Una mujer de 91 años tiene que cerrar su negocio porque no sabe utilizar el ordenador: “Me hubiera encantado seguir”

Christiane deja su tienda por las exigencias administrativas que la obligan a realizar trámites digitales

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Mujer mayor no sabe usar
Mujer mayor no sabe usar las tecnologías (Adobe Stock)

Una mujer de 91 años cierra el negocio que ha regentado toda su vida. Tras más de cinco décadas al frente de su tienda de ropa en el barrio de Houthulst, en Bélgica, Christiane dice adiós por culpa de una nueva exigencia administrativa belga que le obliga a no poder hacerse cargo de ella: la adaptación a la facturación electrónica.

Ni el agotamiento físico, ni el deseo de retirarse, ni la edad es lo que ha conseguido que Christiane deje de estar al frente de su tienda. Sí lo hizo la adaptación al mundo digital y a las nuevas tecnologías. Desde el 1 de enero de 2026, todos los pequeños comercios independientes de Bélgica deben tener facturación electrónica.

La resistencia de la mujer no proviene de la falta de voluntad, sino de la imposibilidad de familiarizarse con las herramientas digitales exigidas para estas gestiones profesionales. Según ha recogido el diario 7sur7, Christiane pone de manifiesto los obstáculos a los que deben enfrentarse algunos comerciantes más veterano.

Dificultades administrativas y adaptación tecnológica

Según el diario, la obligatoriedad de realizar trámites y gestiones administrativas de forma digital han sido el detonante que ha forzado el cierre de este establecimiento de ropa que abrió hace más de 70 años. Christiane ha reconocido que no sabe manejar un ordenador y se ha visto sobrepasada por la digitalización, a pesar de que su motivación real era continuar al frente de su negocio. “Si hubiese habido otra forma, me habría gustado continuar”, ha explicado.

Desde principios del 2026, la normativa belga obliga a que la gestión de ciertas obligaciones, como el pago de facturas, las declaraciones administrativas o la interacción con entes oficiales, se realicen por internet. Sin embargo, son trámites que la generación de Christiane no está acostumbrada a realizar por este método, ya que cuando comenzó su carrera profesional los tiempos eran muy distintos y el salto digital ha sido inabordable para personas como ella.

La decisión del cierre ha generado una notable atención mediática y muestras de simpatía de clientes y residentes de la zona, que han mostrado su afecto, reconocimiento y preocupación hacia la comerciante. Por ello, durante su último día al frente de la tienda de ropa ha estado muy emocionada y ha admitido que piensa estar muy presente en el vecindario.

Brecha tecnológica entre los mayores

El caso de Christiane no es una excepción, ya que las personas mayores sufren una gran brecha tecnológica que les deja apartados del crecimiento tan rápido en el que está envuelta la sociedad. No son solo las redes sociales y las aplicaciones móviles, sino también realizan cualquier tipo de trámite sin saber manejar un ordenador y dependiendo, si pueden, de gente de su entorno.

Adultos tras separaciones apuestan por salidas diurnas para conocer gente, favoreciendo espacios recreativos novedosos. Estas alternativas permiten mantener hábitos saludables y ampliar círculos personales fuera de estrategias virtuales tradicionales.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España, el 80% de las personas entre 65 y 74 años usó internet en 2023, pero ese porcentaje se reduce al 40% entre quienes superan los 75 años.

La alfabetización digital es una necesidad básica para las personas mayores, que no solo corresponde a la edad, sino también a factores como la ubicación geográfica, el nivel educativo y la experiencia previa con la tecnología. Además, quienes delegaron tradicionalmente gestiones digitales en familiares encuentran mayores dificultades para adaptarse.

Las cifras publicadas por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad confirman que solo el 47,3% de los mayores entre 65 y 74 años tiene habilidades digitales básicas o inferiores. A pesar de los avances, muchas personas de la tercera edad aún usar las tecnologías sin un nivel suficiente de autonomía o de seguridad.

El reto principal es que la digitalización incluya a los mayores con seguridad y autonomía, asegurando su participación plena en una sociedad que avanza a ritmo tecnológico acelerado.