El misterio de las dos monedas de oro celtas de 2.300 años que han aparecido bajo el agua en Suiza: “Probablemente, fueron usadas como regalos”

La exposición pública de estos objetos permitirá a los expertos reinterpretar sistemas de intercambio y creencias en la Europa central

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Las monedas encontradas. (Nicole Gebhard/Archaeology
Las monedas encontradas. (Nicole Gebhard/Archaeology Baselland)

Dos monedas de oro celtas, halladas bajo el agua en Suiza, plantean ahora un enigma arqueológico con 2.300 años de antigüedad. El descubrimiento se ha realizado en el pantano de Bärenfels, cerca de Arisdorf en el cantón suizo de Basilea-Campiña, cuando los arqueólogos voluntarios Wolfgang Niederberger y Daniel Mona, bajo la coordinación de Archäologie Baselland, identificaron los objetos bajo las aguas de una depresión natural. Así, los dos objetos de origen mediterráneo se suman al reducido grupo de alrededor de 20 ejemplares de monedas celtas de oro semejantes, según National Geographic. Y el misterio es: ¿cómo llegaron allí?

Las primeras hipótesis de Archäologie Baselland apuntan a la posibilidad de que fueran una ofrenda ritual a deidades, en línea con las prácticas religiosas celtas relacionadas con espacios húmedos. El contexto y el valor material de las monedas hacen que los especialistas descarten su utilización en transacciones habituales: la elevada carga simbólica y el valor intrínseco apuntan a que su uso habría estado restringido a las élites. En opinión de Archäologie Baselland, “probablemente, fueron usadas como regalos patrimoniales a diplomáticos o políticas. También podrían haber sido parte de una dote matrimonial. Eso sí, solo en su origen”, cita por National Geographic.

Las alternativas sugeridas por los investigadores incluyen el regalo entre las élites, la entrega de recompensas excepcionales y, especialmente, debido al entorno en que se localizaron, un propósito ritual. El enclave de Bärenfels, caracterizado por la presencia permanente de agua y el hallazgo previo de 34 piezas de plata, se asocia a prácticas espirituales propias del universo celta, donde los lugares acuáticos se consideraban espacios liminares de relación con lo divino.

El análisis numismático sitúa a ambas piezas como imitaciones de los modelos griegos de la época de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Aunque adaptadas por los propios artesanos celtas, mantienen rasgos identificables del arte helénico: en el anverso muestran la cabeza del dios Apolo y en el reverso un carro tirado por caballos, acompañado de símbolos como el triskele o triple espiral, que introduce elementos distintivos de la iconografía celta. Datan de la mitad o el final del siglo III a.C, lo que las convierte en piezas de una antigüedad excepcional.

Restos arqueológicos de La Rambla de Barcelona. (Europa Press)

Se presentarán al público en marzo

El descubrimiento amplía la perspectiva sobre la introducción y adaptación de la moneda en sociedades celtas y contribuye a la reinterpretación de los sistemas de intercambio previos a la romanización de Europa Central. Los contactos de los guerreros celtas con el Mediterráneo, donde sirvieron como mercenarios y recibieron monedas extranjeras, fueron decisivos para la transmisión y transformación de la noción de dinero y los modelos acuñados, como los de Filipo II.

Las prospecciones sistemáticas en Bärenfels —sitio de hallazgos previos de monedas de plata celtas— demuestran la importancia de revisar áreas arqueológicas conocidas, que pueden deparar sorpresas relevantes para la ciencia. Las dos monedas de oro y las piezas de plata encontradas anteriormente serán presentadas al público en una exposición en la ciudad de Basilea a partir de marzo de 2026.