cambios. Encontró trabajo en un centro de clasificación de DHL, aunque tuvo que dejarlo. “Subestimé la carga de trabajo. A menudo era de tres de la tarde a dos de la mañana. Dormía muy mal. No fue un éxito”, admite. Ahora acude a los servicios sociales en busca de un nuevo empleo.

No obstante, su sueño sigue montar un servicio de paseo de perros. “Al menos diez personas ya se han inscrito conmigo. Y alguien incluso se ofreció a crearme una página web”. Mientras espera enero y la ansiada mudanza, Pedro seguirá durmiendo bajo el árbol del Wantijpark. “Claro que no es divertido”, concluye. “Pero siempre estoy tranquilo y sereno. Ya me alegra que haya una fecha definitiva. Durante mucho tiempo eso fue incierto”.