Ricardo Gil, empresario: “La gente sí que quiere trabajo, lo que no quieren son horarios abusivos y sueldos bajos”

Pone el foco en la responsabilidad de los empleadores para crear ambientes laborales dignos y retener talento

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Ricardo Gil, empresario, habla sobre
Ricardo Gil, empresario, habla sobre las condiciones laborales (Composición Infobae)

El punto de partida para repensar la relación laboral reside en un principio ineludible: el problema real de muchas empresas no está en la falta de trabajadores, sino en el entorno que ofrecen.

Las dificultades que enfrentan los empresarios para retener talento y formar equipos sólidos suelen tener su raíz en factores internos, como la organización de los turnos, el ambiente laboral y la percepción de justicia dentro de la empresa.

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Más que un déficit de mano de obra disponible, lo que se observa es una distancia entre lo que los trabajadores buscan y lo que efectivamente encuentran al incorporarse a una compañía. Las condiciones laborales, la posibilidad de crecimiento y el respeto por los derechos básicos resultan determinantes para que una persona decida permanecer o no en su puesto.

Así lo plantea en un vídeo subido a su cuenta de TikTok (@empresario_hostelero) Ricardo Gil, empresario, quien sostiene con contundencia: “¿La gente no quiere trabajar contigo? Tienes un problema muy importante”.

Sueldos bajos y horarios abusivos

Gil desarma la que considera una falsa premisa habitual en el debate social y empresarial. Desde su posición, afirma que el deseo de integrarse al mundo laboral existe. Lo que está en discusión es la calidad de las condiciones propuestas.

En sus palabras: “Porque la gente sí que quiere trabajo. Por supuesto que quiere trabajar y todos necesitamos trabajar. Lo que la gente no quiere son horarios abusivos, sueldos bajos que no les permite llegar a final de mes y todos esos rollos que estamos siempre con lo mismo”, plantea Ricardo Gil.

Un camarero exhausto en su
Un camarero exhausto en su trabajo (ShutterStock).

Explica que la insatisfacción no surge por falta de ganas de trabajar, sino por la ausencia de incentivos y la imposición de jornadas extenuantes que dificultan la conciliación familiar. Señala que estos impedimentos son producto, en última instancia, de elecciones empresariales equivocadas y que la solución exige un cambio profundo en la gestión.

Cuestiones como la flexibilidad horaria, el reconocimiento del esfuerzo y la transparencia en los ascensos aparecen como elementos clave para revertir la tendencia. Su diagnóstico no se detiene en la simple crítica.

Mensaje directo

Gil propone una hoja de ruta concreta y apela a la noción de dignidad como pilar central: “Lo que tienes que vender a tus empleados es dignidad y no indignidad, porque cuando vendes dignidad tienes empleados tan fieles que están-- van a estar toda la santísima vida contigo defendiéndote como tú defiendas a tus empleados. Ellos te van a defender a capa y espada, con lo cual vamos a vender dignidad”, declaró el empresario, subrayando la reciprocidad que surge del trato justo y las condiciones dignas.

Así es la ley sobre la jornada laboral actual: duración, pago de horas extra y descansos retribuidos.

Dirige su mensaje a los líderes empresariales que aún no reconocen este principio. El empresario advierte sobre una señal de alarma clara: “Si hay muchas personas que vienen a buscar empleo y nadie se queda contigo, mírate el ombligo, porque la indignidad la tienes tan sometida que no vas a ser capaz de crear equipo en la puñetera vida”.

En su testimonio, la persistencia de la rotación laboral es, ante todo, reflejo de una gestión desconectada de las necesidades y expectativas de sus propios trabajadores. Finalmente, Gil revela cómo este aprendizaje no fue inmediato para él. Reconoce: “Yo he aprendido, me costó mucho aprender, pero al final lo he conseguido. Si yo he podido, los demás también, queridos amigos”.