
Gabriel es agente de la Policía Nacional en Murcia y con más de 19 años de carrera, acumula 35 menciones y condecoraciones. Una carrera ejemplar que, sin embargo, se puede ver truncada por un desafortunado suceso, una agresión sufrida por un ‘rider’ mientras estaba fuera de servicio, y que podría precipitar su jubilación.
Los hechos ocurrieron el 22 de noviembre de 2025 por la noche, cuando el agente viajaba en su coche junto a su madre de 65 años. Sobre las 20:30 transitaba por la Avenida Santa Catalina, cuando una motocicleta se saltó un ceda el paso junto delante suyo, obligando a Gabriel a pitarle para “evitar un accidente”, según relata la denuncia presentada por el afectado en comisaría a la que ha tenido acceso Infobae.
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La moto le adelanta y le cierra el paso, indicándole que se pare en la misma calle. El motorista, un ‘rider’ que acababa de cumplir hace apenas un mes los 18 años se baja dirigiéndose al vehículo. El agente fuera de servicio se baja en respuesta y puede “observar que la forma de actuar del conductor era bastante agresiva“, por lo que mantiene la distancia para ”evitar una agresión“.
Sin embargo, eso no pudo evitar la agresión y el joven le golpeó con el casco, que portaba en la mano derecha, alcanzándole en el ojo izquierdo y hundiéndoselo unos milímetros. Tan solo unos segundos, que fueron suficientes para que Gabriel estuviera ingresado en el hospital desde el 23 hasta el 28 de noviembre, donde le tuvieron que operar, y actualmente sufre de una diplopía, que le produce visión doble en ese ojo, y tendrá que esperar a someterse a una revisión en seis meses.
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No puede sufrir más golpes en ese ojo
“Gabriel se ha preparado con los Zetas, ha estado en asaltos y no se esperaba para nada eso”, relata su abogado, Valentín Fernández y añade que el afectado actualmente está preocupado por si, con 47 años, va a tener que jubilarse por el golpe.
“El problema es que le han puesto una placa ahí en la intervención en el ojo, por lo que no puede sufrir ningún impacto más en el ojo, porque esa placa haría como ‘guillotina’ y perdería directamente el ojo”, denuncia el letrado.
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Sin embargo, abogado y representado lo tiene claro y no van a descansar hasta conseguir que se haga justicia. “Al final esto es un delito de lesiones agravado, porque, ya hay jurisprudencia, en la que se puede declarar el casco como un arma”, explica.
“Aquí el chaval se está jugando prisión y todo depende de como sea la resolución médica. Si se queda la diplopía permanente, podría estar barajando una pena de seis a doce años de cárcel, dependiendo de la gravedad de lo que digan los informes médicos, que van para largo”, asegura el abogado.
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A la espera de la evolución médica y de que la justicia determine las responsabilidades penales, Gabriel afronta de esta manera el que quizás se el momento más incierto de su vida profesional y personal. Un solo altercado, totalmente inesperado, que sin embargo podría acabar con su carrera dentro del cuerpo.
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