
Margarita Gómez-Acebo, también conocida como Margarita de Bulgaria, sopla 91 velas este 6 de enero. Una cifra que no solo celebra los años, sino la capacidad de convertir la adversidad en fortaleza, y de transformar la tragedia en una vida rica en afectos, familia y discreción. La historia de esta mujer tiene de todo, desde sombras de una infancia desgarradora y hasta las luces más brillantes por un amor que la sostuvo toda la vida.
Nació en España en pleno periodo de posguerra civil, pero su niñez estuvo marcada por pérdidas difíciles de imaginar. Sus padres, Manuel Gómez-Acebo y Modet, cuarto Marqués de Cortina, y María de las Mercedes Cejuela y Fernández, fueron asesinados en su finca familiar, ‘La Arboleda’, en Collado Villalba, cuando Margarita apenas tenía dos años. La tragedia no se detuvo ahí: poco después también fue asesinada su abuela materna, y la paterna murió en Francia, dejándola al cuidado de su tío, Juan Gómez-Acebo y Modet y su esposa. Crecer entre la incertidumbre y la ausencia de los suyos moldeó su carácter: fuerte, independiente y capaz de enfrentarse a los desafíos con serenidad.
A los 15 años regresó a Madrid y comenzó a construir una vida más estable en casa de su tío Jaime Gómez-Acebo, marqués de Deleitosa. Fue allí donde Margarita empezó a abrirse a nuevas oportunidades, y sobre todo, al amor que cambiaría su destino: Simeón de Bulgaria. Su historia con Simeón no fue sencilla. La diferencia de edad y de religión exigieron dos años de negociaciones entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa antes de poder casarse. La espera valió la pena: en 1962 celebraron su unión en tres ceremonias –católica, ortodoxa y civil– marcando el inicio de un matrimonio que ha perdurado más de cinco décadas.
Margarita, madre ante todo
La vida familiar se convirtió en el centro de su mundo. Madre de cinco hijos y abuela de 11 nietos, Margarita ha sabido combinar su papel de esposa y madre con la discreción que siempre ha caracterizado a la pareja. Incluso en los momentos más duros, como la muerte de su hijo, el príncipe Kardam, en 2008, Margarita permaneció firme, apoyando a Simeón y a toda la familia, mostrando una fortaleza que ha sido admirada por todos los que la conocen.
En la actualidad Margarita vive en Madrid, en un hogar amplio donde la familia se reúne a menudo. Lejos de los flashes de la prensa, disfruta de la tranquilidad de su vida cotidiana: paseos por el barrio, reuniones con sus hijos y nietos, y la satisfacción de ver cómo su familia prospera, manteniendo los valores y la educación que ella y Simeón siempre han defendido. Como afirmó una persona de su entorno en Mujer Hoy, Margarita es “una señora con una clase fuera de lo común, discreta y generosa, que no busca protagonismo y ayuda a quien puede sin alardes”.

Tras la caída de la monarquía búlgara, ella y Simeón fijaron su residencia principalmente en España, donde formaron su familia y construyeron una vida marcada por la normalidad y el bajo perfil. Desde entonces, Margarita ha sido un pilar fundamental en el ámbito familiar, volcada en sus cinco hijos y sus nietos, y muy implicada, aunque de manera silenciosa, en iniciativas culturales y sociales relacionadas con Bulgaria. Fiel a su carácter, nunca ha buscado protagonismo público, convencida de que la verdadera fortaleza está en la serenidad y la constancia.
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